El presidente de Castilla-La Mancha acusa a Sánchez de vivir «arrodillado» ante Junts y Bildu después de que el líder del PSOE situara sus posiciones en la «marginalidad» del partido. Ferraz no prevé abrirle expediente.
La fractura entre Pedro Sánchez y Emiliano García-Page ha alcanzado uno de sus momentos de mayor tensión. El presidente de Castilla-La Mancha ha lanzado una durísima crítica contra el secretario general del PSOE después de que este calificara como prácticamente marginales dentro del partido las posiciones defendidas por el dirigente castellano-manchego.
Page respondió acusando a Sánchez de vivir «arrodillado ante las minorías más sangrientas», expresión con la que se refirió a Junts y EH Bildu, a los que describió respectivamente como «extrema derecha independentista» y «herederos de los asesinos de ETA». También sostuvo que el presidente del Gobierno tiene «nula credibilidad».
Las palabras evidencian hasta dónde ha llegado una confrontación que ya abarca cuestiones fundamentales de la estrategia socialista: los acuerdos parlamentarios con los independentistas, la financiación autonómica, la ley de amnistía, los casos de corrupción y la continuidad de Sánchez al frente del Gobierno.
Ferraz, sin embargo, no tiene previsto abrir expediente a Page, según la información publicada.
Sánchez sitúa las posiciones de Page en la «marginalidad»
El último enfrentamiento comenzó este miércoles durante una entrevista de Pedro Sánchez en TVE.
Preguntado por las críticas internas, el presidente trató de reducir el peso político de las posiciones discrepantes y situó a Page en la «marginalidad» dentro del PSOE.
La respuesta del presidente castellano-manchego llegó poco después y elevó considerablemente el tono.
Page rechazó que sus posiciones sean marginales y atacó directamente la estrategia parlamentaria de Sánchez.
Su acusación de que el presidente vive «arrodillado» ante determinadas minorías representa uno de los reproches públicos más duros formulados hasta ahora por un presidente autonómico socialista contra el líder de su propio partido.
No se trata, además, de un dirigente territorial cualquiera.
Page conserva la única mayoría absoluta autonómica del PSOE
Emiliano García-Page gobierna Castilla-La Mancha con mayoría absoluta, actualmente la única que conserva el PSOE en una comunidad autónoma.
Esa posición convierte su enfrentamiento con Ferraz en un problema especialmente delicado para la dirección socialista.
Mientras otros dirigentes dependen de coaliciones o pactos parlamentarios, Page ha construido durante años una estrategia electoral caracterizada por marcar distancias con algunas de las decisiones más controvertidas de la dirección nacional del PSOE.
Su perfil busca captar no solo al votante socialista tradicional, sino también a electores que en unas generales pueden decantarse por el PP e incluso por Vox.
Ese denominado voto dual ayuda a explicar que Page haya conseguido mantener una posición electoral diferenciada respecto al PSOE nacional.
También complica la respuesta de Ferraz: enfrentarse abiertamente al único presidente autonómico socialista con mayoría absoluta entraña un coste político evidente.
Ferraz no abrirá expediente a Page
Pese a la contundencia de las declaraciones, la dirección socialista no tiene previsto expedientar al presidente castellano-manchego.
La decisión resulta significativa porque otros dirigentes críticos sí han afrontado procedimientos disciplinarios.
Uno de los casos más conocidos fue el de Nicolás Redondo Terreros, antiguo secretario general de los socialistas vascos, expulsado del PSOE en 2023 después de años de creciente distanciamiento con la dirección.
Más recientemente, el diputado socialista de Ceuta Melchor León también ha afrontado un expediente interno.
En el caso de Page, sin embargo, Ferraz opta por no activar esa vía pese a que el dirigente autonómico ha endurecido considerablemente sus ataques contra Sánchez.
La estrategia parece pasar por restar representatividad a sus críticas en lugar de convertirlo en víctima de una sanción interna.
La financiación autonómica agranda la brecha
La ruptura política no se limita a los pactos de Sánchez con Junts y Bildu.
La financiación autonómica se ha convertido en otro importante campo de batalla.
Page ha acusado al Gobierno de impulsar lo que considera el modelo de financiación «más insolidario e injusto de la democracia», cuestionando especialmente los acuerdos alcanzados con fuerzas catalanas.
Castilla-La Mancha sostiene que el futuro sistema debe garantizar la igualdad en el acceso a los servicios públicos teniendo en cuenta factores como la dispersión geográfica, el envejecimiento o el coste efectivo de prestar servicios en territorios poco poblados.
Sánchez, por su parte, ha criticado esta semana a los dirigentes socialistas que cuestionan la reforma.
