La UE impulsa fábricas y gigafactorías de inteligencia artificial para ganar capacidad propia de computación y control de datos. España aspira a albergar una de las grandes infraestructuras mientras HPE y NVIDIA refuerzan su apuesta por este mercado.

Europa quiere que la próxima gran revolución tecnológica no vuelva a encontrarla dependiendo casi por completo de infraestructuras y proveedores extranjeros. La soberanía de la inteligencia artificial se ha convertido así en una cuestión económica, industrial y estratégica para la Unión Europea.

El objetivo va mucho más allá de almacenar los datos dentro del continente. Bruselas pretende aumentar la capacidad europea para entrenar, desarrollar y desplegar modelos de IA, proteger información sensible y ofrecer a empresas, administraciones e investigadores acceso a una infraestructura de computación de gran potencia.

En esa carrera, España aspira a albergar una de las futuras gigafactorías europeas de inteligencia artificial, mientras grandes proveedores tecnológicos como HPE y NVIDIA desarrollan plataformas orientadas precisamente a gobiernos, empresas y sectores regulados que necesitan mantener un mayor control sobre sus datos, modelos e infraestructura.

La gran cuestión es hasta qué punto Europa puede conseguir una verdadera autonomía tecnológica mientras buena parte del hardware y del ecosistema avanzado de IA continúa dependiendo de grandes compañías internacionales.

Europa apuesta por la IA soberana y las gigafactorías

La soberanía digital europea no constituye una única figura jurídica definida mediante una ley específica. Es un principio que se extiende por diferentes políticas comunitarias relacionadas con protección de datos, ciberseguridad, servicios digitales e inteligencia artificial.

En términos sencillos, busca que Europa tenga mayor capacidad para decidir dónde se almacenan sus datos, bajo qué jurisdicción operan, quién controla las infraestructuras y cómo se desarrollan y utilizan los sistemas tecnológicos estratégicos.

La inteligencia artificial ha elevado esa discusión a otro nivel.

La Comisión Europea ha impulsado el desarrollo de una red de fábricas de IA y trabaja en una nueva generación de instalaciones de mucha mayor escala capaces de proporcionar la enorme potencia computacional necesaria para entrenar modelos avanzados.

La iniciativa de gigafactorías de IA contempla inversiones movilizadas del orden de 20 000 millones de euros para desarrollar grandes centros europeos de computación.

La ambición es reducir una de las principales desventajas de Europa frente a Estados Unidos y China: disponer de suficiente capacidad computacional para que empresas y centros de investigación puedan desarrollar modelos avanzados sin depender exclusivamente de infraestructuras externas.

España quiere una de las gigafactorías europeas de IA

España ha decidido competir por una posición relevante dentro de esta estrategia.

El país se ha postulado para albergar una de las futuras gigafactorías de inteligencia artificial y ya ha avanzado en la estructura del consorcio encargado de impulsar la candidatura.

La Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) contempla alrededor de 700 millones de euros para el desarrollo de esta infraestructura, según los datos del proyecto.

Conseguir una gigafactoría supondría mucho más que instalar un gran centro de datos.

Una infraestructura de estas características puede atraer investigación, startups, inversión tecnológica, especialistas en inteligencia artificial y proyectos empresariales intensivos en computación.

También proporcionaría capacidad para entrenar y ejecutar modelos dentro de territorio europeo, una cuestión especialmente importante para administraciones públicas, defensa, sanidad, finanzas y otras actividades sometidas a elevados requisitos regulatorios.

Barcelona y Galicia ya forman parte del mapa europeo de IA

España tampoco comienza desde cero.

El Barcelona Supercomputing Center (BSC) y el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA) forman parte del despliegue europeo de fábricas de inteligencia artificial.

Estas instalaciones pretenden facilitar el acceso a recursos avanzados de computación a investigadores y empresas que difícilmente podrían asumir individualmente el coste de construir infraestructuras semejantes.

La democratización del acceso resulta especialmente importante para las pymes y startups europeas.

Entrenar determinados modelos de IA requiere enormes cantidades de capacidad informática, energía y capital. Sin infraestructura compartida, la distancia entre las grandes tecnológicas y las compañías pequeñas puede hacerse prácticamente imposible de superar.

Qué significa realmente tener una IA soberana

El concepto puede resultar confuso porque bajo la palabra «soberanía» se agrupan diferentes elementos.

La soberanía del dato se centra fundamentalmente en conocer dónde reside la información, quién puede acceder a ella y qué legislación resulta aplicable.

La soberanía de la IA amplía esa lógica al conjunto del ciclo de vida tecnológico: infraestructura, entrenamiento, modelos, operación, seguridad, gobernanza y resultados.

Una organización puede, por ejemplo, guardar información en España y continuar dependiendo de tecnologías extranjeras para procesarla.

Por eso, alcanzar una soberanía tecnológica completa resulta considerablemente más complicado que garantizar simplemente la residencia local de los datos.

HPE y NVIDIA ven una oportunidad en la soberanía europea

La nueva estrategia está generando un enorme mercado para las compañías capaces de proporcionar infraestructura de IA.

HPE y NVIDIA colaboran en soluciones destinadas a desplegar sistemas de inteligencia artificial privados, soberanos y a gran escala.

Una de ellas es HPE AI Factory with NVIDIA, una plataforma que combina computación, almacenamiento, redes y software para facilitar el desarrollo y explotación de modelos.

