La esquiadora granadina Ana Alonso vivió un pequeño drama tras sus recientes éxitos en los Juegos Olímpicos de Bormio, al confesar que desconocía el paradero de sus medallas de bronce, aunque finalmente fueron encontradas en su propia mochila.
El ajetreo tras el podio
Ana Alonso, que logró dos bronces históricos en esquí de montaña —uno en la prueba de esprint y otro en el relevo junto a Oriol Cardona— relató a AS cómo la vorágine mediática y logística de los Juegos casi le hace perder sus galardones:
“No sé qué ha pasado. No sé si me las he dejado en la mochila de otro compañero, en un taxi o algo”.
La situación refleja los contratiempos habituales que sufren los deportistas de élite tras colgarse una medalla, especialmente cuando compiten en condiciones extremas. En el caso de Ana, su esfuerzo fue doble, ya que corrió con el cruzado de la rodilla izquierda roto tras un accidente el pasado septiembre durante sus entrenamientos.
Una agenda imposible
Desde su primera medalla, Alonso ha vivido una agenda frenética: atención a medios nacionales, entrenamientos para el relevo, ceremonias de entrega, viajes institucionales —incluyendo visitas a la Casa Real, Moncloa y al Comité Olímpico Español— y apariciones en medios de entretenimiento. En medio de este ajetreo, las medallas se extraviaron temporalmente, aunque la deportista no mostró preocupación:
“El menor de mis problemas estos días”, afirmó, consciente de que el COI dispone de medallas de reemplazo en caso de pérdida o daño.
Finalmente, las medallas aparecieron en lo profundo de su mochila, evitando así que el incidente pasara a mayores y permitiendo a Alonso seguir disfrutando de su histórico doble podio olímpico.

