Las inundaciones paralizan la recogida de naranjas y mandarinas y amenazan cultivos, caminos rurales y sistemas de riego. Los agricultores reclaman ayudas urgentes.
La DANA Adam golpea al campo valenciano en plena campaña agrícola
El temporal Adam ha dejado una nueva factura en el campo valenciano. Las lluvias torrenciales y los desbordamientos de ríos y barrancos han inundado miles de hectáreas agrícolas, han dañado infraestructuras rurales y han paralizado la recolección de cítricos en algunas de las principales zonas productoras de la Comunidad Valenciana.
La primera estimación de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) sitúa en unas 8 000 hectáreas la superficie agrícola afectada en las comarcas de La Safor y La Marina Alta. El balance incluye cultivos e infraestructuras agrarias, aunque todavía no es posible determinar el alcance definitivo de las pérdidas.
En algunos puntos, las precipitaciones han superado los 600 litros por metro cuadrado, con acumulaciones superiores a los 700 litros en las zonas más castigadas. La intensidad de las lluvias ha provocado inundaciones, arrastres de tierra y desperfectos en caminos rurales, acequias, vallados y otras instalaciones necesarias para mantener la actividad agrícola.
El impacto llega en un momento especialmente delicado: la campaña de cítricos ya estaba en marcha y variedades tempranas como la naranja Navelina y la mandarina Marisol se encontraban en una fase decisiva de maduración y recolección.
La preocupación del sector no se limita a la fruta que ya pueda haberse perdido. El agua estancada puede deteriorar los frutos, favorecer la aparición de enfermedades y dañar las raíces de los árboles si las parcelas permanecen inundadas durante demasiado tiempo.
Las organizaciones agrarias reclaman que las administraciones actúen con rapidez para facilitar tratamientos fitosanitarios, reparar las infraestructuras dañadas y estudiar ayudas económicas y fiscales para las explotaciones perjudicadas.
La Safor y La Marina Alta, las zonas más castigadas
La DANA Adam ha afectado especialmente a dos comarcas agrícolas del litoral mediterráneo: La Safor, en Valencia, y La Marina Alta, en Alicante.
En estas zonas, la acumulación de agua ha dejado parcelas anegadas y ha dificultado el acceso de los agricultores a sus explotaciones. En algunos municipios, las inundaciones y las restricciones de movilidad han impedido realizar una inspección completa de los daños.
La situación también afecta a las infraestructuras que permiten trabajar el campo. Los desbordamientos de ríos y barrancos han deteriorado caminos rurales, muros, cercados, acequias e instalaciones de riego. Sin estas infraestructuras, las labores de recolección, transporte y mantenimiento pueden quedar interrumpidas incluso después de que desaparezca el agua.
La organización agraria La Unió Llauradora ha señalado también afecciones en las comarcas valencianas de la Ribera Alta y la Ribera Baixa, aunque de menor intensidad que en los principales núcleos del temporal.
La extensión de las inundaciones dificulta que los agricultores puedan cuantificar las pérdidas de manera inmediata. Primero será necesario acceder a las parcelas, comprobar el estado de los árboles y los frutos y determinar qué instalaciones pueden recuperarse mediante reparaciones.
Por ello, las 8 000 hectáreas constituyen una estimación inicial, no un balance definitivo de superficie destruida ni una valoración económica cerrada.
Los cítricos, en el centro de la preocupación
La principal alarma se concentra en los cítricos, un cultivo fundamental para la agricultura valenciana y para la actividad económica de numerosas localidades rurales.
La naranja Navelina y la mandarina Marisol se encontraban en un momento especialmente sensible. Las variedades tempranas tienen un calendario comercial ajustado: cuando la fruta alcanza su punto óptimo, retrasar la recolección puede comprometer su calidad y dificultar su comercialización.
AVA-ASAJA ha advertido de que las lluvias han paralizado tanto la recogida como la comercialización de cítricos en las zonas más afectadas.
En Oliva, uno de los municipios golpeados por las inundaciones, la organización agraria calcula inicialmente que los daños podrían alcanzar a una parte importante de la superficie agrícola local. La entidad reclama una evaluación detallada que permita determinar las pérdidas y facilitar el acceso a las medidas de apoyo que correspondan.