Dentro de esa oferta, HPE AI Factory sovereign está específicamente orientada a gobiernos, organismos públicos y sectores regulados que necesitan establecer límites estrictos sobre dónde se encuentran sus datos y cómo se gestionan sus sistemas.

La propuesta permite incluso trabajar con entornos aislados, una característica relevante cuando se manejan datos particularmente sensibles.

No obstante, conviene separar el interés empresarial de la política pública: HPE y NVIDIA son proveedores comerciales y sus argumentos sobre las ventajas de sus productos forman parte de su propia estrategia de mercado.

El dilema europeo: soberanía con tecnología estadounidense

Aquí aparece una de las contradicciones más interesantes de la estrategia europea.

Europa quiere reducir su dependencia tecnológica exterior, pero una parte considerable de las infraestructuras necesarias para conseguirlo utiliza tecnologías desarrolladas por compañías estadounidenses.

NVIDIA ocupa una posición extraordinariamente relevante en los aceleradores empleados para entrenar y ejecutar inteligencia artificial avanzada. HPE, igualmente estadounidense, proporciona infraestructura informática utilizada por grandes organizaciones.

Por tanto, alojar los datos y ejecutar los modelos dentro de Europa puede aumentar significativamente el control operativo y jurídico, pero no equivale necesariamente a conseguir independencia completa respecto a proveedores extranjeros.

La soberanía tecnológica admite grados.

Europa puede ganar autonomía en infraestructura, jurisdicción, almacenamiento y explotación de los modelos aunque todavía dependa de componentes diseñados fuera del continente.

La cuestión estratégica a largo plazo será si la UE consigue desarrollar también más tecnología propia en semiconductores, aceleradores, nube, modelos fundacionales y software de IA.

La seguridad se convierte en otro argumento

La expansión acelerada de la inteligencia artificial también está aumentando los problemas relacionados con su utilización.

El AI Index 2025 de la Universidad de Stanford contabilizó 233 incidentes relacionados con IA durante 2024, un incremento del 56,4% respecto al año anterior, según los datos citados en la información de referencia.

La cifra ayuda a explicar por qué seguridad, trazabilidad y gobernanza están adquiriendo cada vez mayor peso.

En sectores como defensa, sanidad, banca o Administración Pública, una organización necesita controlar no solo dónde están sus datos, sino también qué modelo los procesa, quién puede modificarlo, qué información genera y cómo se auditan sus decisiones.

La soberanía, por tanto, está estrechamente relacionada con la ciberseguridad.

La IA también empieza a mirar más allá de la nube pública

Otro cambio está ocurriendo en la arquitectura tecnológica de las empresas.

Durante años, trasladar cargas de trabajo a grandes nubes públicas fue prácticamente la respuesta automática a las necesidades de escalabilidad.

La inteligencia artificial está haciendo que algunas organizaciones vuelvan a estudiar infraestructuras privadas, híbridas o dedicadas.

Las razones pueden ser económicas, regulatorias y de seguridad.

Una compañía que realiza continuamente grandes cargas de inferencia puede encontrarse con costes elevados en la nube. Una Administración que procesa información confidencial puede preferir mantener determinadas cargas dentro de instalaciones sometidas a un control más estricto.

Eso no significa que la nube pública vaya a desaparecer. El escenario más probable es una combinación de nube pública, infraestructura privada y centros soberanos, dependiendo de las necesidades de cada organización.

Alemania, Francia y Grecia ya despliegan grandes infraestructuras

La carrera europea ya tiene proyectos concretos.

En Stuttgart, HPE y NVIDIA participan en HammerHAI, desplegado en el High-Performance Computing Center de la ciudad. La infraestructura anuncia más de 15 exaflops de rendimiento de inferencia de IA.

En Grenoble, Francia, HPE dispone de unas instalaciones de más de 6 000 metros cuadrados, donde trabajan alrededor de 300 ingenieros en proyectos relacionados con IA, pruebas y estrategias de despliegue.

Grecia cuenta, por su parte, con el superordenador Daedalus, desarrollado con financiación europea y tecnologías de HPE y NVIDIA. La infraestructura supera los 85 petaflops y sirve como base para la fábrica de IA Pharos, orientada a campos como medicina, clima y procesamiento del lenguaje.

La dimensión industrial tampoco puede olvidarse. HPE mantiene en Kutná Hora, República Checa, capacidad para fabricar sistemas de computación de alto rendimiento e IA con refrigeración líquida, una tecnología esencial para centros que concentran enormes cantidades de aceleradores.

Europa se juega su autonomía en la carrera mundial de la IA

La IA soberana empieza a dejar de ser una expresión reservada a especialistas para convertirse en una cuestión de política industrial.

Europa tiene regulación, universidades, centros de supercomputación, talento científico y un gigantesco mercado interior. Su debilidad continúa estando en algunos de los componentes fundamentales de la cadena tecnológica y en la diferencia de inversión privada respecto a Estados Unidos.

Las gigafactorías intentan corregir parcialmente ese desequilibrio proporcionando la capacidad computacional que necesita el ecosistema europeo.

Para España, conseguir una de estas infraestructuras supondría situarse en una posición privilegiada dentro del nuevo mapa tecnológico continental.

Pero construir grandes centros de computación será solamente una parte del desafío. La verdadera soberanía europea en inteligencia artificial dependerá de quién controla los datos, la energía, los chips, la infraestructura, los modelos y el conocimiento necesario para desarrollarlos.

La carrera de la IA ya no consiste únicamente en crear el modelo más potente. Para Europa, consiste también en evitar que una tecnología estratégica para su economía y seguridad quede completamente en manos de terceros.

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