Los primeros pimientos de Herbón de la temporada ya han llegado a los mercados de Santiago con un precio que está generando debate: 8 euros la bolsa de 400 gramos. Lo que tradicionalmente era un producto emblemático y asequible de la huerta gallega, se convierte este año en un nuevo ejemplo del encarecimiento generalizado de los alimentos en España.
El inicio de campaña llega además con retraso, problemas de producción y un contexto agrícola cada vez más tensionado, donde los productores advierten de una situación límite en el campo gallego.
Arranque de temporada con precios históricos en la Praza de Abastos
En la Praza de Abastos de Santiago, la firma Evangelina y Gómez, gestionada por Antonio Martínez y María del Pilar Gómez, ya comercializa los primeros pimientos de Herbón bajo la Denominación de Orixe Protexida (DOP Pemento de Herbón).
El precio fijado este año marca un antes y un después: 8 euros por bolsa de 400 gramos, un incremento que los productores justifican en una frase contundente: “subiu todo”.
No solo afecta al pimiento: los agricultores señalan que otras hortalizas también han sufrido subidas generalizadas, reflejo directo de la presión inflacionista que atraviesa el sector alimentario en España.
Retrasos en la cosecha por el clima y tierras encharcadas
La campaña llega con aproximadamente 15 días de retraso, aunque los productores aseguran que podría haber sido peor.
Las causas principales son claras:
- Exceso de lluvia y tierras encharcadas
- Retraso en la plantación
- Oscilaciones térmicas bruscas en primavera
Según los agricultores, aunque el mes de abril fue favorable en temperaturas, los cambios repentinos de clima han provocado que las plantas se “descontrolen”, afectando directamente al ritmo de producción.
Además, destacan que actualmente las plantas están “cheas de flor e cría”, lo que indica potencial de producción, pero condicionado por las bajas temperaturas nocturnas.
El gran problema del campo: falta de mano de obra
Más allá del clima y los precios, los productores insisten en un problema estructural que se repite cada año: la falta de trabajadores en el campo.
Antonio Martínez lo resume sin rodeos:
“Está custando atopar xente, pero iso é o de tódolos anos”.
Su esposa es aún más contundente:
“O campo ninguén o quere”.
Este fenómeno, cada vez más extendido en la agricultura española, evidencia un problema de fondo: el abandono progresivo del sector primario, que depende cada vez más de una mano de obra escasa y envejecida.
Supermercados, hostelería y presión de la demanda
A pesar del aumento de precios, la demanda sigue siendo alta. Los pimientos de Herbón no solo se venden en mercados tradicionales, sino también en cadenas de supermercados gallegas y con fuerte interés del sector hostelero.
De hecho, los productores reconocen que la hostelería intenta acaparar gran parte de la producción, lo que limita el acceso de clientes habituales en los mercados locales.
Este desequilibrio entre oferta y demanda contribuye también a la subida de precios, en un contexto donde el producto sigue siendo altamente valorado por su calidad y origen.
Un símbolo más de la inflación alimentaria en España
El caso de los pimientos de Herbón no es aislado. Se enmarca en una tendencia más amplia: el encarecimiento constante de los alimentos básicos, que está afectando tanto a productores como a consumidores.
Los agricultores denuncian que, mientras los costes suben, la rentabilidad del campo sigue siendo ajustada y la presión regulatoria y laboral no deja de aumentar.
En este escenario, el campo gallego se enfrenta a un dilema creciente: producir más con menos recursos humanos y con costes cada vez más altos.
Conclusión: ¿producto de calidad o síntoma de un sistema tensionado?
El aumento del precio de los pimientos de Herbón abre un debate más profundo: ¿estamos ante una simple subida estacional o frente a un modelo agrícola cada vez más insostenible?
Lo cierto es que el campo español, y en particular el gallego, muestra señales claras de tensión: menos mano de obra, más costes y una demanda que no deja de crecer.
Una combinación que, de mantenerse, podría seguir empujando al alza el precio de productos tradicionales en los próximos años.

