Dos incidentes marcaron el desalojo de asentamientos en Ceuta: un hombre fue arrestado por presuntas amenazas con arma blanca a un militar y otro pasajero utilizó gas pimienta dentro de un autobús policial.
Dos incidentes durante el desalojo de asentamientos en Ceuta
El operativo desplegado en Ceuta para retirar los últimos asentamientos de migrantes dejó el domingo dos incidentes que obligaron a intervenir a las fuerzas de seguridad. Un hombre fue detenido por presuntamente amenazar con un cuchillo a un militar del Regimiento de Regulares, mientras que otro ocupante de un autobús destinado al traslado de migrantes utilizó un espray de gas pimienta durante el trayecto.
Los hechos se produjeron en plena operación policial para desalojar asentamientos en zonas como Poblado de Regulares, Los Rosales y el polígono industrial del Tarajal. La intervención pretendía trasladar a las personas que permanecían en esos espacios al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), donde se realizan trámites de identificación y se determina su situación administrativa.
Según la información publicada por Antena 3 y Europa Press, el detenido quedó bajo custodia policial por la presunta comisión de un delito de amenazas graves con arma blanca. En el segundo incidente, la Policía Nacional abrió una investigación para esclarecer lo sucedido e identificar a quien facilitó el espray. Las autoridades indicaron que no se registraron daños personales por el uso del gas pimienta.
Así se produjo la amenaza con cuchillo a un militar
El primer incidente ocurrió durante la madrugada del sábado al domingo, en la avenida Cañonero Dato. Según la información de Antena 3, una patrulla militar localizó a varios migrantes en la zona.
Cuatro de ellos emprendieron la huida cuando fueron descubiertos. Los militares lograron controlar a uno de los hombres, que, de acuerdo con la información publicada, sacó un cuchillo del bolsillo y comenzó a amenazar a uno de los integrantes de la patrulla.
El militar pudo desarmarlo y mantener la situación controlada hasta la llegada de la Policía. Posteriormente, el hombre fue trasladado a dependencias policiales para responder por las presuntas amenazas.
El arresto se produjo en un contexto de tensión durante los desalojos, aunque conviene distinguir los hechos concretos de la operación en su conjunto: la actuación atribuida al detenido no permite responsabilizar al conjunto de las personas migrantes que se encontraban en los asentamientos. La responsabilidad penal, en todo caso, deberá determinarse mediante el procedimiento correspondiente.
El uso de gas pimienta obliga a desalojar un autobús
El segundo episodio tuvo lugar el domingo durante el traslado de personas desde los asentamientos hasta el CATE. Según informó la Delegación del Gobierno en Ceuta a Europa Press, uno de los pasajeros utilizó un bote de gas pimienta en el interior del autobús.
La Policía Nacional procedió a desalojar el vehículo para garantizar la seguridad de los ocupantes y del personal que participaba en el dispositivo. Los pasajeros fueron evacuados y reubicados en otros autobuses, según la información publicada por medios locales.
La investigación abierta por la Policía busca esclarecer las circunstancias del incidente y determinar quién proporcionó el espray a la persona que lo utilizó. Por el momento, la información disponible no permite atribuir ese suministro a una persona concreta ni establecer la motivación del acto.
La Delegación del Gobierno señaló que el operativo general había transcurrido con normalidad y sin incidentes reseñables, pese a este episodio. La ausencia de lesiones comunicadas no resta importancia a lo ocurrido: el uso de una sustancia irritante en un espacio cerrado puede afectar a varias personas y exige esclarecer cómo llegó el objeto al autobús.
Más de 350 agentes en el operativo de Ceuta
La Policía Nacional desplegó más de 350 agentes el domingo 18 de octubre para desmantelar varios de los asentamientos que aún permanecían en la ciudad autónoma. Según la información publicada por El País, la intervención se extendió por distintos puntos de la periferia, incluidos Poblado de Regulares, Los Rosales, la parte baja del Príncipe Alfonso, las antiguas naves del Tarajal y los alrededores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).
La operación contó principalmente con efectivos de las Unidades de Intervención Policial (UIP) y de Prevención y Reacción (UPR), además de la colaboración de la Policía Local en tareas de tráfico y seguridad vial.
El dispositivo se desarrolló en varias fases. En los barrios periféricos, los agentes organizaron la salida de las personas asentadas en las calles y zonas de monte. Después, el operativo se extendió al polígono industrial del Tarajal, donde algunos de los ocupantes trataron de huir ante la posibilidad de ser trasladados.
Los adultos fueron conducidos al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) para su identificación y la realización de los trámites pertinentes. En el caso de los menores, el procedimiento contempla su traslado a dependencias policiales para completar las diligencias correspondientes.
Las autoridades también coordinaron actuaciones con el Área de Inclusión de la Ciudad Autónoma para atender a familias vulnerables presentes en algunos de los asentamientos.
