El líder de Vox eligió la ciudad autónoma para el 12 de octubre junto a Jordan Bardella, en una visita marcada por las reivindicaciones fronterizas y el respaldo de simpatizantes ceutíes.
Ceuta volvió a situarse en el centro del debate nacional sobre la inmigración, la soberanía española y la seguridad de la frontera con Marruecos. Santiago Abascal escogió la ciudad autónoma para celebrar el Día de la Fiesta Nacional, en lugar de acudir a la tribuna institucional de Madrid, y convirtió la visita en una demostración política junto a Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional de Francia, y Fabrice Leggeri, antiguo director de Frontex.
La jornada combinó una ofrenda floral, una rueda de prensa frente a la frontera y encuentros con vecinos que expresaron su preocupación por la situación de la ciudad. El acto también dejó una imagen menos habitual: la de una sociedad diversa, con jóvenes que se mantienen al margen de los partidos y ciudadanos que reclaman que la atención política no desaparezca cuando termina la cobertura mediática.
Abascal elige Ceuta para el 12 de octubre y evita la tribuna de Sánchez
El 12 de octubre de 2026, Santiago Abascal se desplazó a Ceuta para reivindicar la defensa de la frontera española. El presidente de Vox había anunciado que no compartiría tribuna con el Gobierno de Pedro Sánchez, al que acusó de haber traicionado a España y abandonado la frontera.
La visita comenzó en el puerto de Algeciras, desde donde Abascal embarcó en el ferry de las 10.00 horas acompañado por Jordan Bardella y Fabrice Leggeri. La comitiva defendió la necesidad de reforzar la cooperación entre fuerzas políticas europeas partidarias de una política migratoria más restrictiva.
Una vez en Ceuta, Abascal recorrió varios puntos de la ciudad y acudió a la plaza de África, donde saludó a simpatizantes, escuchó el himno nacional y depositó una corona de flores ante el monumento dedicado a los soldados españoles caídos en la Guerra de África.
La elección de Ceuta no fue casual. La ciudad, situada en la frontera con Marruecos, ocupa una posición estratégica en el debate sobre el control migratorio, la seguridad fronteriza y la capacidad del Estado para garantizar su presencia efectiva en todo el territorio nacional.
Vox reclama militarizar la frontera y endurecer las devoluciones
En el mirador de Isabel II, en el monte de García Aldave, Abascal ofreció una rueda de prensa con vistas a la frontera marroquí. Allí reclamó militarizar la frontera y defendió la expulsión de los inmigrantes que entraron durante las recientes crisis fronterizas.
El dirigente de Vox también acusó al Gobierno de Sánchez de haber permitido una entrada migratoria que describió como «patrocinada por Marruecos». Se trata de una acusación política formulada por Abascal, no de un hecho acreditado por la información de partida.
Sus propuestas se enmarcan en la línea de Vox, que defiende un mayor control fronterizo y una política de expulsiones más estricta. Sin embargo, cualquier medida debe ajustarse a las obligaciones legales de España, incluidas las garantías aplicables a las solicitudes de protección internacional y a las personas que puedan encontrarse en situaciones de especial vulnerabilidad.
El debate de fondo va más allá de las consignas. ¿Cómo puede España reforzar el control de su frontera sin incumplir sus obligaciones jurídicas? La respuesta exige medios operativos, coordinación con las autoridades europeas y marroquíes y procedimientos que permitan actuar con eficacia dentro de la ley.
Bardella advierte de que Ceuta anticipa el futuro de Europa
La presencia de Jordan Bardella buscó dar una dimensión europea a la visita. El dirigente francés advirtió de que lo que sucede en Ceuta puede anticipar problemas para otros territorios europeos si no se refuerza el control de las fronteras comunitarias.
Su participación permitió a Vox presentar la situación de la ciudad como parte de una discusión más amplia sobre inmigración, seguridad y cooperación entre partidos nacionales conservadores y soberanistas.
La colaboración entre Abascal y Bardella también proyectó una imagen de coordinación política entre España y Francia. Ambos defendieron un enfoque más duro frente a la inmigración irregular, aunque las competencias y las circunstancias fronterizas de cada país no son idénticas.
La visita tuvo, además, un componente simbólico: situar el debate migratorio en una frontera exterior de la Unión Europea, lejos de los escenarios habituales de la política nacional.
Los vecinos que respaldan a Abascal: «Apoyamos a los que vienen a apoyar a Ceuta»
En la plaza de África, varios vecinos esperaron la llegada del líder de Vox. Entre ellos estaban Charo, Lola, Virginia y Juani, residentes en distintas barriadas de la ciudad. Las cuatro resumieron su presencia con una frase: «Apoyamos a los que vienen a apoyar a Ceuta».
Su testimonio refleja una demanda de visibilidad política. Para estos ciudadanos, la visita suponía una oportunidad para que los problemas de la ciudad autónoma recibieran atención fuera de sus límites geográficos.
También acudieron María y Daniela, dos hermanas que aprovecharon la jornada para pasear con sus perros y presenciar el acto. María, estudiante de Derecho a través de la UNED, expresó su deseo de que la presencia de dirigentes nacionales sirva para que no se olvide el futuro de los jóvenes ceutíes.
Las escenas muestran que el respaldo al acto no se limitó a una única motivación: algunos asistentes destacaban la seguridad y la inmigración, mientras otros reclamaban atención para la ciudad y sus oportunidades de futuro.
