El Gobierno gallego ya ha dado el paso definitivo. Pero detrás de lo que se presenta como un proyecto “social y deportivo” emergen dudas sobre el uso del suelo rústico y el impacto en una zona protegida.
La publicación este martes en el Diario Oficial de Galicia (DOG) confirma la aprobación definitiva del plan especial para ampliar el complejo hípico Casas Novas, ubicado en Larín (Arteixo). Una decisión que, lejos de ser meramente técnica, reabre el debate sobre el modelo de desarrollo en espacios vinculados a la Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas.
Un proyecto impulsado por Pontegadea que cambia el uso del suelo
El plan aprobado tiene su origen en una iniciativa del grupo Pontegadea, el holding inversor vinculado a Amancio Ortega, y fue respaldado en el pleno municipal del pasado 26 de marzo.
La propuesta contempla una transformación significativa del complejo, que pasará a integrar nuevos servicios con un fuerte componente social, como las terapias asistidas con caballos, además de reforzar su actividad deportiva.
Sin embargo, este impulso empresarial vuelve a poner sobre la mesa una cuestión clave:
¿Debe flexibilizarse el uso del suelo rústico para proyectos privados, aunque tengan componente social?
Tres grandes áreas y más presión sobre el entorno natural
El nuevo plan especial reorganiza el espacio en tres grandes zonas diferenciadas:
- Zona deportiva prioritaria, centrada en la actividad hípica
- Zona sanitario-asistencial, donde se desarrollarán terapias con caballos
- Zona educativa, orientada a formación y actividades didácticas
A estas áreas se suman infraestructuras auxiliares como aparcamientos y alojamientos temporales, además de tres zonas libres.
El complejo ocupa actualmente más de 425 000 metros cuadrados, dentro de una superficie total cercana al medio millón de metros cuadrados, lo que lo convierte en una de las instalaciones ecuestres más relevantes del norte de España.
Un plan “obsoleto” que justifica la ampliación
Uno de los argumentos clave para la aprobación ha sido la necesidad de actualizar un plan urbanístico considerado obsoleto, vigente desde la puesta en marcha del complejo en el año 2000.
Desde las instituciones se defiende que esta adaptación permitirá cumplir con las nuevas normativas urbanísticas y medioambientales, además de mejorar la funcionalidad del recinto.
No obstante, voces críticas advierten de que este tipo de revisiones pueden convertirse en una vía indirecta para ampliar actividades privadas en suelo protegido, sin un debate público profundo.
La clave: la Reserva de la Biosfera en el punto de mira
Uno de los aspectos más sensibles del proyecto es su ubicación en la zona de transición de la Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas.
Aunque estas áreas permiten cierto desarrollo, expertos recuerdan que su finalidad es compatibilizar actividad humana y conservación, algo que no siempre resulta sencillo cuando entran en juego grandes inversiones.
La pregunta que sobrevuela el proyecto es clara:
¿Se está priorizando el interés económico frente a la protección ambiental?
Un modelo que divide: inversión privada vs. equilibrio territorial
La ampliación de Casas Novas refleja un patrón cada vez más frecuente en España:
- Grandes grupos empresariales impulsando proyectos en entornos rurales
- Administraciones que facilitan su desarrollo bajo el argumento de modernización
- Y una creciente preocupación por el impacto real en el territorio
Mientras unos defienden que este tipo de iniciativas generan empleo, actividad económica y servicios sociales, otros alertan de una posible desnaturalización del suelo rústico.
Conclusión: ¿progreso necesario o precedente peligroso?
La aprobación definitiva del plan especial para Casas Novas marca un antes y un después en el desarrollo de infraestructuras en Galicia.
El proyecto promete innovación social y modernización, pero también abre interrogantes sobre los límites del crecimiento en espacios protegidos.
¿Estamos ante un ejemplo de desarrollo responsable o ante un nuevo caso de expansión encubierta en suelo rústico?