El reproche no afecta únicamente a Page. El presidente asturiano, Adrián Barbón, también ha expresado reservas.
Según la información publicada, el asunto provocó un momento incómodo durante la Interparlamentaria socialista del lunes, cuando Sánchez defendió su posición ante diputados y senadores del partido.
Page también pide elecciones generales anticipadas
El dirigente castellano-manchego ha ido mucho más lejos que la discrepancia sobre financiación.
Durante las últimas semanas ha reclamado directamente un adelanto de las elecciones generales, una posición extraordinariamente incómoda para un presidente autonómico perteneciente al mismo partido que gobierna España.
Page ha resumido su argumento con una metáfora militar:
«Lo que no puede ser es que aquí termine hundiéndose en la trinchera toda la infantería para que simple y llanamente siga existiendo cuartel general».
El mensaje resulta difícil de interpretar de otra manera: el presidente castellano-manchego teme que el desgaste nacional de Sánchez termine perjudicando electoralmente a las estructuras territoriales del PSOE.
Esa preocupación ya había aparecido durante el Comité Federal del 27 de junio, cuando Page reclamó autocrítica por los escándalos que afectaban al partido y aseguró que los socialistas estaban «aterrados» por la situación.
Junts, Bildu y la amnistía separan a Page de Sánchez
Las discrepancias vienen de mucho antes.
Page ha sido una de las voces socialistas más críticas con la ley de amnistía y con la dependencia parlamentaria del Gobierno respecto a los partidos independentistas.
El presidente castellano-manchego ha cuestionado repetidamente las concesiones realizadas para mantener la mayoría de investidura de Sánchez.
Ferraz había tratado durante años estas declaraciones como las habituales diferencias del dirigente autonómico. La expresión utilizada internamente era que eran «cosas de Emiliano», según la información publicada.
Esa convivencia parece haberse agotado.
Ahora la dirección nacional responde presentando sus posiciones como minoritarias, mientras Page aumenta la dureza de sus ataques.
La gran incógnita: ¿volverá Page a presentarse?
Todo este enfrentamiento tiene además una derivada electoral.
Page todavía no ha anunciado formalmente si intentará revalidar la Presidencia de Castilla-La Mancha.
Otros presidentes autonómicos socialistas ya han despejado sus intenciones, pero el castellano-manchego mantiene la incógnita.
Dentro del PSOE, según las informaciones conocidas, se da ampliamente por hecho que terminará presentándose.
Su eventual candidatura colocaría al partido ante una situación paradójica: uno de sus dirigentes territoriales con mayor fortaleza electoral sería al mismo tiempo uno de los críticos más contundentes con el secretario general.
El resultado de Castilla-La Mancha adquiriría entonces una lectura inevitable en clave nacional.
Una nueva mayoría absoluta reforzaría el argumento de Page de que distanciarse de determinadas políticas de Sánchez permite ampliar la base electoral socialista. Una derrota, por el contrario, permitiría a Ferraz cuestionar esa estrategia.
Page también aparece en el debate sobre la sucesión de Sánchez
La relevancia del presidente castellano-manchego tampoco termina en su comunidad.
Una encuesta de Sociométrica publicada esta semana sitúa a Page como la opción preferida por un 29% de los votantes socialistas consultados para suceder a Sánchez, frente al 21% que escogería a Óscar Puente y el 18% que optaría por Salvador Illa, según los datos difundidos por el medio que encargó el sondeo.
Una encuesta no determina por sí sola el equilibrio interno de un partido, pero el dato introduce un elemento difícil de ignorar: las posiciones de Page pueden ser minoritarias dentro de los órganos de dirección del PSOE sin ser necesariamente irrelevantes entre sus votantes.
Ahí reside uno de los problemas políticos para Ferraz.
La batalla Sánchez-Page deja de ser una simple discrepancia interna
El enfrentamiento ha superado el terreno de las diferencias puntuales.
Financiación autonómica, amnistía, Junts, Bildu, corrupción, estrategia electoral y continuidad de la legislatura separan ya a los dos dirigentes.
Sánchez conserva un amplio control orgánico del PSOE. Page, por su parte, conserva algo especialmente valioso en política: una mayoría absoluta propia y una marca electoral diferenciada en Castilla-La Mancha.
Ferraz ha decidido por ahora no sancionarlo.
Pero después de que Sánchez situara sus posiciones en la «marginalidad» y Page respondiera acusándolo de vivir «arrodillado» ante sus socios parlamentarios, resulta cada vez más difícil presentar el conflicto como una simple diversidad de opiniones.
La fractura entre Pedro Sánchez y Emiliano García-Page ya es pública. La siguiente batalla será comprobar cuál de los dos diagnósticos sobre el futuro electoral del PSOE termina imponiéndose.

