Lo que está ocurriendo en la costa gallega podría acabar en una imagen difícil de imaginar: nichos cayendo al mar con restos humanos en su interior. La situación ha dejado de ser una advertencia para convertirse en una alarma social real.
Los vecinos de Tirán, en Moaña, denuncian que el deterioro extremo del cementerio parroquial amenaza con un derrumbe inminente, mientras las administraciones siguen sin actuar pese a conocer el problema desde hace años.
Grietas, inclinaciones y riesgo de colapso inmediato
El diagnóstico es claro y visible: grietas estructurales, desprendimientos y columbarios inclinados hasta medio metro hacia el vacío. La zona más afectada se sitúa junto al talud que desciende hacia la ría de Vigo, donde el terreno está siendo erosionado constantemente por el mar.
Vecinos como María Carmen, que tiene allí las cenizas de cinco familiares, alertan de que “los columbarios pueden caer en cualquier momento”. Algunas puertas ya no abren debido a la deformación, mientras fragmentos de yeso y pintura se acumulan en el suelo.
El problema no es nuevo, pero los temporales del último invierno han acelerado el deterioro, exponiendo una realidad que muchos consideran insostenible.
Burocracia, multas y parálisis: el papel de las administraciones
Uno de los puntos más polémicos es la inacción administrativa. Según los testimonios, tanto Patrimonio como Costas —organismos con competencias en la zona— han sido advertidos en reiteradas ocasiones.
Sin embargo, lejos de facilitar soluciones, algunos vecinos aseguran haber recibido advertencias de posibles sanciones. Es el caso de María José Valladares, quien afirma que se le advirtió de multas de entre 6 000 y 12 000 euros si intentaba realizar por su cuenta obras de protección en su nicho.
La contradicción genera indignación:
- No se permite actuar a los particulares
- No se ejecutan soluciones públicas
Mientras tanto, un proyecto existente desde hace siete años sigue bloqueado, atrapado en lo que los vecinos califican como “papeleo eterno”.
El mar avanza y el patrimonio retrocede
El enclave no es cualquiera. El cementerio, junto a una iglesia románica y con vistas a la ría, forma parte del patrimonio cultural y emocional de la comunidad.
Pero el mar no entiende de simbolismo. La combinación de salinidad, viento, lluvia y temporales está provocando una erosión progresiva del terreno, debilitando tanto el muro exterior como la base de los columbarios.
“El mar está comiendo el terreno poco a poco”, advierten los residentes, que temen que un nuevo temporal sea el detonante definitivo.
Indignación vecinal: “Queremos morir en paz”
Más allá del daño material, lo que emerge es un profundo malestar social. Los vecinos hablan de abandono institucional, impotencia y miedo.
Muchos tienen allí enterrados a padres, abuelos o parejas. La posibilidad de que sus restos acaben en el mar no solo es un problema técnico, sino también una cuestión de dignidad y respeto.
“Nos duele este abandono”, lamenta una vecina.
“Queremos conservar a nuestros muertos y poder morir tranquilos para ser enterrados aquí”.
La frase que más se repite resume el sentimiento colectivo:
“Queremos morir en paz”.
Soluciones urgentes que no llegan
Los afectados coinciden en que la clave pasa por una intervención directa en el frente marítimo. Entre las propuestas más señaladas está la construcción de un rompeolas que frene la erosión y estabilice el terreno.
Sin embargo, sin voluntad política ni ejecución de proyectos, el tiempo corre en contra.
Un problema local que refleja un patrón nacional
El caso de Tirán no es aislado. Cada vez son más las denuncias en España sobre infraestructuras deterioradas, patrimonio abandonado y lentitud administrativa.
La pregunta que queda en el aire es incómoda pero necesaria:
¿Cuántas advertencias hacen falta para actuar antes de que ocurra una tragedia?

