El presidente del Gobierno defendió el multilateralismo, reclamó reformar el Consejo de Seguridad y sostuvo que España no convertirá al migrante en “enemigo” pese a la crisis de Ceuta. Sus críticas apuntaron de forma directa a Netanyahu y, de manera más implícita, a Trump y Putin.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha utilizado su intervención ante la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas para lanzar una dura crítica contra determinados dirigentes internacionales, a los que agrupó bajo la expresión “egoístas, ignorantes y crueles”, al tiempo que defendió el multilateralismo, la Agenda 2030, una reforma profunda de la ONU y la política migratoria aplicada por España durante la reciente crisis de Ceuta.
Sánchez no identificó inicialmente por su nombre a todos los líderes incluidos en esa crítica, aunque RTVE interpretó sus palabras como un mensaje dirigido de forma implícita al presidente estadounidense Donald Trump y al dirigente ruso Vladímir Putin, y de manera mucho más explícita al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Sánchez denuncia unas “fuerzas reaccionarias” en expansión
El jefe del Ejecutivo afirmó que durante los últimos ocho años ha visto crecer lo que denominó “fuerzas reaccionarias” y acusó a determinados gobiernos de abandonar los principios que sustentan el sistema multilateral.
En su discurso habló de dirigentes movidos por el egoísmo, el desprecio a la ciencia y una concepción de las relaciones internacionales basada en que unos países solo pueden ganar si otros pierden. También denunció guerras de agresión, ataques contra civiles y recortes de ayuda internacional.
Estas expresiones forman parte de la valoración política de Sánchez y no de una categorización institucional de Naciones Unidas.
Netanyahu recibe la crítica más directa
El presidente español fue especialmente explícito cuando abordó la guerra de Gaza.
Sánchez afirmó que España ha impuesto un embargo de armas a Israel y volvió a utilizar el término “genocidio” para describir las actuaciones del Gobierno de Netanyahu en Gaza.
El uso de ese término por parte del Ejecutivo español es una posición política y jurídica defendida por Sánchez. La calificación definitiva de genocidio corresponde, en el plano del Derecho internacional, a los tribunales competentes.
Sánchez también incluyó entre las actuaciones de España las sanciones adoptadas contra Rusia por la invasión de Ucrania y la negativa del Gobierno español a asumir un objetivo de gasto militar equivalente al 5 % del PIB.
Un mensaje implícito hacia Trump
Aunque Sánchez no mencionó directamente a Donald Trump en el pasaje inicial, varias referencias fueron interpretadas como críticas a la política exterior y económica estadounidense.
Entre ellas figuraron sus alusiones a los recortes de la ayuda internacional, al unilateralismo y al rechazo de determinadas políticas multilaterales. RTVE presentó esas referencias como un mensaje velado al presidente de Estados Unidos.
La atribución debe entenderse como una interpretación periodística del discurso, dado que Sánchez no nombró expresamente a Trump en ese tramo de su intervención.
Sánchez defiende el multilateralismo pese a las críticas a la ONU
Frente a quienes cuestionan la utilidad de Naciones Unidas, Sánchez sostuvo que el multilateralismo continúa siendo “el mejor instrumento” disponible para gestionar un mundo globalizado e interdependiente.
Reconoció que la organización presenta contradicciones y deficiencias, pero acusó a algunos de sus críticos de intentar provocar su fracaso en vez de reformarla.
La propia presidencia de la Asamblea General ha situado la reforma institucional entre las prioridades de la 81.ª sesión, especialmente en lo relativo a la composición y funcionamiento del Consejo de Seguridad.
Sánchez pide acabar con el derecho de veto en el Consejo de Seguridad
Entre las reformas defendidas por el presidente español destaca una modificación profunda del Consejo de Seguridad de la ONU.
Sánchez pidió una representación territorial más equilibrada y cuestionó el derecho de veto de los cinco miembros permanentes.
Su planteamiento es que ningún Estado debería poder bloquear unilateralmente decisiones internacionales cuando también participa directamente en el conflicto analizado.
La reforma del Consejo de Seguridad es una discusión que lleva años abierta dentro de Naciones Unidas, especialmente por la infrarrepresentación de regiones como África. La presidencia de la actual Asamblea ha vuelto a colocar ese asunto entre sus prioridades.
Más poder para la Corte Penal Internacional
Sánchez también reclamó reforzar instituciones internacionales como la Corte Penal Internacional.
El presidente defendió que estos organismos dispongan de capacidad suficiente para investigar y perseguir a quienes violen el Derecho internacional.
La propuesta se enmarca en su defensa de un sistema multilateral más vinculante y con mayor capacidad para hacer cumplir sus decisiones.
Una mujer latinoamericana para dirigir Naciones Unidas
Otro de los mensajes destacados fue su propuesta sobre la futura Secretaría General.
Sánchez defendió que la próxima persona al frente de Naciones Unidas sea una mujer latinoamericana, argumentando que la organización nunca ha tenido una secretaria general y que América Latina lleva décadas sin ocupar el cargo.
