El jefe del Ejército de Irán, el general de división Amir Hatami, lanzó este miércoles una advertencia directa sobre la posibilidad de una acción militar preventiva en respuesta a lo que calificó como una intensificación de la retórica hostil contra Teherán, en una alusión implícita a las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump.
Hatami aseguró que las Fuerzas Armadas iraníes se encuentran “mucho más preparadas y fuertes” que en el pasado y advirtió de que cualquier violación de la soberanía nacional recibirá una “respuesta decisiva”. “La República Islámica considera esta retórica como una amenaza y no dejará su continuación sin respuesta”, afirmó, según recogió la agencia estatal IRNA, durante un discurso ante cadetes en una academia militar de Teherán.
Las declaraciones llegan en un momento de elevada tensión interna y externa para Irán, que afronta simultáneamente protestas masivas por el deterioro económico y un clima de presión internacional marcado por la postura de Estados Unidos y Israel. Hatami asumió recientemente el mando del Ejército regular tras la muerte de varios altos cargos militares durante el conflicto de doce días del pasado mes de junio, convirtiéndose en el primer militar no perteneciente a la Guardia Revolucionaria en ocupar este puesto en décadas.
El alto mando castrense subrayó que, tras la última guerra, el nivel de preparación del país ha aumentado de forma significativa. “Si el enemigo comete un error, se enfrentará a una respuesta más contundente. Cortaremos la mano a cualquier agresor”, afirmó, elevando el tono de advertencia hacia posibles acciones externas.
Las amenazas se producen después de que Trump advirtiera la semana pasada de una posible intervención de Washington si las autoridades iraníes continúan utilizando fuerza letal contra manifestantes pacíficos. Estas palabras cobraron especial relevancia tras la reciente operación militar estadounidense en Venezuela, en la que fue capturado el presidente Nicolás Maduro, aliado histórico de Teherán.
En el plano interno, Irán vive desde diciembre una oleada de protestas en las principales ciudades del país, como Teherán e Isfahán, alimentadas por una inflación que supera el 40% y un encarecimiento de los alimentos que, según analistas, rebasa el 70%. Grupos de derechos humanos aseguran que al menos 36 personas han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
El Gobierno iraní ha tratado de aliviar la presión social con subsidios mensuales para productos básicos como arroz, carne y pasta, aunque comerciantes y economistas advierten de que la depreciación del rial y el fin de un tipo de cambio preferencial podrían provocar nuevas subidas de precios en bienes esenciales.
Pese a las medidas, los manifestantes han anunciado que continuarán en las calles hasta que se produzcan cambios estructurales que frenen el deterioro económico y la represión política, en un contexto que mantiene a Irán en una situación de alta volatilidad interna y con crecientes riesgos de escalada regional.