Una crisis migratoria que se prolonga desde julio
Los desalojos forman parte de la respuesta de las autoridades a las entradas masivas registradas en Ceuta a finales de julio de 2026. Desde entonces, diferentes playas, explanadas, terrenos de monte y espacios industriales se convirtieron en lugares de alojamiento improvisado para personas que permanecían en la ciudad sin una plaza estable en los recursos habilitados.
Las intervenciones se habían sucedido desde finales de septiembre. Tras retirar algunos campamentos, parte de sus ocupantes se trasladó a otras zonas, lo que obligó a la Policía a ampliar las actuaciones a nuevos puntos.
La situación ha planteado dificultades de seguridad, convivencia y gestión administrativa, además de un problema humanitario relacionado con las personas que dormían a la intemperie. La retirada de los asentamientos despeja los espacios ocupados, pero no resuelve por sí sola el futuro de quienes vivían allí.
Según el balance oficial recogido por El País, 11 756 personas habían regresado a Marruecos desde el 10 de agosto, sumando retornos voluntarios y expulsiones. La cifra corresponde al periodo y a las categorías recogidas por las autoridades; no debe interpretarse como el número de personas que participaron en el operativo del domingo.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había defendido la legalidad de los procedimientos de retorno y anunciado nuevas actuaciones para despejar las zonas de monte antes del Día de la Mochila, que se celebra el 1 de noviembre en Ceuta.
El debate sobre seguridad, control fronterizo y acogida
Los incidentes del domingo vuelven a poner sobre la mesa las dificultades de gestionar una crisis migratoria prolongada en una ciudad con una superficie reducida y recursos de acogida limitados.
Desde la perspectiva de la seguridad pública, las amenazas con arma blanca y el uso de sustancias irritantes durante un traslado requieren una respuesta policial proporcionada y una investigación individualizada. La protección de los militares, los agentes, los trabajadores del dispositivo y el resto de pasajeros debe ser compatible con el respeto a los derechos de todas las personas afectadas.
Al mismo tiempo, los desalojos plantean preguntas sobre qué sucede después de retirar los asentamientos. La identificación administrativa, la derivación a los recursos de acogida y la tramitación de los expedientes son pasos distintos. La salida de una persona de un campamento no determina por sí sola cuál será su situación jurídica posterior.
También persisten discrepancias entre el Ministerio del Interior y el Gobierno de Ceuta en torno a la atención de los menores no acompañados. La Policía Nacional se ocupa de su identificación y de los trámites de extranjería, mientras que la tutela y la acogida corresponden a las autoridades autonómicas.
Por eso, la evaluación del operativo no puede limitarse al número de asentamientos desmantelados o de personas trasladadas. También debe considerar la capacidad de las administraciones para gestionar los expedientes, proteger a los menores y ofrecer una respuesta adecuada a quienes continúan en situación de vulnerabilidad.
Qué se sabe y qué queda por aclarar
A partir de la información difundida por Antena 3, Europa Press y otros medios, los hechos confirmados en las publicaciones consultadas son los siguientes:
- Un hombre fue detenido tras presuntamente amenazar con un cuchillo a un militar en la avenida Cañonero Dato.
- Otro pasajero utilizó gas pimienta dentro de un autobús destinado al traslado de migrantes al CATE.
- La Policía abrió una investigación para esclarecer el segundo episodio e identificar a quien facilitó el espray.
- Las autoridades informaron de que no hubo daños personales por el incidente del autobús.
- El operativo general movilizó a más de 350 agentes para intervenir en los asentamientos que aún permanecían en distintos puntos de Ceuta.
Quedan por aclarar las circunstancias completas de ambos episodios, la evolución judicial del arresto y el resultado de la investigación sobre el gas pimienta. Tampoco hay información suficiente para atribuir una motivación concreta al uso del espray.
La distinción es esencial: informar de los hechos y exigir que se investiguen no equivale a dar por probada una responsabilidad penal antes de que concluya el procedimiento.
Ceuta necesita una respuesta que combine seguridad y gestión
Los incidentes registrados durante el desalojo muestran los riesgos que pueden surgir en un operativo complejo, pero también la necesidad de separar las conductas individuales de la situación de todo un colectivo.
Las autoridades tienen la obligación de garantizar la seguridad y hacer cumplir la ley. También deben explicar qué medidas se adoptan después de los traslados, cómo se gestionan los expedientes y qué recursos existen para las personas que no pueden permanecer en los asentamientos.
La pregunta de fondo es qué estrategia permitirá evitar que los campamentos reaparezcan en otros puntos de la ciudad y que la crisis se prolongue indefinidamente. El desalojo puede despejar un espacio, pero la gestión de la situación migratoria exige medidas administrativas, de seguridad y de acogida que vayan más allá de una intervención policial.


