Carlos Sainz sigue vivo en el Dakar 2026 contra todo pronóstico. El piloto español ha salvado dos auténticas bolas de partido en la exigente etapa maratón tras sufrir graves problemas mecánicos en su Ford Raptor, primero en el embrague —arrastrado desde ayer— y después en el motor V8, que hoy ha estado a punto de dejarle fuera de carrera.
El propio Sainz lo reconoce sin rodeos: “Estoy ya de propina”.
Una etapa con el coche al límite
El madrileño afrontó la jornada sabiendo que pararse podía significar el abandono. El embrague apenas funcionaba y solo permitía un arranque, lo que obligó al piloto a evitar cualquier detención, incluso en la zona de neutralización, lo que le costó un minuto de penalización.
La razón era clara: si el coche se detenía en una zona de arena, cuesta arriba o trialera, no habría forma de volver a arrancar.
“Teníamos solo un cartucho. El embrague podía usarse una vez y fue para arrancar el tramo”, explicó Sainz tras la etapa.
El susto mayor: el motor V8
Si el embrague ya condicionaba la estrategia, el verdadero susto llegó con el motor 5.0 V8 del Ford Raptor. El problema estaría relacionado con la bomba de aceite, una avería que disparó todas las alarmas en el equipo estadounidense.
Sainz ya había advertido antes del Dakar que el propulsor podía ser uno de los talones de Aquiles del proyecto. La sospecha se confirmó en plena especial.
“A mitad de la etapa, cuando se encendió la alarma, pensé que nos íbamos para casa”, confesó.
Noche en vela con Lucas Cruz
La supervivencia en el Dakar no se improvisa. Carlos Sainz y su copiloto, Lucas Cruz, estuvieron reparando el coche hasta las 23:30 horas la noche anterior, en un esfuerzo titánico para poder tomar la salida.
Ese trabajo permitió que el Ford Raptor llegara a meta… aunque por los pelos.
“Nos tocó la lotería. Entre el motor y el embrague, acabar la etapa ya es una victoria”, resumió el piloto español.
Sin recortar tiempo… pero con vida
La jornada no permitió a Sainz recortar distancias con rivales directos como Nasser Al-Attiyah o Henk Lategan, pero el resultado pasa a un segundo plano.
Para el bicampeón del Dakar, llegar a meta ya es un triunfo.
“Para mí hoy es como una victoria. No me importa el tiempo. Haber llegado es motivo de felicidad”.
El Dakar no perdona
La etapa maratón ha vuelto a demostrar por qué el Dakar es la carrera más dura del mundo. No solo se compite contra los rivales, sino contra la mecánica, el desierto y el cansancio acumulado.
Carlos Sainz sigue en carrera, sí, pero caminando sobre el alambre. La gran incógnita ahora es cuánto más podrá resistir un coche que ya ha enseñado sus costuras.
Porque en el Dakar, cada kilómetro puede ser el último… y Sainz ya ha gastado más de una vida.

