La Xunta de Galicia impulsa una inversión de más de 460 000 euros en la AC-211 a su paso por Cambre para reducir el ruido, pero la medida estrella —bajar la velocidad a 30 km/h— ya genera dudas entre conductores y vecinos.
Lo que está ocurriendo en la Costa da Tapia podría reabrir el debate sobre si las políticas de “calmado del tráfico” son realmente eficaces o si esconden nuevas restricciones a la movilidad privada.
La Xunta actúa contra el ruido en Cambre con fondos europeos
La Xunta de Galicia ha sacado a licitación un proyecto para reducir la contaminación acústica en la carretera AC-211, en el municipio coruñés de Cambre, con una inversión superior a 460 000 euros, financiados a través de fondos Feder.
La iniciativa, presentada por la conselleira María Martínez Allegue, se enmarca dentro del Plan de Acción contra el Ruido del Ejecutivo gallego. Según la propia responsable autonómica, el objetivo es “minimizar el ruido y mejorar la calidad de vida de los vecinos”.
Sin embargo, el proyecto va más allá de una simple actuación técnica: plantea cambios estructurales en la movilidad de la zona.
Un tramo con más de 15 000 vehículos diarios en el punto de mira
La intervención afectará a un tramo de aproximadamente medio kilómetro, situado en las inmediaciones de la conexión con la N-6, donde circulan más de 15 000 vehículos al día.
Este volumen de tráfico convierte la zona en un punto crítico tanto en términos de ruido como de fluidez circulatoria. La Xunta considera que actuar aquí es clave, pero no todos comparten el enfoque elegido.
Las medidas: menos velocidad, más restricciones
El plan incluye varias actuaciones concretas:
- Reducción del límite de velocidad a 30 km/h
- Mejora del firme
- Renovación de aceras y zonas de aparcamiento
- Creación de itinerarios peatonales
Desde el Gobierno gallego se defiende que estas medidas fomentarán los desplazamientos a pie y reducirán el uso del coche, lo que a su vez disminuiría el ruido.
Pero esta visión choca con una realidad evidente: restringir la velocidad en una vía con alta densidad de tráfico podría generar más congestión, algo que algunos expertos consideran contraproducente.
¿Mejor calidad de vida o nuevas trabas al conductor?
El discurso oficial insiste en la mejora del entorno urbano y la calidad de vida. La alcaldesa de Cambre, Diana Piñeiro, ha calificado la actuación como “necesaria” para reforzar la seguridad vial y “humanizar” la zona.
No obstante, crece el debate sobre si estas políticas responden a una planificación equilibrada o a una tendencia cada vez más extendida de penalizar el vehículo privado en favor de modelos urbanos restrictivos.
En un contexto donde miles de trabajadores dependen del coche a diario, la imposición de límites tan bajos puede percibirse como una medida desconectada de la realidad.
Plazos y ejecución: obras nocturnas para evitar molestias
El proyecto ya está publicado en la Plataforma de Contratos Públicos de Galicia. Las empresas interesadas podrán presentar ofertas hasta el 18 de mayo.
Una vez adjudicadas, las obras tendrán un plazo estimado de seis meses y se ejecutarán en horario nocturno para reducir el impacto sobre los vecinos.
Un modelo urbano en cuestión
La intervención en Cambre no es un caso aislado. Forma parte de una tendencia más amplia en distintas administraciones: reducir la velocidad, limitar el tráfico y rediseñar las ciudades.
La pregunta que queda en el aire es clara:
¿Estamos ante una mejora real del bienestar ciudadano o ante una nueva ofensiva contra la movilidad individual?