El problema es doble. Por una parte, los trabajadores no pueden entrar con normalidad en los campos mientras permanezcan inundados o inaccesibles. Por otra, el exceso de humedad puede seguir perjudicando a los frutos incluso después de que el nivel del agua descienda.
El resultado dependerá de cuánto tarde en drenarse el terreno, de las condiciones meteorológicas posteriores y del estado de cada explotación.
Caquis, aguacates y hortalizas también sufren las consecuencias
Aunque los cítricos concentran la mayor preocupación, no son los únicos cultivos expuestos a las consecuencias de la DANA.
Los caquis también pueden verse afectados por el exceso de humedad, especialmente en la Ribera, donde las inundaciones coinciden con un periodo importante para la recogida del fruto.
Los agricultores temen que la permanencia del agua en las parcelas provoque problemas de calidad y dificulte las operaciones de recolección. El impacto definitivo dependerá de las condiciones de cada plantación y de la duración del encharcamiento.
Los aguacates y las hortalizas figuran asimismo entre las producciones que pueden registrar daños puntuales. En todos estos cultivos, las inundaciones pueden afectar tanto a la producción inmediata como a las condiciones del terreno necesarias para continuar trabajando.
Además, los perjuicios no se limitan a la pérdida de cosecha. La reparación de caminos, sistemas de riego, muros y otras instalaciones puede generar gastos adicionales para explotaciones que ya han sufrido interrupciones de actividad.
Por este motivo, las organizaciones agrarias insisten en que la evaluación de daños debe incluir tanto los cultivos como las infraestructuras necesarias para mantener la producción.
El peligro continúa cuando se retira el agua: hongos y raíces dañadas
Uno de los principales riesgos agronómicos aparece después de las lluvias. Que una parcela deje de estar inundada no significa que los cultivos hayan recuperado su estado normal.
El exceso de humedad puede favorecer la proliferación de hongos y otros problemas fitosanitarios. Entre los riesgos señalados por las organizaciones agrarias se encuentra el denominado «aiguat», asociado al deterioro de los frutos por la humedad.
También preocupa la asfixia radicular, un problema que aparece cuando el suelo permanece saturado de agua y las raíces dejan de disponer del oxígeno que necesitan para funcionar correctamente.
Si el encharcamiento se prolonga, los árboles pueden sufrir daños importantes y ver comprometida su capacidad de absorción de agua y nutrientes. En los casos más graves, el deterioro de las raíces puede afectar a la supervivencia de la planta.
La duración de las inundaciones será, por tanto, un factor decisivo. Los suelos con peor drenaje pueden tardar más en recuperar unas condiciones adecuadas, mientras que las parcelas con mayor capacidad de evacuación del agua podrían registrar una evolución más favorable.
Por ello, las próximas jornadas serán determinantes para conocer la magnitud real de los daños.
Los agricultores piden fungicidas, ayudas directas y alivio fiscal
Ante la situación, AVA-ASAJA y La Unió Llauradora coinciden en reclamar una respuesta que permita reducir los daños y facilitar la recuperación de las explotaciones.
Una de las prioridades es facilitar tratamientos fungicidas una vez que los agricultores puedan acceder a los campos. El objetivo es prevenir o contener los problemas fitosanitarios que puedan aparecer después del exceso de humedad.
Las organizaciones recuerdan que en episodios anteriores se han realizado compras públicas de fungicidas para distribuirlos entre las zonas afectadas. Por ello, piden estudiar mecanismos de apoyo similares cuando las condiciones permitan realizar los tratamientos.
Las principales medidas reclamadas son:
- Tratamientos fitosanitarios: facilitar productos y actuaciones contra los hongos que amenazan los frutos y los árboles.
- Ayudas directas: estudiar compensaciones para las explotaciones que acrediten pérdidas como consecuencia del temporal.
- Medidas fiscales: aliviar las obligaciones de los agricultores afectados en los términos que permita la normativa.
