Ningún cartel ni programa municipal convoca esta cita: son los propios vecinos de Oropesa del Mar, en especifico los de Marina D`or, quienes, cada tarde de verano, se organizan para bailar en la plaza. Buscan diversión, salud, movilidad y amistad, y de paso combaten uno de los problemas más silenciosos de la tercera edad.
Nadie lo ha organizado desde ningún despacho. Cada tarde, cuando el calor del verano empieza a ceder, decenas de vecinos de Oropesa del Mar —en su mayoría personas mayores de 60 años— se citan por su cuenta en distintas plazas del municipio para bailar juntos. No hay monitor oficial ni matrícula: hay una cita tácita entre vecinos que se ha ido consolidando temporada tras temporada, sostenida únicamente por las ganas de las propias personas que acuden. Preguntados por lo que buscan, la respuesta que se repite entre ellos es sencilla: diversión, salud, movilidad y, sobre todo, amistad. Pasarlo bien, dicen, es la razón de fondo.
Un país que envejece: el contexto detrás de estas imágenes
España no es una excepción entre los países europeos que ven crecer el peso de su población mayor. El porcentaje de población de 65 años y más se sitúa actualmente en el 21,1% del total y, de mantenerse las tendencias demográficas actuales, podría alcanzar un máximo del 30,9% en 2076, según las últimas proyecciones publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El fenómeno no se reparte por igual entre comunidades: la Comunitat Valenciana, junto con Illes Balears, registrará uno de los mayores crecimientos de población relativos de España en los próximos quince años, lo que sitúa a municipios como Oropesa del Mar en el centro de un reto demográfico que ya no es una previsión lejana, sino una realidad cotidiana.
Ese envejecimiento no viene acompañado, por sí solo, de más actividad física. Según el informe Un perfil de las personas mayores en España, elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el 38,5% de las personas de 65 años y más nunca realiza actividad física en su tiempo de ocio, un porcentaje que se eleva hasta el 42,5% entre las mujeres. Frente a esa tendencia, la iniciativa nacida entre los propios vecinos de Oropesa del Mar funciona casi como un contraejemplo espontáneo: nadie les ha impuesto una rutina de ejercicio, la han elegido ellos mismos, y la mantienen por puro gusto.
Bailar, moverse y encontrarse: una cita que ponen los propios vecinos
Las imágenes que circulan estas semanas por la localidad muestran un patrón que se repite en distintos puntos del municipio: grupos de treinta o cuarenta personas siguiendo coreografías sencillas de baile en línea, junto a bancos, palmeras y edificios residenciales que delatan el perfil costero y turístico de la zona, muy vinculada a la oferta de Marina d’Or. No hay competición ni exigencia de nivel: el objetivo es moverse, coordinar el cuerpo con la música y, sobre todo, coincidir con los mismos vecinos día tras día.
Es una iniciativa nacida de abajo hacia arriba, sostenida por el boca a boca y por la constancia de quienes no faltan a la cita. Que estas sesiones se celebren al atardecer tampoco es casual: es la franja que permite mantener la actividad sin exponerse al golpe de calor de las horas centrales del día, algo que los propios participantes han ido ajustando con la experiencia de varios veranos.
Por qué importa: la evidencia científica detrás del gesto cotidiano
Lo que a simple vista parece solo una forma de pasar el rato tiene, según la evidencia científica disponible, un impacto medible en la salud. En las personas mayores, la actividad física es beneficiosa para la mortalidad por todas las causas y la mortalidad cardiovascular, la salud mental —con menor presencia de síntomas de ansiedad y depresión—, la salud cognitiva y el sueño, según las directrices sobre actividad física y comportamientos sedentarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El propio organismo añade que este tipo de ejercicio en grupo cumple una función adicional que va más allá de lo físico: ayuda a establecer rutinas cotidianas y constituye un modo de mantenerse en contacto con la familia y los amigos, exactamente lo que describen los propios vecinos de Oropesa del Mar cuando explican por qué acuden cada tarde.
Ese componente social no es un añadido menor. Es, de hecho, la otra cara del problema que esta cita vecinal combate sin proponérselo de forma explícita.
La soledad no deseada, el reto silencioso que estos vecinos enfrentan a su manera
Según el Barómetro de la Soledad No Deseada en España 2024, elaborado por la Fundación ONCE y la Fundación AXA en el marco del Observatorio Estatal SoledadES, una de cada cinco personas en España (20%) sufre soledad no deseada, un porcentaje que se agrava especialmente entre los mayores de 75 años, colectivo en el que la prevalencia alcanza también el 20%, frente al 14,5% del grupo de 65 a 74 años. El propio observatorio señala que la soledad no deseada entre personas de 65 años y más se duplica en las grandes ciudades respecto a los municipios pequeños, lo que sitúa a localidades de tamaño medio como Oropesa del Mar en una posición relativamente favorable, siempre que existan espacios activos de encuentro como el que sostienen estos vecinos.
En la Comunitat Valenciana, el Observatorio Valenciano de la Soledad No Deseada calculaba en 2024 que cerca de 130.000 personas mayores sentían distintos grados de soledad en la región. Frente a esa cifra, cada tarde de baile en una plaza no resuelve el problema de fondo, pero sí ofrece algo que la propia OMS identifica como protector: una rutina compartida, un motivo para salir de casa y una red de vecinos que, sin proponérselo, se convierte en red de apoyo. Aquí no la ha construido ninguna administración: la han construido ellos mismos.
Lo que viene: una cita que se sostiene por sí sola
No existe, de momento, constancia de que esta iniciativa esté vinculada a ningún programa institucional: es la propia comunidad vecinal la que decide, verano tras verano, mantener viva la cita. Esa naturaleza espontánea es, precisamente, lo que la hace más difícil de replicar por decreto y más valiosa cuando ocurre: no depende de presupuestos ni de convocatorias oficiales, sino de la voluntad sostenida de un grupo de vecinos que ha decidido que el verano se disfruta mejor bailando juntos que en soledad. La pregunta que queda abierta es cuántas otras localidades españolas con un perfil de población igual de envejecido tienen ya, sin saberlo, un grupo de vecinos dispuesto a organizar lo mismo si alguien les presta una plaza y un altavoz.
La opinión de El Vértice
El envejecimiento de la población española no es un debate abstracto para el año 2050: es ya, con el 21,1% de la población por encima de los 65 años, una realidad que exige respuestas concretas y cotidianas. Lo que demuestra la experiencia de estos vecinos de Oropesa del Mar es que, frente a la soledad no deseada que afecta a uno de cada cinco mayores de 75 años en España, no siempre hace falta esperar a una política pública: basta con que un grupo de personas decida, por sí mismo, reunirse cada tarde con la única excusa de pasarlo bien. Es una lección de autonomía y de comunidad que merece ser contada, y que las administraciones harían bien en observar antes de intentar sustituirla por un programa oficial que, con toda su buena intención, quizá nunca logre el mismo entusiasmo espontáneo.
