La multinacional estadounidense Meta intensifica su lucha contra las estafas digitales mediante deepfakes, después de descubrir operaciones fraudulentas que afectan a usuarios en Brasil y China, suplantando a figuras públicas para promocionar productos y cursos ilegales.
Acciones legales en Brasil y China
Meta, la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, presentó demandas contra varias personas y compañías por suplantar celebridades con deepfakes para vender productos y servicios fraudulentos, según un comunicado oficial de la compañía.
En Brasil, Meta demandó a Daniel de Brites por utilizar deepfakes de un reconocido médico para promocionar productos de salud sin aprobación regulatoria y vender cursos que enseñaban estas tácticas. El portal brasileño UOL reveló en 2025 que Brites prometía a sus alumnos ganancias de 1 000 reales diarios (unos 200 dólares) mediante estas prácticas.
Entre las figuras afectadas está el oncólogo Drauzio Varella, quien criticó la acción de Meta como insuficiente y denunció que estas estafas representan “una gota de agua en un océano de fraude contra la salud pública”. El médico acusó a las plataformas de Meta de ser cómplices indirectos, al beneficiarse económicamente de la difusión de estos contenidos.
Además, la empresa demandó a Vitor Lourenço de Souza y Milena Luciani Sanchez, implicados en estafas similares en territorio brasileño.
En China, Meta llevó acciones legales contra Shenzhen Yunzheng Technology, acusada de suplantar celebridades para atraer a personas a falsos “grupos de inversión”. También demandó a la compañía vietnamita Lý Văn Lâm, responsable de publicar anuncios fraudulentos de carteras de lujo de la marca Longchamp.
Deepfakes: el nuevo frente de las estafas digitales
Los deepfakes, creados con inteligencia artificial, son imágenes o videos hiperrealistas falsos que permiten desinformar, engañar o incluso sexualizar a personas sin su consentimiento. Meta advierte que estas prácticas no solo representan un riesgo económico, sino que ponen en jaque la confianza de los usuarios y la reputación de las celebridades.
El caso evidencia cómo, a pesar de las advertencias, las grandes plataformas tecnológicas continúan beneficiándose de la viralización de contenido fraudulento, mientras los reguladores y las víctimas luchan por mantenerse un paso adelante.
¿Estamos ante un problema de impunidad digital, donde los gigantes tecnológicos ganan millones mientras proliferan los fraudes con deepfakes? La acción de Meta podría marcar un precedente, aunque los críticos señalan que la medida llega tarde frente a la magnitud del problema.
