Personas nocturnas y riesgo de infarto: un estudio revela datos preocupantes
Un reciente estudio publicado en The Journal of the American Heart Association ha encontrado que los adultos mayores y de mediana edad que se identifican como personas nocturnas poseen un 16 % más de riesgo de sufrir infartos en comparación con aquellos que tienen un ritmo circadiano intermedio.
La investigación, que analizó los datos de más de 300 000 adultos con una edad media de 57 años, revela que el 8 % de los participantes se posicionan como nocturnos. Este grupo se caracteriza por acostarse tarde, alrededor de las 2:00 de la mañana, y tener un pico de actividad máxima durante la noche. En cambio, el 24 % se considera matutino y el 67 % tiene un ritmo circadiano intermedio.
Para evaluar la salud cardiovascular, los investigadores utilizaron los parámetros de ‘Life’s Essential 8’ de la Asociación Americana del Corazón. Estos factores consideran aspectos como la calidad de la dieta, la actividad física, el sueño, el consumo de tabaco, así como niveles de colesterol, azúcar en sangre y presión arterial.
Los hallazgos indicaron que el 79 % de las personas nocturnas presentaba una mala salud cardiovascular. Además, el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas se incrementaba considerablemente entre las mujeres de este grupo. La autenticidad del peligro se asocia también a hábitos menos saludables que suelen tener las personas nocturnas, incluyendo dietas inadecuadas y falta de sueño.
La autora principal del estudio, Sina Kianersi, destaca que las personas nocturnas a menudo enfrentan una desalineación circadiana, lo que puede dificultar la sincronización de su reloj biológico con los ciclos naturales de luz y oscuridad.
Aunque los resultados del estudio son preocupantes, la presidenta voluntaria de la Asociación Americana del Corazón, Kristen Knutson, señala que los comportamientos relacionados son modificables, lo que sugiere que adoptar un estilo de vida más saludable podría mitigar los riesgos asociados con ser nocturno. Esto invita a considerar los ritmos circadianos individuales al abordar intervenciones y tratamientos médicos, dado que algunos medicamentos son más efectivos cuando se administran en sincronía con el reloj biológico del paciente.