El proceso de sucesión ya está en marcha.
Durante 2026 se han celebrado encuentros públicos con candidatos a secretario general y la Asamblea General ha impulsado un procedimiento con mayores exigencias de transparencia.
Ceuta entra de lleno en el discurso de Nueva York
La intervención tuvo también un importante capítulo de política española.
Sánchez mencionó expresamente la crisis migratoria de Ceuta y afirmó que España no responderá convirtiendo al migrante en “enemigo”.
El presidente sostuvo que las instituciones deben mantener la legalidad y analizar individualmente cada situación, rechazando expulsiones indiscriminadas.
La crisis comenzó con una llegada extraordinariamente elevada de migrantes los días 30 y 31 de julio de 2026 y obligó al Gobierno a desplegar medidas excepcionales de coordinación y seguridad.
Sánchez reconoce fallos en el control fronterizo marroquí
Dos días antes de su discurso, el presidente había endurecido públicamente su posición hacia Marruecos.
En una entrevista concedida desde Nueva York afirmó haber solicitado a Rabat “respuestas y acciones” porque, a su juicio, el mecanismo marroquí de control fronterizo había fallado durante la crisis.
Sánchez mantiene al mismo tiempo que España debe preservar una relación estratégica con Marruecos para gestionar retornos, cooperación fronteriza y otros asuntos bilaterales.
Más de 140 muertos durante la crisis
La dimensión humana de la crisis ha sido uno de los argumentos centrales utilizados por el Ejecutivo para defender su respuesta.
En una comparecencia anterior ante el Congreso, Sánchez recordó que 141 migrantes murieron durante los acontecimientos relacionados con la crisis de Ceuta.
Posteriormente explicó que durante las primeras horas del episodio España observó una capacidad insuficiente de contención en el lado marroquí y que Rabat aumentó posteriormente su despliegue.
El Gobierno ha defendido que las devoluciones deben efectuarse dentro de la legalidad y respetando los derechos humanos.
“España no va a convertir al migrante en enemigo”
Sánchez utilizó Ceuta como ejemplo de su modelo político frente a las respuestas migratorias más restrictivas.
Según afirmó ante Naciones Unidas, en una crisis de esta naturaleza existe la tentación de actuar desde el miedo o presentar a quienes cruzan irregularmente una frontera como enemigos.
El presidente aseguró que España no seguirá ese camino.
La ministra portavoz había utilizado días antes un argumento parecido, rechazando el término “invasores” para describir de forma general a quienes participaron en la entrada irregular y defendiendo una respuesta compatible con los derechos humanos.
El Gobierno también admite que la respuesta no fue suficiente
El discurso internacional contrasta con algunas de las autocríticas realizadas por el propio Ejecutivo dentro de España.
Sánchez reconoció el 3 de septiembre que la respuesta de las administraciones durante la crisis de Ceuta “no ha sido suficiente” y defendió mejorar la preparación del Estado ante episodios similares.
También ha sostenido posteriormente que no se anticipó una entrada de las dimensiones registradas durante aquellas jornadas.
Por tanto, la defensa de la respuesta humanitaria no elimina el reconocimiento gubernamental de problemas operativos y de previsión.
España reivindica más cooperación internacional
Sánchez contrapuso su política de cooperación internacional a las estrategias que reducen la ayuda exterior.
Según sostuvo ante la Asamblea, España ha aumentado su inversión en cooperación y su contribución al sistema multilateral durante los últimos años.
El Ejecutivo vincula esa política a la idea de que fenómenos como migración, pobreza, guerras o cambio climático no pueden abordarse exclusivamente desde las fronteras nacionales.
Regulación de redes sociales e inteligencia artificial
La intervención incluyó también un mensaje dirigido a las grandes empresas tecnológicas.
Sánchez reclamó una regulación más estricta de las redes sociales y del desarrollo de la inteligencia artificial, refiriéndose a los grandes empresarios tecnológicos como “tecnooligarcas”.
El presidente ha defendido en distintas ocasiones que la expansión de la IA debe acompañarse de supervisión humana, transparencia y reglas comunes.
En este punto, su posición contrasta con dirigentes que priorizan una regulación más limitada para acelerar la innovación tecnológica.
Un discurso que combina política exterior y mensaje interno
La intervención de Sánchez tuvo una doble dimensión.
Por un lado, presentó una agenda internacional centrada en multilateralismo, reforma de Naciones Unidas, derechos humanos, control de armas y regulación tecnológica.
Por otro, utilizó la tribuna internacional para defender decisiones adoptadas por su Gobierno en asuntos especialmente controvertidos dentro de España, como Gaza, el gasto en defensa o la crisis migratoria de Ceuta.
Sus referencias a líderes “egoístas, ignorantes y crueles” constituyeron uno de los pasajes más duros del discurso, pero las responsabilidades concretas que atribuyó a cada dirigente variaron: Netanyahu fue mencionado expresamente, mientras otras alusiones fueron indirectas o interpretadas posteriormente por los medios.
