La industria petrolera de Venezuela afronta un problema crítico antes incluso de poder despegar de nuevo: no hay espacio para almacenar más crudo. Un volumen estimado de hasta 90 millones de barriles permanece acumulado en petroleros fondeados frente a sus costas y repartidos por distintas rutas marítimas, una cantidad suficiente para cubrir la demanda total de España durante más de dos meses.
El cuello de botella se ha convertido en una amenaza directa para la producción actual y futura del país. Con los tanques terrestres prácticamente llenos, Venezuela podría verse obligada a cerrar pozos de forma temporal, justo cuando Estados Unidos y otros actores internacionales estudian reactivar inversiones en el sector energético venezolano.
Un tesoro flotante que bloquea la producción
Según estimaciones de firmas como Goldman Sachs, el crudo almacenado en buques —muchos de ellos antiguos petroleros— ronda los 90 millones de barriles. Parte de este petróleo lleva meses, incluso años, sin poder comercializarse debido a las sanciones internacionales, lo que ha obligado a usar el mar como almacén improvisado.
Fuentes del sector han detectado al menos 15 petroleros inmovilizados en el Golfo de Venezuela, algunos de ellos superpetroleros (VLCC) con capacidad para dos millones de barriles cada uno. En conjunto, este volumen equivale a casi un día entero de producción mundial de petróleo o a más de tres meses de producción venezolana.
PDVSA, al límite
La situación afecta de lleno a Petróleos de Venezuela (PDVSA), cuya producción ronda actualmente el millón de barriles diarios. Si no se libera capacidad de almacenamiento en los próximos días, la estatal podría verse forzada a detener parte de su actividad extractiva.
Mientras tanto, compañías como Chevron continúan produciendo en sus empresas mixtas con PDVSA sin interrupciones, aunque el problema logístico sigue sin resolverse para el grueso del crudo venezolano.
Buques fantasma y petróleo de alto valor
Buena parte del crudo almacenado corresponde al Merey, la mezcla insignia de Venezuela, un petróleo pesado que requiere dilución con crudos más ligeros o nafta para poder transportarse. Esto incrementa su valor, pero también sus costes.
Para sortear sanciones, Venezuela depende de una flota clandestina de “buques fantasma”, petroleros que apagan o manipulan sus transpondedores y operan fuera de los circuitos regulados de seguros y financiación occidentales. Según S&P Global, al menos 54 buques participan activamente en este tráfico opaco.
España, posible destino del crudo
Los expertos coinciden en que el desbloqueo del tapón petrolero exigirá decisiones rápidas y audaces. Parte de este crudo podría dirigirse a Estados Unidos o a países de la región, pero también a España, que ha sido uno de los grandes compradores de petróleo venezolano en los últimos años.
Sin liberar este “tesoro flotante”, el renacer de la industria petrolera venezolana corre el riesgo de quedar varado antes de comenzar.

