El presidente convierte la victoria de la derecha populista alemana en Sajonia-Anhalt en eje de su precampaña y presenta al PSOE como dique frente a los «reaccionarios».
Pedro Sánchez ha encontrado en Alemania un nuevo argumento para intentar movilizar al electorado progresista de cara al final de la legislatura. El presidente del Gobierno aprovechó este lunes la contundente victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt para reforzar uno de los mensajes que previsiblemente marcarán la estrategia electoral del PSOE: presentarse como el principal freno a un futuro Gobierno de PP y Vox.
La AfD logró alrededor del 44% de los votos y 39 de los 83 escaños del parlamento regional, quedándose sin mayoría absoluta pero protagonizando un resultado histórico para el partido.
Sánchez utilizó ese resultado para advertir a sus diputados, senadores y europarlamentarios de que el crecimiento de fuerzas de derecha radical en Europa constituye un «aviso» también para España.
Su mensaje fue inequívoco: «El mundo nos mira».
Sánchez coloca a la ultraderecha en el centro de su campaña
El presidente afirmó ante sus parlamentarios que España representa actualmente una especie de avanzada de las políticas progresistas frente a los movimientos que define como reaccionarios.
«Somos la vanguardia del avance frente a los reaccionarios», aseguró, reivindicando las políticas sociales, económicas y medioambientales impulsadas por su Ejecutivo.
La estrategia recuerda a la utilizada por el PSOE en las elecciones generales de 2023, cuando la posibilidad de un Gobierno de Alberto Núñez Feijóo apoyado por Vox desempeñó un papel central en la movilización del electorado de izquierdas.
Ahora Sánchez vuelve a recurrir a ese marco político.
El contexto, sin embargo, es distinto. Diversos sondeos publicados durante las últimas semanas sitúan a PP y Vox con posibilidades de alcanzar una mayoría holgada, mientras el PSOE mantiene una elevada concentración del voto de izquierdas debido al debilitamiento de sus socios potenciales.
El PSOE busca concentrar el voto de la izquierda
En Ferraz observan una oportunidad en lo que tradicionalmente se denomina voto útil.
Si el electorado progresista percibe una posibilidad real de que PP y Vox gobiernen juntos, una parte de los votantes de formaciones situadas a la izquierda del PSOE podría optar directamente por los socialistas para intentar impedirlo.
Ese mecanismo permitiría a Sánchez compensar parcialmente el retroceso electoral de sus aliados.
Por eso el avance de AfD en Alemania resulta políticamente útil para el relato socialista: permite presentar el debate español como parte de una batalla europea mucho más amplia entre progresismo y derecha radical.
Sánchez llegó incluso a sostener que su Gobierno de coalición es «más necesario que nunca» ante el crecimiento de estas fuerzas en Europa.
Sajonia-Anhalt da aire al relato electoral de Sánchez
AfD obtuvo un resultado sin precedentes en Sajonia-Anhalt, donde las elecciones se celebraron el domingo 6 de septiembre.
El partido se convirtió claramente en la primera fuerza política de la región. Los análisis posteriores apuntan a múltiples factores detrás de su crecimiento, entre ellos el descontento con los partidos tradicionales, la impopularidad del Gobierno federal y una elevada movilización de antiguos abstencionistas.
Sánchez trasladó inmediatamente ese resultado al escenario español.
A su juicio, existe una alianza entre una derecha tradicional que se desplaza hacia posiciones más duras y una ultraderecha que gana fuerza electoral.
El presidente acusa a PP y Vox de pretender «fracturar la convivencia», mientras intenta situar al PSOE como alternativa defensiva frente a esa posibilidad.
La crisis de Ceuta complica los planes de Moncloa
La precampaña socialista, sin embargo, comienza marcada por otro asunto mucho más próximo: la crisis de Ceuta.
Los acontecimientos registrados desde finales de julio han colocado la inmigración, la seguridad fronteriza y las relaciones con Marruecos en el centro de la conversación política española.
La situación ha obligado a Sánchez a dedicar buena parte del inicio del curso parlamentario a defender la actuación de su Gobierno.
Una encuesta de 40dB. citada por El País señalaba recientemente que un 63% de los encuestados calificaba negativamente la gestión del Ejecutivo en Ceuta, un desgaste que condiciona la estrategia electoral socialista.
El propio Sánchez aseguró, no obstante, que la ciudad recuperará la normalidad y sostuvo que el Ejecutivo terminará resolviendo la crisis.
Sánchez insiste: su proyecto «no acaba en 2027»
Más allá de Alemania y Ceuta, el presidente quiso transmitir optimismo a su propio partido.
Sánchez afirmó que el proyecto socialista «no acaba en 2027» y situó su horizonte político en 2030, dejando claro que pretende disputar otra legislatura pese a unas encuestas que actualmente favorecen al bloque de la derecha.
La frase tiene también una dimensión interna.
El PSOE entra en un periodo en el que comenzarán inevitablemente las especulaciones sobre candidatos, sucesiones y posibles escenarios posteriores a las próximas generales.
Sánchez intenta cortar ese debate presentándose como candidato capaz de volver a desafiar las previsiones electorales.
La ultraderecha vuelve a convertirse en el gran adversario electoral
El movimiento político es reconocible: cuanto mayor sea la percepción de una posible victoria de PP y Vox, mayor puede ser la concentración del voto progresista alrededor del PSOE.
La victoria de AfD proporciona ahora una referencia internacional que Sánchez puede utilizar para reforzar ese mensaje.
Pero la eficacia de esa estrategia dependerá de si los ciudadanos colocan el miedo a la derecha radical por encima de otros problemas como la vivienda, la inmigración, la corrupción, el coste de la vida o la gestión de Ceuta.
Sánchez parece haber elegido ya una de las grandes líneas de su próxima batalla electoral: convertir las próximas elecciones en una decisión entre su continuidad y el acceso de Vox al poder junto al PP.
El resultado de Sajonia-Anhalt le ofrece una imagen con la que alimentar ese relato. La incógnita es si volverá a funcionar en España como lo hizo parcialmente en 2023 o si el desgaste acumulado del Gobierno ha cambiado definitivamente el escenario.
