Las pérdidas de aceite de oliva provocadas por el fuerte temporal de las últimas semanas han situado al sector en una de las peores crisis de su historia reciente. Las lluvias torrenciales, el viento y las inundaciones han golpeado con especial dureza a la provincia de Jaén, el principal productor mundial, donde los daños alcanzan entre el 50% y el 80% de la cosecha en miles de hectáreas de olivar. El impacto económico ya se cifra en más de 200 millones de euros, una cantidad que amenaza la supervivencia de miles de agricultores.
Desde las organizaciones agrarias alertan de que la situación es crítica y que, sin ayudas públicas, muchas explotaciones no podrán recuperarse. Las pérdidas aceite de oliva no solo afectan a la producción actual, sino que ponen en riesgo el tejido económico y social de amplias zonas rurales de Andalucía.
Pérdidas de aceite de oliva sin precedentes en el olivar de Jaén
Jaén concentra cerca de un tercio de toda la producción nacional de aceite de oliva, lo que convierte cualquier incidencia climática en un problema de dimensión nacional. Según datos de COAG, aproximadamente un tercio del fruto aún no había sido recolectado cuando llegaron las lluvias, y gran parte de esa aceituna ha terminado en el suelo, inutilizable para la almazara.
Juan Luis Ávila, responsable de Olivar y Aceite de Oliva de COAG, explica que alrededor del 50% del fruto caído no podrá transformarse en aceite. Esto supone la pérdida de entre 50.000 y 70.000 toneladas, una cifra devastadora que explica por qué las pérdidas aceite de oliva ya alcanzan los 200 millones de euros solo en esta provincia.
El problema se agrava porque muchas fincas siguen anegadas y los agricultores aún no han podido acceder a ellas para evaluar el alcance real de los daños.
El impacto económico va más allá del agricultor
Las pérdidas de aceite de oliva no se limitan a los productores. El olivar vertebra la economía de Jaén y de buena parte de Andalucía, generando empleo directo e indirecto en cooperativas, almazaras, transporte y exportación. Una caída del 50% en la producción supone miles de jornales perdidos y un golpe directo a la renta de las familias rurales.
Francisco Elvira, secretario general de COAG en Jaén, advierte de que el sector no tiene margen para absorber este tipo de shocks:
“No tenemos los márgenes de los supermercados. El campo no se beneficia cuando hay fuertes oscilaciones en el precio”.
Según Elvira, aunque el aceite pueda subir de precio en los lineales, eso no compensa unas pérdidas aceite de oliva tan elevadas. “Lo que nos mata es que la producción se hunda”, subraya.
¿Afectarán las pérdidas de aceite de oliva al precio final?
Una de las grandes incógnitas es cómo repercutirá esta crisis en el consumidor. Las organizaciones agrarias insisten en que las fuertes oscilaciones de precios no benefician al agricultor, pero sí generan incertidumbre en el mercado.
Con una producción tan mermada, es previsible que la oferta se reduzca, lo que podría tensionar los precios en los próximos meses. Sin embargo, el sector recuerda que el agricultor no es quien fija el precio final y que el aumento en los supermercados no compensa las pérdidas aceite de oliva sufridas en el campo.
Además, la calidad del fruto recuperable también se ha visto afectada por el exceso de humedad, lo que puede influir en el rendimiento graso y en la calidad del aceite obtenido.
El olivar, una producción estratégica en riesgo
El olivar no es solo una actividad económica, sino un pilar social y territorial. En muchas comarcas de Jaén, Córdoba o Granada, el aceite de oliva es prácticamente la única fuente de ingresos. Por ello, las pérdidas de aceite de oliva tienen un impacto directo en la despoblación, el empleo y la estabilidad del medio rural.
Desde COAG reclaman ayudas directas y urgentes por parte de las administraciones para compensar a los agricultores afectados. “Esto es el mantenimiento de la provincia”, advierten, recordando que sin apoyo público muchas explotaciones familiares no podrán continuar.
Un futuro incierto si no llegan ayudas
Las pérdidas de aceite de oliva causadas por este temporal marcan un antes y un después para el sector. Los agricultores temen que, sin medidas excepcionales, esta campaña deje heridas difíciles de cerrar y acelere el abandono de explotaciones.
Mientras se espera a que el agua permita entrar en las fincas para cuantificar los daños definitivos, el mensaje del sector es claro: el campo vuelve a ser el gran damnificado de los fenómenos extremos y necesita respuestas inmediatas. De lo contrario, la crisis del aceite de oliva podría convertirse en estructural y afectar a toda la cadena alimentaria.