La movilización de simpatizantes, no obstante, no permite medir por sí sola el apoyo electoral al partido ni representa necesariamente la opinión de todos los ceutíes.
La preocupación por la inmigración en la frontera con Marruecos
Entre los asistentes se encontraba Juan Antonio, un taxista de 60 años que expresó su rechazo a la inmigración irregular y defendió que debía ponerse fin a lo que él considera una situación de invasión.
Durante la conversación, el vecino aludió a informaciones sobre la presencia de fragatas marroquíes en aguas territoriales españolas los días 30 y 31 de julio. La información difundida por RTVE sobre esos buques y la llegada masiva de inmigrantes constituye un asunto distinto que requiere examinar las circunstancias concretas de los movimientos navales y los límites marítimos.
Las declaraciones de Juan Antonio reflejan la percepción de una parte de los ciudadanos, pero no deben confundirse con una descripción objetiva de todos los movimientos migratorios ni con una conclusión jurídica sobre la actuación de Marruecos.
En Ceuta, la cercanía física de la frontera hace que las crisis migratorias tengan una repercusión inmediata en la vida cotidiana. La presión sobre los recursos de acogida, la vigilancia fronteriza y la coordinación institucional son cuestiones que requieren respuestas sostenidas, no solo atención durante episodios de máxima tensión.
Una ciudad diversa que no cabe en un único discurso político
La crónica de la jornada también retrata una Ceuta que no puede reducirse al conflicto fronterizo. En el ferry desde Algeciras, el periodista Santiago Riesco Pérez conversó con tres jóvenes caballas, Ibrahim, Adan y Nani, trabajadores de entre 20 y 25 años criados en la barriada de O’Donnell, junto a la frontera.
Ibrahim explicó que es hijo de padre musulmán y madre cristiana y que se identifica con ambas tradiciones religiosas. Su relato sirve para ilustrar la convivencia y el mestizaje que forman parte de la realidad social de la ciudad.
Los tres jóvenes afirmaron que no eran votantes de Vox y mostraron poco interés por la política. En tono de broma, Nani dijo que votaría a Abascal porque se aburría. La escena revela una distancia generacional respecto a la política institucional, aunque no permite extraer conclusiones generales sobre todos los jóvenes de Ceuta.
Según los datos electorales citados en la crónica, Vox obtuvo 7.050 votos y cinco diputados en las últimas elecciones autonómicas de la ciudad. Esa cifra ofrece una referencia sobre su representación política, pero no equivale al respaldo que pueda recibir en una convocatoria nacional ni permite medir el efecto de esta visita.
El simbolismo del 12 de octubre y la memoria de la Guerra de África
La visita incluyó una ofrenda floral ante el monumento de la plaza de África dedicado a los soldados españoles caídos en la Guerra de África de 1859-1860.
El periodista observó que algunos asistentes atribuían el monumento a una guerra de 1934, una fecha que no coincide con la inscripción de la placa. La precisión histórica importa: el acto se celebró en un lugar que conecta la memoria militar española con la historia de Ceuta y su posición estratégica en el norte de África.
Entre los asistentes también había una pareja que portaba una bandera con la Cruz de Borgoña, un antiguo estandarte militar asociado a los ejércitos de la Monarquía Hispánica. Aunque su uso sigue apareciendo en determinados actos conmemorativos y grupos tradicionalistas, no fue la bandera oficial del Imperio español en el sentido que algunas interpretaciones populares le atribuyen.
Estos detalles recuerdan que los símbolos nacionales forman parte de la escenografía política, pero también necesitan contexto histórico para evitar errores sobre su origen y significado.
Ceuta reclama atención más allá de las visitas políticas
La jornada dejó una paradoja: mientras los dirigentes nacionales situaban la frontera en el centro de sus discursos, varios vecinos insistían en que la ciudad necesita atención constante, no solo durante las crisis o las visitas de figuras políticas.
Un funcionario municipal resumió con humor la sensación de aislamiento que puede experimentar la ciudad cuando sus habitantes viajan a la península. Habló de la necesidad de una dosis de «peninsulitis», una forma irónica de expresar el deseo de mantener vínculos más frecuentes con el resto de España.
Los jóvenes entrevistados también recordaron que la percepción de Ceuta en la península ha cambiado con el tiempo. Según uno de ellos, antes decir que se venía de Ceuta podía despertar prejuicios, mientras que ahora algunos reciben muestras de solidaridad.
La frase apunta a una cuestión que trasciende la confrontación partidista: la necesidad de que los ciudadanos de Ceuta se sientan parte del debate nacional y de que sus preocupaciones se aborden con continuidad.
La frontera, la soberanía y el futuro de Ceuta
La visita de Abascal convirtió el 12 de octubre en Ceuta en un acto político centrado en la inmigración irregular, la seguridad fronteriza y la soberanía española. La presencia de Bardella reforzó el mensaje europeo de Vox, mientras que los testimonios recogidos en la ciudad mostraron una realidad social más amplia y diversa.
El reto para las instituciones consiste en responder a las preocupaciones legítimas sobre el control de la frontera y la capacidad de acogida sin reducir a los inmigrantes a una amenaza colectiva ni convertir las percepciones individuales en hechos probados.
Ceuta necesita seguridad, coordinación institucional y atención política continuada. La discusión sobre cómo lograrlo seguirá abierta, pero debería sustentarse en datos contrastados, respeto a la legalidad y medidas que respondan a las necesidades concretas de quienes viven en la ciudad durante todo el año.


