La extraña alianza contra Mercosur: animalistas y agricultores
Las asociaciones animalistas y los agricultores han unido fuerzas en su rechazo al tratado de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea, recientemente aprobado por los Veintisiete.
Los motivos de la oposición son diversos. Por un lado, Eurogroup for Animals, una de las principales organizaciones animalistas, sostiene que el acuerdo amenaza el bienestar de millones de animales al permitir la entrada de productos de países que no cumplen con los estándares europeos. Alertan sobre el aumento potencial de importaciones de carne de vaca y pollo de sistemas de producción criticados por sus condiciones de crianza, como granjas avícolas saturadas y corrales de engorde.
Por otro lado, esta organización también advierte que la mayor actividad comercial podría intensificar la deforestación y dañar ecosistemas ya amenazados, lo que afectaría tanto a los animales salvajes como a sus hábitats. Consideran que las cláusulas de salvaguarda y las regulaciones antideforestación de la UE no serán suficientes para mitigar estos riesgos.
En un giro poco habitual, Eurogroup for Animals ha expresado su apoyo a los productores agrícolas europeos, enfatizando que el acuerdo presenta un desequilibrio. Señalan que, mientras los agricultores de la UE deben cumplir con estándares de bienestar y prácticas ambientales elevadas, se enfrentan a la competencia de importaciones más baratas, lo que podría poner en riesgo la viabilidad de la agricultura en Europa y la confianza de los consumidores en sus sistemas alimentarios.
Asimismo, organizaciones ambientalistas han expresado su preocupación en torno a la naturaleza del intercambio comercial, que implicaría la exportación de productos industriales desde Europa a Latinoamérica, frente a la importación en Europa de materias primas agrícolas, muchas de las cuales derivan en la destrucción de ecosistemas.
El acuerdo, que busca reducir las barreras arancelarias para facilitar la competencia y aumentar la oferta, podría traducirse en precios más bajos para los consumidores finales en Europa, especialmente en productos básicos como la carne. Este aspecto es visto como un argumento a favor del tratado por algunos sectores que no incluyen ni a los productores agrícolas ni a los animalistas.
