Sumar, socio clave del Gobierno de Pedro Sánchez, ha dado un giro trascendental en política exterior al aceptar el envío de tropas españolas a Ucrania una vez se alcance un acuerdo de paz. La formación de extrema izquierda justifica esta decisión como parte de una misión para garantizar un “cese al fuego”, siempre bajo el paraguas de organismos internacionales como la ONU o la OSCE.
El movimiento supone un salto cualitativo: de la retórica pacifista al respaldo explícito a una intervención militar española en suelo ucraniano, aunque disfrazada de “misión de observación”.
Un cambio histórico en el discurso de Sumar
Según fuentes de la coalición consultadas por Europa Press, el alto el fuego en Ucrania sería “un paso fundamental tras cuatro años de guerra abierta, destrucción y muerte”, y podría incluir, “en función de las condiciones que se den”, la presencia de efectivos españoles.
En concreto, Sumar plantea la participación de tropas españolas en tareas de observación y verificación del acuerdo, siempre que exista un mandato multilateral de la Organización de las Naciones Unidas o de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.
Este planteamiento contrasta frontalmente con el discurso histórico de la izquierda radical, tradicionalmente contraria a cualquier despliegue militar en conflictos internacionales.
Sánchez busca apoyos para un envío de tropas
Las declaraciones de Sumar llegan en pleno movimiento del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha anunciado su intención de reunirse con la mayoría de grupos parlamentarios para recabar apoyos al envío de tropas españolas a Ucrania una vez finalice formalmente la guerra.
La posición de Sumar resulta clave para garantizar la estabilidad del Ejecutivo, ya que su respaldo allana el camino para una decisión que, de otro modo, provocaría una fuerte contestación interna.
Ernest Urtasun y el relato “multilateral”
El ministro de Cultura y portavoz destacado de Sumar, Ernest Urtasun, ha sido uno de los rostros visibles de este cambio de narrativa. Desde la coalición insisten en que no se trataría de una operación de combate, sino de una misión internacional de supervisión, una fórmula semántica que busca rebajar el impacto político del envío de soldados.
Sin embargo, el fondo es innegable: España pasaría a tener presencia militar directa en Ucrania.
El pretexto: romper con Estados Unidos
Sumar justifica este giro alegando la necesidad de que Europa rompa su “dependencia política y militar” de Estados Unidos, especialmente tras lo que califican como “violaciones del derecho internacional” por parte de la Administración de Donald Trump”.
Desde la coalición sostienen que la Unión Europea debe construir “urgente y democráticamente” su propia soberanía política y de seguridad, una tesis que sirve de coartada ideológica para legitimar el despliegue militar europeo… y español.
Más soldados, menos explicaciones
Lo que Sumar presenta como una misión de paz es, en la práctica, un cambio profundo en la política exterior española, aceptado sin un debate público real y con escasa transparencia sobre los riesgos, costes y consecuencias.
Mientras tanto, el Gobierno avanza hacia un escenario en el que soldados españoles podrían acabar desplegados en uno de los conflictos más explosivos del planeta, con el aval de una izquierda que hasta ayer se declaraba pacifista.
La pregunta es inevitable:
¿misión de observación o primer paso hacia una implicación militar mucho mayor?

