El francés mantiene una extraordinaria producción ofensiva, pero su escasa participación en la presión vuelve a alimentar una vieja discusión: cuánto debe defender la gran estrella del equipo.

Kylian Mbappé marca goles. Muchos. Esa realidad explica buena parte de su condición de estrella del Real Madrid, pero no ha conseguido cerrar un debate que le acompaña desde hace años: su aportación defensiva y su implicación cuando el equipo pierde el balón.

La discusión ha vuelto a cobrar fuerza alrededor del delantero francés. El argumento favorable a Mbappé parece evidente: un futbolista cuya principal responsabilidad es decidir partidos necesita conservar energía y ocupar posiciones desde las que pueda castigar al rival. La tesis contraria también resulta sencilla: el fútbol moderno exige que incluso sus mejores atacantes participen en determinados mecanismos de presión.

No es un debate nuevo. Quizá su mejor representación quedó grabada en una conversación entre Luis Enrique y Mbappé durante su etapa en el Paris Saint-Germain, cuando el técnico español recurrió nada menos que a Michael Jordan para intentar convencerle.

Luis Enrique utilizó a Michael Jordan para convencer a Mbappé

La escena adquirió notoriedad después de aparecer en un documental sobre Luis Enrique.

El entrenador sabía que a Mbappé le gustaba Michael Jordan y decidió utilizar al legendario jugador de los Chicago Bulls como ejemplo para transmitirle una idea: ser la estrella no significaba quedar exento del trabajo colectivo.

La esencia del mensaje era que Jordan no se limitaba a anotar. También exigía a sus compañeros y asumía responsabilidades defensivas.

Luis Enrique pretendía trasladar ese principio al fútbol: si el mejor jugador realiza el esfuerzo, resulta mucho más sencillo exigirlo al resto del equipo.

La conversación dejó una reflexión que continúa siendo aplicable a Mbappé. El francés puede garantizar una producción goleadora extraordinaria, pero un entrenador necesita decidir hasta qué punto está dispuesto a modificar su estructura defensiva para compensarlo.

El problema de Mbappé aparece cuando el Madrid pierde el balón

La cuestión no consiste en pedir al delantero que se convierta en un centrocampista defensivo.

Un atacante de las características de Mbappé necesita libertad para explotar su velocidad, desmarque y capacidad para atacar espacios. Si retrocede constantemente hasta posiciones muy profundas, puede perder parte de aquello que lo convierte en diferencial.

El problema surge cuando su limitada participación en la presión provoca desequilibrios.

Un equipo que pretende defender arriba necesita coordinación. Si nueve futbolistas avanzan para presionar y uno queda desconectado, el rival puede encontrar con mayor facilidad una línea de pase que desactive todo el mecanismo.

Por eso defender no significa necesariamente correr detrás del lateral contrario durante 90 minutos. También consiste en cerrar una línea de pase, orientar la salida del rival, realizar un esfuerzo explosivo durante unos segundos o activar la presión en el momento pactado.

Ahí está realmente el debate alrededor de Mbappé.

¿Los goles justifican una excepción defensiva?

Los grandes delanteros siempre han recibido cierto margen táctico.

Cuando un jugador tiene capacidad para resolver encuentros con enorme regularidad, los entrenadores pueden asumir determinados sacrificios colectivos para mantenerlo fresco y preparado para atacar.

Mbappé pertenece claramente a esa categoría.

Su cuota goleadora permite defender la idea de que el Real Madrid obtiene más beneficio manteniéndolo cerca de la portería contraria que obligándolo a consumir energía en persecuciones defensivas.

Pero existe un límite.

La Champions League enfrenta al Madrid con equipos capaces de castigar cualquier desajuste. En esos encuentros, una presión incompleta puede convertirse inmediatamente en una salida limpia del adversario y una ocasión peligrosa.

La cuestión, por tanto, no debería reducirse a elegir entre que Mbappé defienda constantemente o no defienda nunca.

El verdadero reto consiste en encontrar cuándo tiene que hacerlo.

El ejemplo de Michael Jordan sigue persiguiendo al francés

La comparación realizada por Luis Enrique tenía además una dimensión de liderazgo.

Michael Jordan no se convirtió en una referencia únicamente por sus puntos. Su competitividad extrema y su exigencia sobre los compañeros terminaron formando parte de su leyenda.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Las estrellas condicionan el comportamiento colectivo. Cuando el futbolista más importante presiona, corre o retrocede en un momento decisivo, resulta mucho más difícil que otro compañero encuentre una excusa para no hacerlo.

Ese efecto puede ser incluso más importante que los metros recorridos por el propio delantero.

Mbappé tiene ya la jerarquía suficiente para ejercer esa influencia. La pregunta es qué tipo de liderazgo quiere asumir dentro del Real Madrid.

El Real Madrid necesita encontrar el equilibrio con Mbappé

El debate tampoco puede convertirse en una acusación exclusivamente individual.

Si un entrenador conoce las características de su principal goleador, corresponde al cuerpo técnico construir un sistema capaz de aprovechar sus virtudes y reducir sus limitaciones.

No todos los jugadores deben defender exactamente igual.

El Real Madrid puede diseñar mecanismos para liberar parcialmente a Mbappé y conseguir que otros futbolistas compensen determinadas posiciones. Pero cuanto mayor sea la excepción concedida al francés, más exigente será el esfuerzo que deberán realizar sus compañeros.

Y ahí aparece el riesgo.

En los partidos controlados, la fórmula puede funcionar sin problemas. Ante rivales de máximo nivel, especialmente en eliminatorias europeas, cualquier debilidad estructural se multiplica.

Mbappé tiene los goles; ahora se discute su liderazgo

Reducir la valoración del francés a su trabajo sin balón sería absurdo. Mbappé está en el Real Madrid fundamentalmente para marcar, asistir y decidir partidos, no para liderar las estadísticas defensivas.

Pero tampoco resulta razonable sostener que una enorme cifra goleadora elimina automáticamente cualquier obligación colectiva.

El fútbol de élite ha evolucionado hacia estructuras en las que la presión comienza precisamente con los delanteros. Incluso una estrella puede contribuir sin sacrificar completamente su capacidad ofensiva.

Ese fue, en esencia, el mensaje que Luis Enrique intentó transmitirle utilizando a Michael Jordan.

Mbappé no necesita convertirse en el mejor defensor del Real Madrid. Tampoco tiene que correr detrás de cada rival. Lo que sí necesita el equipo es que su estrella aparezca defensivamente cuando el partido y el sistema lo exijan.

Los goles pueden justificar privilegios. Lo que difícilmente pueden justificar es una desconexión permanente.

Y esa será una de las grandes cuestiones que acompañarán a Kylian Mbappé en el Real Madrid: no cuántos goles es capaz de marcar —eso ya está ampliamente demostrado—, sino hasta qué punto está dispuesto a asumir el esfuerzo colectivo que exige liderar a un equipo que quiere volver a dominar Europa.

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