La vivienda por las nubes, pero no se construye: análisis del mercado
El Centro Ruth Richardson de la Universidad de las Hespérides ha publicado un estudio titulado «¿Por qué el precio de la vivienda no impulsa la construcción?» que indaga en la dinámica del mercado inmobiliario español.
El informe plantea una cuestión crucial: a pesar de los altos precios actuales de la vivienda, tanto en la compra-venta como en el alquiler, el número de promociones de obra nueva se mantiene bajo. Aunque ha habido un ligero aumento en las obras nuevas en los últimos trimestres, la cifra sigue siendo insuficiente para satisfacer la demanda del mercado.
Desde 2022 y 2023, ha habido comentarios sobre la similitud con la burbuja inmobiliaria de principios de los 2000. Sin embargo, mientras que entonces hubo un auge constructivo fuerte, actualmente la rentabilidad de la construcción es muy baja, lo que atenta contra el aumento de nuevas promociones.
Diversos gráficos presentados en el estudio muestran la rentabilidad de la actividad de construcción de edificios y promoción inmobiliaria, la cual ha sido casi nula en la última década, reduciéndose drásticamente desde el auge de la burbuja inmobiliaria.
Este contexto ha llevado a una desaceleración en la construcción de viviendas. Las estadísticas indican que España construye aproximadamente 2,5 viviendas por cada 1 000 habitantes, muy por debajo del estándar en mercados inmobiliarios saludables, que es de unas 4 viviendas por cada 1 000 habitantes. Esta discrepancia ha creado un déficit aproximado de 700 000 a 800 000 viviendas.
Los autores del estudio sostienen que varios factores están influyendo en esta situación, resaltando que mientras la promoción de vivienda continúe siendo una actividad de baja rentabilidad, las subidas de precios no resultarán en un incremento de la oferta. Esto podría desembocar en una mayor exclusión residencial y sugiere la necesidad de formular una revisión del marco regulador en el sector.
El estudio también señala que el sector de la construcción es uno de los que más tarda en ajustarse a cambios en el mercado, debido a la naturaleza a largo plazo de sus proyectos, que requieren entre 4 y 10 años para completarse. Por tanto, las expectativas a corto plazo no son alentadoras.

