El caso de Víctor Hugo Quero Navas ha sacudido a Venezuela: fue detenido en enero de 2025, murió bajo custodia estatal en julio y su madre, Carmen Navas, pasó meses recorriendo cárceles e instituciones sin recibir una respuesta. La Conferencia Episcopal Venezolana exige justicia y advierte de que otros presos podrían haber corrido la misma suerte.
Una madre buscó durante meses a su hijo muerto bajo custodia
La muerte de Víctor Hugo Quero Navas, comerciante venezolano de 51 años considerado preso político por organizaciones de derechos humanos, ha provocado una ola de indignación en Venezuela. Su madre, Carmen Navas, de más de 80 años, pasó meses buscando a su hijo por cárceles, tribunales y organismos públicos sin que las autoridades le comunicaran que había muerto bajo custodia del Estado.
El caso ha quedado como una imagen brutal del sistema represivo venezolano: una madre anciana preguntando por su hijo mientras el régimen mantenía en silencio una muerte ya conocida por las instituciones.
Según la información oficial difundida por el Ministerio de Servicios Penitenciarios venezolano, Quero falleció el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar de Caracas. Sin embargo, su muerte no fue comunicada públicamente hasta mayo de 2026, casi diez meses después.
Detenido en enero de 2025 y desaparecido para su familia
Víctor Hugo Quero fue detenido a comienzos de enero de 2025 en Caracas. Distintas informaciones sitúan su arresto el 1 de enero o el 3 de enero, en el contexto de la represión política que siguió a la crisis poselectoral venezolana.
Desde ese momento, su madre denunció que no tuvo información clara sobre su paradero. El País ha descrito el caso como una cadena de contradicciones oficiales, silencios y respuestas evasivas mientras Carmen Navas acudía a instituciones del Estado para intentar localizarlo.
La falta de información no fue un simple error administrativo. Para las organizaciones que siguen el caso, refleja un patrón mucho más grave: detenciones arbitrarias, incomunicación y opacidad sobre presos políticos bajo custodia estatal.

El régimen confirmó la muerte casi un año después
La versión oficial sostiene que Víctor Hugo Quero murió tras haber recibido atención médica y atribuye el fallecimiento a complicaciones de salud. RTVE informó de que el Ministerio venezolano afirmó que murió por insuficiencia respiratoria aguda secundaria a tromboembolismo pulmonar, tras varios días bajo atención médica.
Sin embargo, las explicaciones oficiales no han disipado las dudas. Su cuerpo fue enterrado en secreto y su madre solo pudo identificarlo después de la exhumación, según la prensa internacional.
El dato más escandaloso es el silencio. Durante meses, mientras Carmen Navas seguía reclamando información sobre su hijo, el Estado venezolano ya sabía que había muerto.
Una tumba precaria y fechas contradictorias
El cuerpo de Quero fue localizado en una tumba compartida y con una identificación precaria. Según El País, la lápida improvisada presentaba una fecha distinta a la comunicada oficialmente, lo que ha añadido más dudas sobre el manejo del caso.
La exhumación permitió que su madre reconociera el cuerpo y pudiera darle sepultura digna. Pero ese acto no borra la pregunta central: ¿por qué se ocultó durante meses a una madre el destino de su hijo?
La familia y organizaciones defensoras de derechos humanos reclaman una investigación independiente, verificación forense y responsabilidades por la cadena de decisiones que permitió mantener el caso en secreto.
La Conferencia Episcopal Venezolana exige justicia
La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) condenó la muerte bajo custodia de Víctor Hugo Quero y elevó su preocupación por la situación de los presos políticos en Venezuela. El presidente de la CEV, monseñor Jesús González de Zárate, insistió en la necesidad de liberar a los ciudadanos detenidos por razones políticas y advirtió de la gravedad de que familiares pasen meses sin información sobre sus seres queridos.
La Iglesia venezolana ha situado el caso en un marco más amplio: no se trata solo de una muerte, sino de un sistema que permite que personas detenidas desaparezcan de facto para sus familias.
El arzobispo de Coro, monseñor Víctor Hugo Basabe, también expresó públicamente su indignación y vinculó la posibilidad de paz en Venezuela a una exigencia básica: justicia real para las víctimas.
La oposición y las ONG denuncian un patrón represivo
La muerte de Quero ha sido condenada por la oposición venezolana y por organizaciones de derechos humanos como Foro Penal, que lleva años documentando detenciones políticas, irregularidades procesales y condiciones de reclusión en Venezuela.
El caso también ha sido vinculado a denuncias presentadas ante instancias internacionales, incluida la Corte Penal Internacional, donde organizaciones venezolanas han señalado patrones de represión y desapariciones forzadas.
El País señala que organizaciones de derechos humanos han denunciado la muerte de al menos 27 detenidos en una década sin investigaciones creíbles.
El cinismo de una dictadura que habla de paz mientras esconde muertos
El caso de Víctor Hugo Quero deja al descubierto una realidad que parte de la comunidad internacional sigue intentando maquillar: el régimen chavista no es una anomalía administrativa ni un gobierno con “excesos”. Es un sistema de poder que ha usado la represión, el miedo y la opacidad como herramientas políticas durante más de dos décadas.
Ocultar durante meses la muerte de un preso a su madre no es solo una violación de derechos humanos. Es una forma de castigo moral. Es convertir el dolor familiar en una prolongación de la cárcel.
Mientras algunos sectores siguen pidiendo “diálogo” con el chavismo sin exigir responsabilidades, las familias de los presos políticos continúan enfrentándose a una maquinaria estatal que no informa, no repara y no responde.
La opinión de El Vértice: no puede haber reconciliación sin justicia
Desde El Vértice, este caso debe ser leído sin eufemismos. Víctor Hugo Quero murió bajo custodia del Estado venezolano y su madre fue privada durante meses del derecho más elemental: saber dónde estaba su hijo y poder despedirse de él.
Ningún proceso de reconciliación nacional puede construirse sobre el silencio de las víctimas. Venezuela no necesita pactos de impunidad. Necesita verdad, justicia, identificación plena de responsabilidades y liberación de todos los presos políticos.
La comunidad internacional, incluida España, debe abandonar la tibieza. Un régimen que oculta muertos a sus familias no merece comprensión diplomática, sino presión política, investigación internacional y sanciones contra los responsables de la represión.
Una madre frente al aparato del Estado
La historia de Carmen Navas resume el drama venezolano: una madre sola frente a un Estado que no responde, no informa y no asume responsabilidades.
Víctor Hugo Quero ya no puede contar lo que ocurrió. Pero su caso obliga a una pregunta que el régimen de Maduro no podrá esconder con comunicados:
¿Cuántas familias más siguen buscando a presos que el Estado ya sabe que no volverán?

