Los nuevos dispositivos pueden vigilar varios carriles simultáneamente y detectar desde el uso del móvil hasta la falta de cinturón, giros prohibidos o semáforos en rojo. Cada unidad cuesta 20 000 euros sin IVA.

La inteligencia artificial está empezando a abandonar las pantallas para integrarse directamente en las infraestructuras que rodean al ciudadano. Pamplona ofrece uno de los ejemplos más llamativos: una nueva generación de radares capaces de analizar simultáneamente diferentes comportamientos de los conductores.

El Ayuntamiento de Pamplona adquirió cuatro nuevos radares inteligentes, que se suman a otros cuatro dispositivos de los que ya disponía la ciudad. No se trata, por tanto, de una instalación realizada directamente por la Dirección General de Tráfico (DGT), como aseguran algunas publicaciones difundidas en redes sociales.

Cada uno de los nuevos equipos tiene un precio de 20 000 euros, IVA excluido.

Fuente oficial del Ayuntamiento de Pamplona sobre los nuevos radares con IA

Un radar que ya no se limita a medir la velocidad

La gran diferencia respecto a los cinemómetros tradicionales está en sus capacidades.

Los nuevos equipos pueden trabajar con vehículos que circulen entre 10 y 320 km/h y controlar simultáneamente varios carriles, tanto en aproximación como en alejamiento y de manera bidireccional.

Incluso pueden establecerse límites de velocidad diferentes para cada carril y zonas independientes de detección.

Pero la verdadera novedad se encuentra en la combinación de inteligencia artificial, cámara a color y sistema integrado de reconocimiento de matrículas.

Según la información oficial del Ayuntamiento, los dispositivos pueden detectar comportamientos como conducir utilizando el teléfono móvil, circular sin cinturón de seguridad, saltarse un semáforo en rojo, realizar un giro indebido, cambiar irregularmente de carril, circular en sentido contrario, no respetar un paso de peatones o detenerse sobre zonas de cebreado amarillo.

Es decir, el concepto tradicional de «radar» empieza a quedarse pequeño.

Cuatro radares que pueden cambiar de ubicación

Los dispositivos tampoco permanecerán necesariamente en el mismo punto.

Pamplona cuenta con 11 ubicaciones preparadas y ocho radares en total después de la incorporación de las cuatro nuevas unidades.

Los equipos inteligentes se instalaron inicialmente en avenida del Ejército, avenida de Gipuzkoa junto al puente de Oblatas, calle Sadar y paseo de Santa Lucía, pero el Ayuntamiento planteó desde el principio que fueran rotando por diferentes puntos.

Además, su diseño elimina la característica cabina de protección de muchos radares tradicionales.

Pueden instalarse directamente en báculos, medianas o pórticos y soportan temperaturas comprendidas entre -30 y 70 grados.

España ya tenía 3 395 radares contabilizados

El fenómeno va más allá de Pamplona, aunque aquí conviene separar las cifras para no inducir a error.

El IV Observatorio de Radares de Coyote contabilizó 3 395 radares en España a partir de los datos recopilados durante 2024: 2 341 fijos, 566 de semáforo, 232 de tramo y 256 destinados al control del cinturón y el teléfono móvil.

El estudio calculó un incremento del 15,44 %, equivalente a 454 dispositivos adicionales, frente al año anterior.

Pero esas cifras no significan que la DGT tenga actualmente exactamente 3 395 radares propios. El estudio incorpora controles dependientes de distintas administraciones, incluidos ayuntamientos. Tampoco demuestra que las 256 cámaras de cinturón y móvil empleen necesariamente el mismo sistema de IA instalado en Pamplona.

La IA que termina siendo invisible

Lo verdaderamente interesante del caso de Pamplona está más allá de las multas.

Durante los últimos años, la inteligencia artificial se ha asociado principalmente con herramientas que el usuario abre voluntariamente: ChatGPT, Gemini, generadores de imágenes o asistentes digitales.

La siguiente transformación puede ser mucho menos visible.

La IA puede integrarse directamente en vehículos, cámaras, semáforos, fábricas, supermercados, electrodomésticos y sistemas de seguridad, procesando información sin que el ciudadano tenga que abrir una aplicación ni escribir un prompt.

El radar inteligente representa precisamente esa transición.

Una cámara recoge información. El software analiza las imágenes. Los algoritmos identifican determinados comportamientos y el sistema genera evidencias que posteriormente pueden utilizarse para controlar las infracciones.

Lo que no debe afirmarse sin pruebas, sin embargo, es que la inteligencia artificial imponga por sí sola una multa completamente automática y sin revisión. El Ayuntamiento confirma la capacidad de los equipos para detectar infracciones, pero su información pública no establece que el algoritmo sustituya íntegramente el procedimiento administrativo o la validación correspondiente.

La IA no desaparecerá: dejará de verse

Por eso, decir que «la inteligencia artificial desaparecerá» funciona como una provocación conceptual, no como una predicción de que esta tecnología vaya a dejar de existir.

Puede ocurrir precisamente lo contrario.

Cuanto más extendida esté, menos necesitaremos identificar conscientemente cada dispositivo como un producto de inteligencia artificial.

Hoy resulta llamativo hablar de un «radar con IA». Dentro de algunos años podría resultar tan redundante como destacar que un teléfono móvil incorpora un ordenador.

El caso de Pamplona demuestra que esa transición ya ha comenzado: la inteligencia artificial está pasando de ser una aplicación que utilizamos a convertirse en una tecnología integrada dentro de objetos e infraestructuras que funcionan a nuestro alrededor.

Y en este caso concreto, además, puede acabar traduciéndose en una multa.

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