El experto Federico Coccia advierte de que la agresividad en los perros nunca aparece de repente. Según explica, la mayoría de los comportamientos agresivos se deben a errores humanos y a señales ignoradas durante mucho tiempo.
La agresividad en los perros no surge de la nada
Los ataques de perros vuelven a generar debate cada vez que un suceso aparece en los medios, especialmente cuando las víctimas pertenecen a la propia familia del animal. Sin embargo, según el veterinario Federico Coccia, estos episodios rara vez se explican por una supuesta “maldad” del animal.
Coccia, autor del libro Con gli occhi del tuo cane, insiste en que los perros no nacen agresivos y que la responsabilidad de estos comportamientos suele recaer en los humanos que conviven con ellos.
“La agresividad nunca surge de la nada, ni siquiera en los perros más pequeños”, explica el especialista.
Según el veterinario, la mayoría de los episodios de agresividad tienen su origen en errores humanos, desde una educación incoherente hasta la incapacidad de interpretar las señales de estrés del animal.
La agresividad como respuesta al estrés
Para Coccia, la agresividad no es un rasgo permanente del animal, sino una respuesta ante situaciones de presión o estrés que superan el límite de tolerancia del perro.
En ese contexto, el animal utiliza la agresividad como una herramienta de comunicación o defensa.
Puede servir para:
- Expresar malestar
- Proteger recursos
- Defender su territorio
- Mantener distancia ante una amenaza
En la naturaleza, este comportamiento también cumple una función clara.
En las manadas de perros o lobos, la agresividad es un mecanismo para mantener el equilibrio jerárquico y resolver conflictos.
Es decir, forma parte de un sistema de supervivencia y organización social.
El error humano detrás de muchos ataques
Cuando estos comportamientos aparecen dentro del hogar, el problema suele estar en la relación entre el perro y su dueño.
Según Coccia, muchos propietarios no ejercen un liderazgo claro ni establecen una comunicación coherente con el animal.
Entre los errores más habituales destacan:
- Incoherencia en la educación
- Falta de atención a las señales del perro
- Ausencia prolongada del dueño
- Comunicación confusa o contradictoria
Todo ello provoca niveles elevados de estrés en el animal, que puede acabar reaccionando de forma agresiva.
Las señales que muchos dueños ignoran
Uno de los mayores problemas, explica el veterinario, es que los dueños suelen ignorar las advertencias previas del perro.
La agresividad no funciona como un interruptor que se activa de repente. Antes de reaccionar, el animal suele emitir señales claras de malestar.
Sin embargo, muchas veces no se interpretan correctamente.
Un ejemplo típico son las mordidas leves, especialmente en perros pequeños.
“Estamos acostumbrados a reírnos o ignorar esas mordidas, pero nunca son un comportamiento normal”, advierte Coccia.
Cuando un perro llega a morder a un miembro de la familia, está indicando que algo no funciona en la relación o en su entorno.
Los distintos tipos de agresividad en los perros
Comprender qué tipo de agresividad está manifestando el animal es clave para corregir el problema.
Según el especialista, existen varios tipos principales:
- Agresividad defensiva, provocada por miedo o dolor.
- Agresividad posesiva, cuando el perro protege algo que considera suyo.
- Agresividad territorial, dirigida a defender su espacio.
- Agresividad redirigida, cuando el perro descarga frustración sobre un objetivo cercano.
- Agresividad por exceso de excitación, común en perros jóvenes.
- Agresividad entre perros, cuando no toleran a otros animales.
- Agresividad predatoria, relacionada con el instinto de caza.
Identificar correctamente estas conductas permite actuar a tiempo y evitar situaciones peligrosas.
Educación y responsabilidad: la clave de la convivencia
Para Coccia, la convivencia segura entre humanos y perros depende sobre todo de la educación y la atención del dueño.
Detectar a tiempo las señales de estrés, frustración o miedo del animal puede evitar conflictos graves.
En última instancia, el veterinario lanza un mensaje claro: culpar únicamente al perro es ignorar el verdadero origen del problema.
La pregunta, por tanto, no siempre debería ser “por qué atacó el perro”, sino qué señales se ignoraron antes de que ocurriera.
