La candidiasis, causada por el hongo cándida, forma parte de la microbiota intestinal de forma natural y solo se convierte en un problema cuando prolifera sin control. Este crecimiento excesivo puede afectar no solo al sistema digestivo sino a otros órganos y funciones del organismo.
Durante el programa Es Salud, el doctor Domingo Pérez León, especialista en Medicina Biológica y Antienvejecimiento, señaló que muchas candidiasis persistentes están relacionadas con un desequilibrio en la flora intestinal, y que tratar solo los síntomas resulta insuficiente si no se aborda la causa raíz.
Según datos aportados, el 99 % de la microbiota intestinal corresponde a bacterias beneficiosas, mientras que el 1 % restante incluye microorganismos potencialmente patógenos como la cándida. En condiciones normales, existe un equilibrio que impide la proliferación excesiva de este hongo.
Factores como el uso frecuente de antibióticos, ciertos antiinflamatorios, anticonceptivos hormonales y algunos componentes alimentarios pueden alterar este equilibrio y favorecer el crecimiento de la cándida. El intestino es considerado el «cuartel general» para estos hongos, desde donde pueden extenderse y manifestarse en diferentes partes del cuerpo.
El aumento excesivo de cándida puede provocar síntomas digestivos como hinchazón abdominal, digestiones pesadas, gases, estreñimiento o diarrea. Además, puede asociarse con dermatitis, eccemas, candidiasis bucales, infecciones vaginales recurrentes y alteraciones en el estado de ánimo. Algunas sustancias liberadas por la cándida pueden afectar el sistema nervioso, induciendo irritabilidad y nerviosismo.
El hongo utiliza la glucosa como fuente principal de energía, por lo que una dieta rica en azúcares y carbohidratos refinados favorece su proliferación. Productos como el pan blanco, pasta, pizza, bollería, arroz refinado y patatas deben limitarse durante el control del sobrecrecimiento.
El director de Comunicación de Mundo Natural, Adrián González, explicó que muchas personas eliminan temporalmente los síntomas con antifúngicos, pero recaen debido a que el desequilibrio en la microbiota persiste.
El tratamiento recomendado comienza por restaurar la flora intestinal. Simbioline Megaflora es un complemento que combina prebióticos y probióticos para favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas. Además, Clorend, un producto elaborado con alga Clorela rica en clorofila, puede ayudar a crear un entorno intestinal menos favorable para el desarrollo de hongos y mejorar el confort digestivo.
En casos de sobrecrecimiento ya instaurado, Parasifin, que contiene extractos vegetales como orégano, ajo y clavo, forma parte de una estrategia integral para controlar el exceso de microorganismos, junto con una alimentación adecuada y la recuperación de la microbiota.
La duración del tratamiento depende del tiempo que el problema esté presente, pudiendo requerir varios meses para restablecer el equilibrio intestinal. Además, se recomienda reducir el consumo de azúcares añadidos y seguir una dieta que limite el pan, la pasta, la pizza y la patata.
Los expertos coinciden en la importancia de consultar a profesionales sanitarios si los síntomas son recurrentes o no mejoran con tratamientos habituales, ya que identificar y tratar el origen en la microbiota intestinal puede prevenir recaídas y restaurar el equilibrio del organismo.
