El microbiólogo argentino Gustavo Palacios advierte de que el virus de los Andes puede transmitirse entre personas en simples encuentros sociales. La OMS sigue con preocupación el brote del buque MV Hondius mientras crecen las dudas sobre el control sanitario internacional.
La sombra de una nueva crisis sanitaria vuelve a encender las alarmas internacionales.
Mientras todavía persisten las consecuencias económicas y sociales de la pandemia de covid, científicos y autoridades sanitarias observan con inquietud la evolución del brote de hantavirus detectado en el buque MV Hondius, donde ya han muerto varias personas.
El motivo de la preocupación no es únicamente la gravedad del virus, sino una posibilidad que durante años gran parte de la comunidad científica minimizó:
el contagio entre humanos mediante contactos sociales aparentemente normales.
Ahora, uno de los investigadores que más ha estudiado este fenómeno rompe el silencio.
“Este virus puede transmitirse en cadenas”
El microbiólogo argentino Gustavo Palacios, investigador del hospital Monte Sinaí de Nueva York y uno de los mayores expertos mundiales en hantavirus, asegura que el llamado virus de los Andes es mucho más peligroso de lo que durante años se quiso admitir.
Según explica, este patógeno no solo se transmite desde roedores a humanos —como ocurre habitualmente con otros hantavirus—, sino que puede generar:
- contagios entre personas,
- eventos superpropagadores,
- y pequeñas cadenas de transmisión.
“Estamos hablando de un patógeno más virulento y capaz de generar contagios en cadena”, advierte el científico.
Sus declaraciones llegan en un momento especialmente delicado, cuando la Organización Mundial de la Salud compara la situación del MV Hondius con un brote ocurrido en la Patagonia argentina entre 2018 y 2019.
El brote argentino que desafió a la comunidad científica
Aquel episodio dejó:
- 34 contagios
- y 11 fallecidos
Todo comenzó tras la transmisión del virus desde roedores silvestres. Sin embargo, la expansión posterior encendió todas las alarmas.
Tres personas infectadas acudieron a:
- un cumpleaños,
- un funeral,
- y una consulta médica.
Los investigadores detectaron que esos encuentros actuaron como auténticos eventos supercontagiadores.
El problema es que durante años gran parte de la virología internacional se resistió a aceptar que el virus pudiera contagiarse entre humanos.
Según Palacios, reconocerlo suponía romper un paradigma científico establecido desde hacía décadas.
Un saludo en el baño bastó para contagiarse
Uno de los casos más inquietantes del estudio demuestra hasta qué punto el virus puede transmitirse en contactos sociales aparentemente inocentes.
En una fiesta con alrededor de 100 asistentes, una persona infectada acudió durante apenas una hora antes de comenzar a sentirse gravemente enferma.
Posteriormente falleció.
Los científicos reconstruyeron cuidadosamente los contactos posteriores y descubrieron que:
- la mayoría de contagios ocurrieron entre personas próximas,
- pero uno de los infectados estaba sentado en otra mesa.
¿Cómo se contagió?
La investigación reveló que ambos coincidieron brevemente en el baño y se saludaron.
Ese detalle desmontó la idea de que el virus solo se transmitía mediante contactos íntimos o situaciones hospitalarias extremas.
El miedo a otro error sanitario global
Las declaraciones de Palacios llegan en un contexto especialmente sensible tras la gestión internacional de la pandemia de covid.
El experto insiste en que no pretende generar alarmismo, pero sí reclamar realismo y vigilancia epidemiológica.
Especialmente porque las condiciones actuales del brote en el buque MV Hondius podrían favorecer aún más la propagación:
- espacios cerrados,
- convivencia continua,
- ventilación limitada,
- y alta densidad de pasajeros.
“Un barco facilita el contagio mucho más que una zona rural abierta”, advierte.
El virus tiene límites… pero sigue preocupando
Los investigadores subrayan que el virus de los Andes no posee la capacidad expansiva del coronavirus.
Según los estudios disponibles:
- las cadenas de contagio suelen frenarse tras dos o tres generaciones,
- y no existe transmisión sostenida indefinida.
Aun así, los expertos recuerdan que:
- el virus tiene una elevada mortalidad,
- provoca síndrome pulmonar grave,
- y todavía se conoce relativamente poco sobre su comportamiento.
Además, el periodo de incubación puede alcanzar hasta 45 días, lo que complica enormemente los controles sanitarios y el rastreo de contactos.
La OMS vigila mientras crecen las dudas
La preocupación internacional aumentó después de conocerse que decenas de pasajeros abandonaron el barco semanas atrás y viajaron posteriormente en vuelos comerciales a distintos países.
Aunque no existe evidencia de transmisión masiva internacional, los especialistas insisten en que las autoridades sanitarias deberían:
- reconstruir contactos,
- mantener vigilancia activa,
- y monitorizar síntomas durante semanas.
La situación vuelve a abrir un debate incómodo que muchos gobiernos intentan evitar:
¿están realmente preparados los sistemas sanitarios occidentales para detectar y contener nuevos brotes antes de que escalen?
Un virus poco estudiado y lleno de incógnitas
El propio Palacios reconoce que el virus Andes sigue siendo un gran desconocido para la ciencia.
Durante décadas recibió poca atención internacional debido al bajo número de casos registrados y a su localización principalmente rural en Sudamérica.
Sin embargo, la aparición de nuevos brotes en entornos cerrados y con movilidad internacional ha cambiado completamente el escenario.
Ahora, científicos de varios países intentan determinar:
- cómo se transmite exactamente,
- cuánto tiempo puede permanecer activo,
- y qué riesgo real existe de nuevos eventos supercontagiadores.
El fantasma de otra crisis sanitaria
Aunque los expertos insisten en que no existe una situación comparable a la pandemia de covid, el caso del hantavirus vuelve a poner sobre la mesa las debilidades estructurales de la vigilancia epidemiológica global.
Porque el verdadero temor no es únicamente este brote concreto.
La preocupación de fondo es otra:
que el mundo siga reaccionando tarde ante amenazas sanitarias emergentes mientras las fronteras y la movilidad global multiplican la velocidad de propagación.

