La protesta contra el nuevo Estatuto Marco impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez ya provoca un fuerte impacto en hospitales gallegos, con cirugías suspendidas y miles de pacientes afectados.
La tensión crece en la sanidad pública gallega. El primer día de la huelga indefinida convocada por los médicos contra el nuevo Estatuto Marco promovido por el Gobierno central dejó una imagen preocupante en Galicia: miles de actos médicos cancelados, hospitales alterados y pacientes atrapados en una nueva crisis asistencial.
En el área sanitaria de A Coruña y Cee, el paro se tradujo en la suspensión de 850 actos médicos, entre ellos 30 cirugías, 702 consultas hospitalarias, 35 consultas de atención primaria y 83 pruebas diagnósticas. Un escenario que vuelve a poner sobre la mesa el profundo malestar del colectivo sanitario frente a las políticas impulsadas desde Madrid.
El Estatuto Marco desata una rebelión médica en toda Galicia
La huelga, convocada de manera indefinida, surge como respuesta al nuevo Estatuto Marco planteado por el Ministerio de Sanidad. Los médicos denuncian que el texto supone un deterioro de sus condiciones laborales, una mayor burocratización y una pérdida de autonomía profesional.
El conflicto ya tiene consecuencias visibles. En toda Galicia se anularon 6 884 actos médicos en apenas una jornada. Los hospitales comenzaron la semana con retrasos, consultas suspendidas y un clima creciente de tensión entre profesionales y administración.
Mientras desde el Ejecutivo se insiste en que la reforma busca “modernizar” el sistema sanitario, buena parte del sector médico considera que se trata de un nuevo paso hacia la precarización de la profesión sanitaria.
El Chuac, entre los hospitales gallegos más afectados
El seguimiento de la huelga durante la mañana del martes colocó al Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) entre los centros con mayor impacto de toda Galicia.
El hospital coruñés registró un seguimiento del 23,82 %, solo por detrás de los hospitales de Vigo (27,07 %) y Pontevedra (23,67 %). Por detrás quedaron Santiago, Ourense, Lugo y Ferrol.
Estos datos reflejan un creciente malestar hospitalario, especialmente en los grandes complejos sanitarios, donde los profesionales denuncian sobrecarga asistencial, falta de personal y deterioro progresivo de la sanidad pública.
Atención primaria: mínimo seguimiento pero máxima presión
El contraste apareció en los centros de salud. La atención primaria del área de A Coruña y Cee apenas registró un seguimiento del 0,55 %, la cifra más baja de toda Galicia.
Sin embargo, fuentes sanitarias advierten de que el bajo seguimiento no significa ausencia de malestar. Muchos médicos de primaria reconocen sentirse “atrapados” entre la presión asistencial diaria y el temor a empeorar aún más la atención a los pacientes si abandonan sus puestos.
En Vigo, por ejemplo, el seguimiento en atención primaria alcanzó el 4,03 %, mientras que Ourense registró un 2,42 %.
Concentraciones diarias y creciente tensión política
Las protestas continuarán durante toda la semana con concentraciones frente a hospitales gallegos bajo el lema «Por un estatuto propio». Los sindicatos médicos exigen una negociación específica para el colectivo y rechazan que el Gobierno central imponga un modelo “sin escuchar a los profesionales”.
El conflicto amenaza con convertirse en un nuevo frente político para el Ejecutivo de Pedro Sánchez, especialmente en un contexto marcado por el desgaste de la sanidad pública, las listas de espera y el creciente descontento social.
Además, la huelga abre un debate incómodo: ¿puede sostenerse el sistema sanitario actual sin una reforma profunda y sin escuchar a quienes trabajan dentro de él?
Pacientes, los grandes perjudicados
Mientras continúa el pulso entre médicos y administración, los principales afectados vuelven a ser los ciudadanos. Decenas de pacientes vieron aplazadas consultas y operaciones que, en muchos casos, ya acumulaban meses de espera.
La incertidumbre sanitaria se mezcla ahora con el cansancio social ante un sistema que muestra signos de saturación en múltiples comunidades autónomas.
Porque detrás de cada cifra suspendida hay una persona esperando diagnóstico, tratamiento o intervención. Y la sensación de fondo empieza a extenderse peligrosamente: la sanidad pública española atraviesa una crisis estructural que ya no puede ocultarse.

