En los últimos años, las películas «Solo en casa» y su secuela «Solo en casa 2: Perdido en Nueva York» han ganado popularidad, consolidándose como clásicos durante la temporada navideña. Este regreso ha permitido realizar un análisis más detallado sobre la situación económica de la familia McAllister, que parece pertenecer a un nivel socioeconómico superior al de la media estadounidense.

La casa de los McAllister, situada en Winnetka, una de las zonas más exclusivas del área metropolitana de Chicago, es un inmueble real. En 2012, esta vivienda se vendió por aproximadamente 1,58 millones de dólares y actualmente está valorada entre 5 y 6 millones de dólares. Este precio, incluso ajustado por la evolución del mercado inmobiliario local, sitúa a la vivienda en un segmento de alto poder adquisitivo.

Además del patrimonio inmobiliario, la película muestra patrones de consumo que sugieren un alto nivel de ingresos. En la primera película, la familia McAllister viaja a París para pasar las navidades, y los padres de Kevin vuelan en clase business, gastos que hoy podrían superar los 10 000 a 12 000 dólares solo en pasajes aéreos, con un gasto total familiar que podría ascender a más de 30 000 dólares en la actualidad.

En la secuela, Kevin se encuentra en Nueva York, donde reside temporalmente en el Hotel Plaza, conocido por tener tarifas de alrededor de 355 dólares por noche en 1990, lo que se traduce en aproximadamente 750 a 800 dólares hoy. Esto, junto con el consumo en servicios de habitaciones, refuerza la percepción de que los McAllister tenían un presupuesto amplio para sus actividades.

Incluso los detalles cotidianos, como el coste de las pizzas en la primera película, que eran de 12 dólares en ese momento (equivalente a alrededor de 30 dólares hoy), sugieren un estilo de vida acomodado, sin que esos gastos sean una preocupación para la familia.

Aunque la película no detalla explícitamente las ocupaciones de los progenitores de Kevin, datos externos sugieren que la madre, Kate McCallister, es una diseñadora de moda exitosa y el padre, Peter McCallister, es un empresario, lo que ayuda a corroborar la percepción de altos ingresos.

En conjunto, todos estos elementos reflejan que la familia McAllister representa un segmento de alto poder adquisitivo estadounidense. «Solo en casa» se presenta, así, no solo como una comedia familiar, sino como un retrato de su época y del contexto socioeconómico de finales de los años 80 y principios de los 90.

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