Nizar Baraka asegura que España es un «socio esencial», pero sostiene que Marruecos «no retrocederá ni un solo palmo» en sus reivindicaciones territoriales.
La tensión diplomática entre España y Marruecos por Ceuta suma un nuevo episodio. El ministro marroquí de Obras Públicas y Agua, Nizar Baraka, ha vuelto a reivindicar la posición territorial de Rabat sobre la ciudad autónoma apenas unas horas después de que Pedro Sánchez estableciera la soberanía española de Ceuta y Melilla como una de las «líneas rojas» en las relaciones con Marruecos.
Baraka lanzó el mensaje durante un mitin del partido Istiqlal, formación de la que es secretario general. El ministro preguntó públicamente qué debía responder Marruecos a España después de lo sucedido en Ceuta y afirmó que, aunque considera a España un socio fundamental, Rabat «no retrocederá ni un solo palmo de nuestro territorio nacional».
La afirmación refleja la posición reivindicativa marroquí sobre Ceuta, pero no altera su estatus jurídico ni la soberanía española sobre la ciudad.
Nizar Baraka vuelve a poner Ceuta en el centro del choque
Las palabras adquieren especial relevancia por el momento en que se producen.
España atraviesa una grave crisis política y diplomática tras la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta los días 30 y 31 de julio, mientras continúa la discusión sobre si existió algún grado de participación o conocimiento por parte de estructuras marroquíes.
El Gobierno español sostiene que, hasta el momento, no dispone de pruebas suficientes para atribuir a Marruecos la organización de aquellos acontecimientos. Sánchez ha prometido actuar con «contundencia» si aparecen evidencias sólidas que demuestren una implicación de Rabat.
Sánchez marca como «línea roja» la soberanía española
Las declaraciones de Baraka llegan inmediatamente después de la comparecencia de Sánchez en el Congreso.
El presidente defendió mantener una política de «buena vecindad» con Marruecos, pero aseguró que España defenderá siempre la integridad territorial y la soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla.
Sánchez también reveló que el Gobierno había convocado el 21 de agosto a la embajadora marroquí, Karima Benyaich, a raíz de declaraciones consideradas inaceptables procedentes de responsables del país vecino.
La controversia no nace únicamente de Baraka. En las últimas semanas se han sucedido declaraciones de responsables marroquíes relacionadas con las reivindicaciones sobre las dos ciudades autónomas. Entre las más polémicas estuvieron las del ministro de Asuntos Religiosos, Ahmed Tufiq, quien llegó a hacer referencia a la «liberación» de Ceuta y Melilla.
Una relación estratégica sometida a una presión creciente
El mensaje de Baraka contiene una aparente contradicción que resume buena parte de la compleja relación bilateral: Rabat presenta a España como un socio esencial mientras mantiene públicamente sus reivindicaciones territoriales.
España necesita la cooperación marroquí en cuestiones como control migratorio, lucha contra el terrorismo, narcotráfico y seguridad fronteriza. Marruecos, a su vez, mantiene importantes intereses económicos y políticos en su relación con España y con la Unión Europea.
La cuestión que ahora afronta el Gobierno es hasta dónde puede mantenerse esa cooperación mientras miembros del Ejecutivo marroquí realizan declaraciones que cuestionan públicamente la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.
Sánchez ha fijado públicamente su posición: Ceuta y Melilla son españolas y su soberanía constituye una línea roja. Las palabras de Nizar Baraka demuestran que, al otro lado de la frontera, la reivindicación marroquí tampoco ha desaparecido.
