La otra pandemia silenciosa que golpea a España
Lo que está ocurriendo en los centros de salud españoles preocupa cada vez más a los profesionales sanitarios. Aunque las cifras oficiales muestran una ligera reducción de los suicidios consumados, los médicos advierten de una realidad mucho más inquietante: los intentos de suicidio y los pensamientos suicidas continúan creciendo de forma alarmante.
La doctora María Jesús Cerecedo Pérez, médica de familia en el centro de salud de Santa Cruz, en Oleiros, lanzó una seria advertencia durante las jornadas organizadas por la Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria (Agamfec) en A Coruña. La especialista considera que España afronta una auténtica “pandemia de salud mental”, agravada tras el covid y todavía insuficientemente atendida por las administraciones públicas.
Más muertos por suicidio que por accidentes de tráfico
Las cifras desmontan muchos discursos oficiales. Según los datos expuestos por la doctora, en España se producen 11,3 suicidios diarios, convirtiéndose en la segunda causa de muerte no natural, por encima incluso de los accidentes de tráfico.
Durante 2024 se registraron 3 953 suicidios, lo que supone 163 menos que el año anterior. Sin embargo, los expertos subrayan que este descenso no puede interpretarse como una victoria política o sanitaria porque el verdadero problema sigue creciendo bajo la superficie.
“Los suicidios empiezan a bajar, pero no los intentos ni la ideación suicida”, advirtió Cerecedo.
El mensaje es claro: el sistema sanitario está logrando contener parcialmente las consecuencias más extremas, pero no está resolviendo el origen del sufrimiento psicológico que afecta a miles de españoles.
El covid disparó la soledad y el deterioro emocional
La médica gallega reconoce que la pandemia marcó un antes y un después. El confinamiento, la ruptura de relaciones sociales, la incertidumbre económica y la sensación de aislamiento aceleraron un deterioro emocional especialmente visible entre jóvenes y ancianos.
Para muchos profesionales sanitarios, el covid no creó la crisis de salud mental, pero sí actuó como un acelerador brutal de problemas que ya existían: ansiedad, depresión, soledad crónica, consumo de psicofármacos y pérdida de vínculos familiares.
En este contexto, los médicos de familia se han convertido en la primera línea de detección de conductas suicidas.
Atención Primaria: médicos saturados y sin tiempo para escuchar
Uno de los aspectos más críticos denunciados durante las jornadas fue la situación de la Atención Primaria. Los médicos aseguran que se les exige detectar problemas psicológicos complejos mientras trabajan con agendas completamente colapsadas.
La propia doctora Cerecedo reconoció que muchos pacientes no verbalizan directamente su sufrimiento emocional. En numerosas ocasiones acuden por dolores físicos, insomnio o ansiedad, cuando detrás existe un problema psicológico mucho más profundo.
“La gente no llega diciendo ‘quiero suicidarme’. Para que hablen necesitas tiempo y un ambiente tranquilo”, explicó.
Sin embargo, la realidad es muy distinta. Muchos facultativos atienden decenas de pacientes en apenas unas horas, lo que dificulta cualquier seguimiento emocional serio.
Jóvenes con autolesiones y mayores atrapados en la soledad
Los médicos detectan perfiles especialmente vulnerables. Entre los jóvenes preocupa el aumento de las autolesiones y de trastornos emocionales relacionados con la presión social, las redes sociales y la falta de estabilidad emocional.
En paralelo, entre las personas mayores crece la preocupación por la soledad no deseada, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas y poco apoyo familiar o sociosanitario.
Los expertos insisten en que existen factores de riesgo claros:
- Antecedentes familiares de enfermedad mental
- Situaciones de aislamiento social
- Eventos traumáticos o estresantes
- Falta de apoyo emocional
- Problemas económicos y laborales
Frente a ello, los médicos reivindican la importancia del vínculo estable entre paciente y médico de cabecera, algo que consideran cada vez más amenazado por la precariedad y la rotación constante de profesionales.
Psicólogos insuficientes y promesas políticas limitadas
La crítica hacia la gestión sanitaria también estuvo presente durante las jornadas médicas celebradas en A Coruña. Los facultativos consideran insuficiente el refuerzo anunciado por el Ministerio de Sanidad en materia de salud mental.
Cerecedo fue especialmente contundente al señalar que aumentar “medio psicólogo” en algunos centros resulta claramente insuficiente para abordar una crisis nacional.
Los profesionales reclaman:
- Más psicólogos clínicos en Atención Primaria
- Refuerzo de psiquiatría pública
- Menos burocracia administrativa
- Más tiempo por paciente
- Programas preventivos reales
También destacaron la creación de unidades específicas de prevención del suicidio como un paso positivo, aunque todavía insuficiente frente a la magnitud del problema.
Una sanidad pública bajo presión
Las jornadas de Agamfec sirvieron además para abrir un debate más amplio sobre el deterioro estructural de la Atención Primaria en España. Bajo el lema “¿Reformar o resistir?”, numerosos profesionales denunciaron la sobrecarga de consultas y el abandono progresivo del primer nivel asistencial.
La doctora Rosa Rodríguez Álvarez cuestionó incluso si resulta humanamente posible atender hasta 70 pacientes en una sola mañana sin deteriorar gravemente la calidad asistencial.
Mientras el debate político sigue centrado en titulares y campañas institucionales, los médicos advierten de que la crisis de salud mental continúa creciendo silenciosamente en consultas desbordadas, especialmente entre quienes no encuentran apoyo ni respuestas rápidas en el sistema público.
La salud mental deja de ser un tabú
Pese al escenario preocupante, los especialistas coinciden en un punto: hablar del suicidio salva vidas. El gran cambio, sostienen, es que la sociedad empieza lentamente a romper el silencio y el estigma que históricamente rodearon la salud mental.
La conclusión de los médicos es contundente: quien piensa en suicidarse no quiere morir, quiere dejar de sufrir. Y para evitar más tragedias, España necesitará mucho más que campañas institucionales o declaraciones políticas.
Porque la gran pregunta sigue sobre la mesa:
¿Está realmente preparado el sistema sanitario español para afrontar la mayor crisis de salud mental de las últimas décadas?

