El estreno de Madring muestra la tecnología que se esconde detrás de la F1: más de 300 sensores por monoplaza, cientos de terabytes de datos, gemelos digitales e inteligencia artificial.

La Fórmula 1 estrena Madrid y, detrás del ruido de los motores, hay otra competición que apenas se ve desde las gradas. Ingenieros, fabricantes y gigantes tecnológicos libran una carrera paralela por procesar datos en milisegundos, anticipar movimientos en pista y utilizar la inteligencia artificial para tomar mejores decisiones.

El Madring Tech Summit, celebrado antes del Gran Premio de España, ha servido para mostrar parte de esa infraestructura invisible. Entre las demostraciones destacó una recreación mediante IA de la voz del piloto de Audi Nico Hülkenberg, desarrollada por ElevenLabs para interactuar con aficionados.

Pero la voz sintética es únicamente la parte más vistosa. Bajo cada carrera funciona una enorme infraestructura de sensores, telemetría, servidores, conexiones remotas, simulaciones, predicciones y ciberseguridad que ha transformado por completo la Fórmula 1.

Más de 300 sensores convierten cada F1 en una máquina de datos

Según explicó en el encuentro José Navarro, arquitecto de soluciones de Amazon Web Services (AWS), cada monoplaza cuenta con más de 300 sensores capaces de recopilar información sobre variables que van desde la temperatura de los neumáticos hasta el consumo de combustible o el funcionamiento del motor.

A esa información se añaden los tiempos registrados durante la prueba y los datos procedentes de más de 20 estaciones meteorológicas.

El resultado es una corriente continua de información que los equipos utilizan para interpretar qué está ocurriendo y tratar de anticipar lo que puede suceder en las siguientes vueltas.

La Fórmula 1 moderna, por tanto, no se decide únicamente por la velocidad pura del monoplaza. La capacidad de interpretar datos y reaccionar antes que el rival se ha convertido en otra variable competitiva.

Gemelos digitales: probar una pieza antes de fabricarla

La revolución tecnológica comienza mucho antes de que el coche llegue al circuito.

Uno de los ejemplos mostrados durante el encuentro fue el uso de gemelos digitales. Red Bull emplea herramientas de Siemens para diseñar componentes y comprobar virtualmente su funcionamiento antes de que lleguen a producción.

Un gemelo digital es, de forma simplificada, una representación virtual de un objeto o sistema real sobre la que pueden realizarse simulaciones.

Para una escudería supone la posibilidad de analizar el comportamiento de determinados componentes antes de asumir el coste y el tiempo necesarios para fabricarlos físicamente.

En un deporte condicionado por reglamentos estrictos y donde las diferencias pueden medirse en milésimas, acelerar ese ciclo de diseño, simulación y fabricación puede convertirse en una ventaja importante.

Marc Gené explica el límite de la IA: la última decisión sigue siendo humana

Toda esa tecnología no significa que los algoritmos hayan sustituido al piloto o al estratega.

El expiloto y embajador de Ferrari Marc Gené explicó en el Madring Tech Summit cómo ha evolucionado la categoría desde los antiguos motores V10 hasta los actuales sistemas híbridos.

La gestión energética introduce nuevas variables. La energía recuperada durante las frenadas debe administrarse estratégicamente y las características del trazado condicionan dónde y cuándo puede recuperarse y utilizarse.

Ferrari recibe además durante las carreras apoyo remoto desde su sede de Maranello, Italia.

Sin embargo, Gené introdujo un matiz fundamental ante el entusiasmo generado por la automatización: «la última palabra la toma una persona».

Es una cuestión especialmente relevante en la Fórmula 1. Un algoritmo puede analizar enormes cantidades de información, pero una conclusión pierde buena parte de su valor cuando llega demasiado tarde para actuar.

De 12 a 5 segundos para conectar el muro con la fábrica

La velocidad con la que circula la información se ha convertido en otra obsesión.

La plataforma Pitwall, desarrollada por Globant, integra más de 30 canales de vídeo, imágenes de cámaras instaladas en los coches, comunicaciones por radio y telemetría dentro de una misma interfaz.

La finalidad es que quienes trabajan desde el circuito y quienes permanecen en la fábrica puedan analizar simultáneamente la carrera.

Según Nico Ávila, responsable de inteligencia artificial para medios, entretenimiento, deportes y turismo de Globant, el tiempo de recepción de esa información se ha reducido de 12 a 5 segundos.

Cinco segundos todavía pueden parecer mucho cuando un monoplaza viaja a velocidades superiores a los 300 km/h.

Hasta 650 terabytes de datos en un Gran Premio

Las dimensiones de la infraestructura quedan reflejadas en otra cifra.

Según Lee Wright, director asociado de tecnología de Fórmula 1, en cada Gran Premio se mueven aproximadamente entre 600 y 650 terabytes de datos hacia el centro tecnológico situado en Reino Unido.

