La icónica fuente coruñesa esconde bajo tierra un espacio sorprendente: una gran cúpula diáfana que desafía la idea de maquinaria compleja y revela un diseño más simple de lo esperado.
Un interior inesperado: una cúpula bajo 90.000 litros de agua
La famosa fuente de Fuente de Cuatro Caminos, uno de los símbolos urbanos más reconocibles de la ciudad, guarda en su interior una realidad que rompe todos los esquemas.
Lejos de la típica imagen de tuberías caóticas y maquinaria desordenada, lo que se encuentra bajo la fuente es un espacio completamente diáfano de 16 metros de diámetro, cubierto por una gran bóveda circular. Sobre esta estructura descansan nada menos que 90.000 litros de agua en constante movimiento.
El acceso a este recinto es limitado y casi secreto: una estrecha escalera de apenas diez peldaños conduce a una puerta de hierro forjado decorada con la silueta de la Torre de Hércules. Solo un reducido grupo de técnicos municipales dispone de la llave.
La “sala de máquinas”: mínima, pero eficaz
Uno de los aspectos más sorprendentes es la escasa presencia de maquinaria en el interior. Todo se reduce a:
- Dos cuadros de control (uno para los chorros y otro para la iluminación)
- Depósitos de cloro para evitar bacterias como la legionela
- Un sistema básico de supervisión
El resto del complejo sistema hidráulico se encuentra en la parte superior, a la vista de todos, desmontando así el mito de un entramado subterráneo complejo.
Tres niveles que dan vida al espectáculo
Sobre la cúpula interior se estructuran tres vasos o niveles, responsables del espectáculo visual diario:
- Vaso superior: 6 bombas y 9 proyectores de luz
- Vaso intermedio: 5 bombas y 5 proyectores
- Vaso inferior: 34 proyectores y 29 extractores de agua
En total, la fuente cuenta con 40 bombas y 48 proyectores, perfectamente coordinados para generar un juego de agua y luz que funciona todos los días del año.
Del símbolo del progreso a la adaptación climática
Cuando se inauguró en 1963, el chorro central alcanzaba los 30 metros de altura, convirtiéndose en un emblema del desarrollismo de la época. Sin embargo, el paso del tiempo obligó a introducir cambios.
El viento provocaba que el agua invadiese aceras y zonas cercanas, lo que llevó a reducir progresivamente su altura. Hoy, tras la última reforma, un anemómetro regula automáticamente el chorro, adaptándolo a las condiciones meteorológicas.
Historia, política y polémica en su origen
La inauguración de la fuente no estuvo exenta de carga política. El acto oficial contó con la presencia de altos cargos del régimen franquista y se enmarcó dentro de los homenajes al dictador durante sus estancias en Galicia.
Además, la infraestructura ha sufrido varias remodelaciones (1997 y 2014), aunque no sin errores: una placa conmemorativa llegó a equivocar la fecha original de construcción, situándola en 1967 en lugar de 1963.
Una obra pionera firmada por una mujer
Detrás del diseño se encuentra Milagros Rey, primera arquitecta de Galicia y tercera de España, en una época donde la presencia femenina en la arquitectura era prácticamente inexistente.
El coste inicial fue de 1 100 000 pesetas (unos 6 600 euros actuales), a lo que se sumaron tres millones adicionales en expropiaciones, una cifra considerable para la época.
Una joya urbana con más secretos de los que aparenta
Lo que parece una simple fuente ornamental es, en realidad, una obra de ingeniería sobria, eficiente y cargada de historia. Su interior, lejos del caos técnico que muchos imaginan, refleja una planificación racional que contrasta con la complejidad visual del exterior.
En tiempos donde se cuestiona el gasto público en infraestructuras ornamentales, esta obra plantea una reflexión inevitable: ¿es patrimonio histórico digno de preservación o un lujo innecesario heredado de otra época?
