La retirada de una tabla de la Virgen de Montserrat del siglo XVI de la iglesia parroquial de Cortes de Arenoso (Castellón) ha provocado un profundo malestar entre parte de los vecinos del municipio. La polémica estalló después de que una residente denunciara públicamente que la obra original habría sido sustituida por una reproducción sin que, según afirma, el pueblo recibiera ninguna explicación sobre el destino de la pieza.
La denuncia, difundida bajo el título «Me duele mi pueblo», ha reabierto el debate sobre la conservación del patrimonio histórico y el derecho de las pequeñas localidades a conocer qué ocurre con bienes que forman parte de su identidad colectiva.
Una tabla del siglo XVI sustituida por una reproducción
Según explica la vecina, la pieza retirada presidía desde hacía siglos la entrada al sagrario de la iglesia parroquial de Cortes de Arenoso.
En su lugar, afirma, se ha colocado una reproducción que, a juicio de numerosos vecinos, carece del valor artístico e histórico de la obra original.
La principal crítica no se dirige únicamente al cambio de la imagen, sino a la falta de información sobre el motivo de la retirada, el estado de conservación de la tabla o el lugar donde se encuentra actualmente.
«Lo que duele es cómo se ha hecho»
La autora del escrito sostiene que el descubrimiento fue completamente casual y lamenta que no existiera ninguna comunicación previa por parte del Obispado.
En su mensaje asegura que «lo que más duele no es solo la ausencia de esas piezas, sino la forma en que todo ha sucedido», reflejando el sentimiento de desamparo que, según explica, comparten numerosos vecinos.
También plantea varias preguntas que, por ahora, continúan sin respuesta.
«Si no nos hubiéramos dado cuenta, ¿se nos habría informado alguna vez?», se pregunta en la publicación.
El archivo parroquial, otro motivo de preocupación
La polémica no se limita únicamente a la tabla de la Virgen de Montserrat.
La vecina recuerda que hace años el archivo histórico parroquial también fue trasladado por el Obispado con el objetivo de ser digitalizado.
Según su relato, pese a que los vecinos solicitaron posteriormente su devolución e incluso ofrecieron medios para garantizar su correcta conservación en el municipio, el archivo nunca regresó.
Este precedente ha incrementado la preocupación de parte del vecindario, que teme una pérdida progresiva de elementos fundamentales de la historia local.
El patrimonio como parte de la memoria colectiva
Más allá de la titularidad legal de las obras religiosas, la denuncia pone el foco en el fuerte vínculo emocional que mantienen los habitantes con su patrimonio.
La autora del escrito resume ese sentimiento con una reflexión que ha tenido una amplia repercusión entre los vecinos.
«El patrimonio puede tener un propietario, pero la memoria, los recuerdos y el vínculo de generaciones enteras con él pertenecen a todos.»
Para muchos residentes, tanto la tabla del siglo XVI como el archivo parroquial representan una parte esencial de la identidad histórica de Cortes de Arenoso.
Reclaman transparencia y explicaciones
Lejos de plantear un enfrentamiento institucional, la denuncia solicita principalmente información y transparencia.
Los vecinos reclaman conocer:
- Dónde se encuentra actualmente la tabla original.
- Los motivos que justificaron su retirada.
- Si la obra está siendo restaurada o trasladada de forma definitiva.
- Cuál es la situación del archivo histórico parroquial.
Consideran que, independientemente de la titularidad eclesiástica de estos bienes, el pueblo merece ser informado sobre decisiones que afectan directamente a su patrimonio histórico y cultural.
Un debate que trasciende a un pequeño municipio
El caso de Cortes de Arenoso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión recurrente en numerosas localidades españolas: el equilibrio entre la conservación del patrimonio religioso y el derecho de las comunidades a conocer el destino de piezas que forman parte de su historia.
Mientras no lleguen explicaciones oficiales sobre la retirada de la tabla de la Virgen de Montserrat, la incertidumbre continúa alimentando el malestar entre parte de los vecinos, que insisten en que proteger el patrimonio también significa preservar la memoria de quienes han convivido con él durante generaciones.
