La guerra en Ucrania ha dado un nuevo salto cualitativo. Rusia ha confirmado el uso por segunda vez de su misil hipersónico Oreshnik, un arma de alcance intermedio y capacidad nuclear que el Kremlin presenta como “imposible de interceptar”, en un ataque dirigido contra infraestructuras estratégicas ucranianas en el oeste del país.
El Kremlin justifica el ataque como respuesta a un supuesto intento de atentado con drones ucranianos contra una residencia del presidente Vladimir Putin, una acusación que Kiev niega de forma tajante y que incluso ha sido puesta en duda por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Moscú eleva la escalada militar con el Oreshnik
Según el Ministerio de Defensa ruso, el misil Oreshnik fue lanzado durante un ataque nocturno que también incluyó drones kamikaze y armamento de precisión terrestre y marítimo. El objetivo, afirma Moscú, fue una fábrica de drones utilizada por Ucrania y infraestructura energética crítica.
“Los objetivos del ataque fueron alcanzados”, aseguró el Ministerio en un comunicado oficial.
Las autoridades ucranianas confirmaron el lanzamiento del misil desde el polígono de Kapustin Yar, cerca del mar Caspio. En la región de Leópolis (Lviv), el gobernador Maksym Kozytskyi reconoció impactos sobre infraestructuras estratégicas, mientras medios locales apuntaron a la zona de Stryi, donde se encuentra uno de los mayores complejos de almacenamiento de gas del país.
Kiev desmiente el ataque a la residencia de Putin
Rusia sostiene que el uso del Oreshnik fue una represalia directa por un ataque con drones contra una residencia de Putin en la región de Nóvgorod el pasado 29 de diciembre. Ucrania ha calificado esta versión como una “mentira absurda”, asegurando que no lanzó ninguna operación de ese tipo.
La acusación rusa llega, además, en un momento clave, cuando las conversaciones de paz siguen bloqueadas y cada movimiento militar parece diseñado para endurecer posiciones y ganar ventaja estratégica.
Un misil hipersónico con mensaje político
El Oreshnik, cuyo nombre significa “avellano” en ruso, es presentado por Putin como un arma con un poder destructivo comparable al nuclear incluso con ojiva convencional, gracias a su velocidad, que superaría diez veces la del sonido. Aunque en este ataque no se emplearon cabezas nucleares, el mensaje es claro: Rusia está dispuesta a escalar.
No todos en Occidente comparten la narrativa del Kremlin. Funcionarios estadounidenses y europeos han mostrado escepticismo sobre las capacidades reales del misil, llegando a afirmar que no supone una revolución en el campo de batalla, sino más bien un instrumento de intimidación estratégica.
Bielorrusia, pieza clave en la amenaza a Europa
En diciembre, Moscú difundió imágenes del despliegue del sistema Oreshnik en Bielorrusia, su aliado más cercano. Una decisión que amplía de forma directa la capacidad rusa para golpear objetivos en Europa, elevando la presión sobre la OTAN y reavivando los temores de una expansión regional del conflicto.
Corresponsales de guerra rusos han difundido vídeos del supuesto impacto del misil en Ucrania occidental, con múltiples destellos y explosiones, aunque estas imágenes no han podido ser verificadas de manera independiente.
Un conflicto cada vez más cerca del abismo
El uso reiterado del misil hipersónico Oreshnik confirma una tendencia preocupante: Rusia está normalizando el empleo de armamento estratégico para enviar mensajes políticos y militares. Mientras Kiev niega las acusaciones y Occidente duda del relato ruso, la realidad es que la guerra entra en una fase aún más peligrosa, donde la disuasión nuclear vuelve a estar sobre la mesa.
¿Estamos ante una advertencia final del Kremlin o ante el preludio de una escalada aún mayor que Europa no está preparada para afrontar?
