Lo que ocurrió en A Coruña hace 25 años no fue solo una reapertura hospitalaria. Fue una batalla política, social y sanitaria que hoy vuelve a cobrar relevancia en pleno debate sobre la gestión pública de la sanidad.
Un grupo de trabajadoras, apoyadas por miles de ciudadanos, logró lo que parecía imposible: frenar el cierre del Hospital Militar y convertirlo en un centro público clave del Sergas. Una historia que incomoda a más de uno.
De hospital militar a símbolo de la sanidad pública
El actual Hospital Abente y Lago, inaugurado el 18 de abril de 2001, no nació de la nada. Durante siglos fue un hospital militar con una ubicación estratégica en O Parrote (A Coruña). Sin embargo, a principios de los años 90, el Ministerio de Defensa tomó una decisión que encendió todas las alarmas: cerrarlo definitivamente.
La excusa oficial apuntaba a la reorganización de recursos. Pero en la ciudad gallega muchos vieron algo más: el riesgo real de especulación inmobiliaria y la pérdida de un centro sanitario con capacidad para 300 camas, en un momento en que otros hospitales estaban saturados.
La rebelión ciudadana que incomodó al poder
Cuatro mujeres —Pilar Oviedo, Rosa Abad, Concha Pérez Pan y Encarna Marín— lideraron una movilización sin precedentes. Bautizadas como las “mosqueteras”, se convirtieron en el rostro visible de una lucha que unió a sindicatos, trabajadores y ciudadanía.
- Más de 25 000 personas salieron a la calle en una manifestación histórica.
- Se recogieron 60 000 firmas.
- Se organizaron cadenas humanas, encierros, protestas y campañas simbólicas.
Incluso introdujeron un elemento hoy habitual en las protestas: el lazo, en este caso verde quirúrgico, que rápidamente se extendió como símbolo de resistencia.
“Si las piedras aguantaban, nosotras también”, resumían décadas después.
El pulso con Defensa y la presión política
La situación escaló cuando en 1995 se fijó por escrito el cierre definitivo. La tensión aumentó ante la posibilidad de que el edificio acabara en manos privadas.
En ese contexto, las protestas llegaron hasta el corazón del poder:
- Encierro en la Catedral de Santiago durante una cumbre internacional con Helmut Kohl y Felipe González.
- Presión directa a ministros y altos cargos.
- Encierro de 27 días en el Ayuntamiento de María Pita.
La movilización fue tan intensa que logró lo impensable: forzar negociaciones entre administraciones enfrentadas.
Aquí entra un elemento clave que hoy genera debate político:
la implicación de distintos líderes, incluidos cargos que años después serían figuras relevantes en la política nacional.
El acuerdo que cambió todo
El 17 de octubre de 1995 se alcanzó un acuerdo decisivo:
- El hospital pasaría a manos del Sergas.
- Se fijó un precio de 7,13 millones de euros.
- Se invirtieron posteriormente más de 12,5 millones en su reforma.
El dato clave:
👉 Fue el único hospital militar en España que evitó su desaparición y siguió funcionando como hospital público.
2001: la reapertura que marcó un antes y un después
Tras años de obras y planificación, el hospital reabrió como un centro moderno orientado a cirugía de corta estancia.
Los primeros días reflejan la magnitud del reto:
- 12 intervenciones quirúrgicas en la jornada inaugural
- 20 estudios radiológicos
- Un equipo reducido pero altamente comprometido
Hoy, las cifras hablan por sí solas:
- 197 700 consultas anuales
- 17 700 cirugías al año
Una victoria incómoda para ciertos discursos
Este episodio deja varias preguntas incómodas en el panorama actual:
- ¿Qué habría ocurrido si la presión ciudadana no hubiera frenado el cierre?
- ¿Cuántos centros sanitarios podrían haberse perdido por decisiones políticas similares?
- ¿Se repite hoy el riesgo de privatización encubierta en la sanidad?
La historia del Abente y Lago demuestra que la movilización social puede frenar decisiones administrativas que afectan directamente al bienestar ciudadano.
El factor humano: la clave del éxito
Más allá de cifras y política, hay un elemento que se repite en todos los testimonios:
👉 la implicación total de los trabajadores.
Desde sanitarios hasta personal de limpieza o cocina, todos contribuyeron a levantar el hospital desde cero.
“Todo el mundo trabajó de una forma que no recuerdo otra”, recuerdan quienes participaron en su puesta en marcha.
Imágenes recomendadas para el artículo
- Protestas de los años 90 frente al hospital
- Manifestación multitudinaria en A Coruña
- Fachada del Hospital Abente y Lago (actual)
- Portadas históricas de prensa
Conclusión: una lección que sigue vigente
El caso del Hospital Abente y Lago no es solo memoria histórica. Es un recordatorio de que las decisiones políticas sobre sanidad tienen consecuencias reales y duraderas.
Y también una advertencia:
cuando la ciudadanía se organiza, incluso las decisiones del Estado pueden cambiar.
¿Estamos hoy tan lejos de repetir un conflicto similar o simplemente hemos aprendido a no verlo venir?