La información debe transmitirse con una latencia extremadamente reducida porque sobre ella funcionan simulaciones y diferentes procesos tecnológicos.

Cisco destacó precisamente la importancia de disponer de una red capaz de garantizar esa comunicación. En el caso de McLaren, durante la exposición se habló de una latencia de 130 milisegundos.

La comparación resulta gráfica: es menos tiempo del que dura un pestañeo.

La IA intenta anticipar dónde estará la próxima batalla

La inteligencia artificial tampoco se utiliza exclusivamente dentro de las escuderías.

AWS ha desarrollado Track Pulse, una herramienta destinada a ayudar a la producción televisiva de la Fórmula 1.

El sistema reúne información en tiempo real de los monoplazas, comportamiento de los neumáticos, diferencias de ritmo y datos históricos para detectar situaciones que pueden convertirse en relevantes antes de que resulten evidentes para el espectador.

Durante el Gran Premio de Estados Unidos de 2025, por ejemplo, la herramienta detectó que Charles Leclerc estaba prolongando excepcionalmente la vida de sus neumáticos medios y avisó al equipo de realización para que prestase atención a esa estrategia.

Según lo expuesto en el Summit, el sistema llegó además a anticipar con cinco vueltas de margen un duelo entre Lando Norris y Lewis Hamilton en Arabia Saudí.

La IA, en este caso, no conduce el coche. Intenta responder a otra pregunta: ¿dónde va a producirse la historia que las cámaras deberían mostrar?

De transportar un centro de datos de 250 toneladas a producir en remoto

La transformación tecnológica también ha reducido la gigantesca logística asociada a cada carrera.

Wright explicó que en 2017 la Fórmula 1 transportaba un centro de datos de 250 toneladas alrededor del mundo. La evolución hacia la producción remota permitió pasar de aproximadamente 14 contenedores de equipamiento técnico a solo tres.

Actualmente, alrededor de 160 profesionales trabajan físicamente en el circuito, mientras otros 140 operan desde el centro de medios y tecnología de Biggin Hill, en Reino Unido, donde se produce la señal internacional.

Lenovo proporciona a la organización buena parte de la infraestructura informática, incluyendo ordenadores, servidores y almacenamiento.

En Biggin Hill existen 66 armarios de equipamiento informático, mientras que los sistemas que acompañan físicamente al campeonato tienen que soportar vuelos, camiones, golpes, cambios bruscos de temperatura, humedad y constantes operaciones de carga y descarga.

La denominada «nube» de la Fórmula 1 sigue necesitando, paradójicamente, una considerable infraestructura física.

La ciberseguridad se convierte en otra carrera dentro de la F1

Cuanto mayor es la dependencia tecnológica, mayor es también la superficie susceptible de sufrir un ataque.

Durante el Madring Tech Summit se afirmó que cinco equipos han comunicado ciberataques relevantes durante los últimos seis años, aunque la información presentada no identifica qué escuderías los sufrieron.

Entre los riesgos mencionados aparecen suplantaciones de identidad, ataques destinados a dejar servicios fuera de funcionamiento y amenazas contra sistemas relacionados con los monoplazas.

En este contexto entran también los llamados agentes de inteligencia artificial, sistemas capaces de realizar determinadas tareas con un grado elevado de autonomía.

CrowdStrike mostró un sistema en el que agentes de IA ofensivos y defensivos compiten entre ellos. Los primeros intentan encontrar vías de ataque y los segundos buscan neutralizarlas. Cuando uno consigue imponerse, la estrategia utilizada puede servir para entrenar al contrario.

El modelo recuerda inevitablemente a la propia filosofía de la Fórmula 1: un rival encuentra una ventaja y el resto intenta descubrir cómo neutralizarla.

Madring estrena una Fórmula 1 cada vez más dependiente de la inteligencia artificial

El estreno del Madring llega así en un momento en el que la Fórmula 1 está experimentando una transformación que va mucho más allá de motores, aerodinámica y neumáticos.

Los monoplazas generan información constantemente. Las fábricas trabajan conectadas con los circuitos. Los componentes pueden probarse virtualmente antes de existir. Los algoritmos analizan estrategias y la inteligencia artificial empieza incluso a anticipar qué acontecimiento de una carrera merece la atención de las cámaras.

Sin embargo, hay una frontera que los propios protagonistas todavía consideran esencial.

Los algoritmos pueden procesar información a una velocidad imposible para una persona, pero las decisiones críticas continúan teniendo responsables humanos.

Madrid estrena circuito mientras esa frontera empieza a hacerse cada vez más estrecha. En Madring competirán los pilotos, pero detrás de ellos habrá otra carrera igualmente feroz: la de los datos, la inteligencia artificial y la tecnología capaz de convertir unos pocos milisegundos en una ventaja sobre el rival.

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