Las plantas reaccionan a estímulos, pero no escuchan palabras
Las interacciones humanas con las plantas, como hablarles, han generado interés en la comunidad científica. Investigaciones recientes han demostrado que, si bien las plantas no tienen la capacidad de escuchar o entender nuestras palabras, sí poseen mecanismos para percibir y reaccionar a estímulos en su entorno.
Cuando una persona se acerca a una planta y habla, las vibraciones generadas por la voz impactan en sus hojas y tallos, lo que provoca variaciones de presión que las plantas pueden detectar. Estudios realizados por la Universidad de Misuri indican que algunas plantas activan mecanismos de defensa al identificar sonidos que emiten insectos que se alimentan de ellas.
Adicionalmente, se ha observado que la concentración de dióxido de carbono (CO₂) en el entorno aumenta cuando se habla a una planta, lo que podría proporcionar un leve beneficio para su actividad fotosintética. Este efecto, aunque no es determinante, sugiere que existe una interacción química en juego.
Investigadores de la Universidad de Tel Aviv han registrado sonidos emitidos por plantas sometidas a estrés, los cuales corresponden a situaciones como la falta de agua. Estos sonidos, que se encuentran fuera del rango auditivo humano, podrían ser percibidos por algunos animales, indicando que las plantas también pueden emitir señales acústicas específicas sobre su estado.
Sin embargo, se ha encontrado que el principal beneficio de hablar con las plantas radica en la atención que se les brinda. Esto se conoce como la hipótesis del cuidador, que postula que una mayor observación puede ayudar a detectar problemas en las plantas con mayor prontitud, contribuyendo a su salud.
Por último, el cuidado y la interacción con las plantas tienen repercusiones positivas para la salud mental de las personas. Estudios sobre jardinería han mostrado que este tipo de actividades contribuyen a la reducción del estrés y mejoran el bienestar general.
En conclusión, aunque las plantas no escuchan ni comprenden el lenguaje humano, responden a estímulos en su entorno y pueden beneficiarse de la atención que les prestamos, lo que realza la conexión entre los humanos y las plantas en un contexto científico.