- Reparación de infraestructuras: recuperar caminos rurales, muros, acequias, sistemas de riego, cercados y otras instalaciones dañadas.
- Evaluación de daños: agilizar las inspecciones de las parcelas y las valoraciones de los peritos de Agroseguro.
Las organizaciones agrarias insisten en que las ayudas deben responder a daños acreditados y tener en cuenta las necesidades de cada explotación. La valoración de los peritos será fundamental para determinar las pérdidas indemnizables y diferenciar los daños en la producción de los desperfectos en las infraestructuras.
La rapidez de la respuesta también importa. Si los agricultores tardan demasiado en acceder a sus parcelas, pueden perder oportunidades para aplicar tratamientos preventivos y recuperar parte de la cosecha.
Infraestructuras rurales: el daño que puede prolongar la recuperación
Las inundaciones han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de determinadas infraestructuras agrarias frente a episodios de lluvias torrenciales.
Los caminos rurales permiten que los agricultores lleguen a las parcelas y que los vehículos transporten la fruta hasta los puntos de almacenamiento y comercialización. Cuando quedan dañados o cubiertos de agua, la actividad puede interrumpirse aunque los árboles y los frutos no hayan sufrido pérdidas irreversibles.
Algo similar sucede con las acequias y los sistemas de riego. Su deterioro puede complicar las labores posteriores al temporal y generar gastos que se suman a las pérdidas de producción.
AVA-ASAJA y La Unió han solicitado inversión pública para reparar las instalaciones afectadas, con especial atención a las zonas próximas a ríos y barrancos.
La reconstrucción debería partir de una evaluación de las infraestructuras dañadas y de las necesidades de las explotaciones. El objetivo no es únicamente recuperar la situación anterior, sino reducir los obstáculos que dificultan el acceso y la continuidad de la actividad agrícola.
La magnitud de los daños todavía no permite calcular el coste total de las reparaciones. Será necesario completar las inspecciones y reunir información de los agricultores y de las administraciones locales.
No toda la Comunidad Valenciana ha sufrido daños agrícolas
El balance del temporal presenta diferencias importantes según la comarca y el tipo de cultivo.
Mientras La Safor y La Marina Alta han sufrido inundaciones severas, otras zonas de la Comunidad Valenciana han recibido precipitaciones más moderadas y repartidas, que pueden resultar beneficiosas para el campo.
La Unió Llauradora destaca que el agua puede favorecer el calibre de algunos frutos, regenerar pastos y reducir las necesidades de riego durante las próximas semanas.
AVA-ASAJA también señala que las lluvias pueden contribuir a recargar acuíferos y embalses y mejorar las reservas de humedad del suelo de cara a la siguiente campaña.
La situación demuestra que el efecto agrícola de un temporal depende tanto de la cantidad de lluvia como de su distribución, la capacidad de drenaje y el estado de los cultivos.
En una zona que recibe precipitaciones moderadas, el agua puede mejorar las reservas disponibles para los meses secos. En otra que soporta cientos de litros por metro cuadrado en pocas horas, las mismas precipitaciones pueden convertirse en un factor de destrucción.
Por ello, las organizaciones agrarias piden diferenciar entre las zonas que necesitan medidas de recuperación urgentes y aquellas en las que las lluvias han aportado beneficios sin daños significativos.
Alicante registra un reparto muy desigual de las precipitaciones
La situación también ha sido irregular dentro de la provincia de Alicante.
El presidente de ASAJA Alicante, José Vicente Andreu, ha descrito diferencias importantes entre el norte de la provincia, donde se han registrado acumulaciones superiores a los 600 litros por metro cuadrado en zonas como Pego, y otros municipios del interior y del sur que apenas han recibido unos pocos litros.
Según la organización, en muchas áreas las precipitaciones han resultado beneficiosas para los cultivos al aportar humedad al terreno sin provocar daños importantes.
El efecto sobre las explotaciones depende de la intensidad de las lluvias y de si estas coinciden con periodos sensibles de recolección. También influyen la variedad cultivada, las características del suelo y la capacidad de evacuar el agua acumulada.
Esta distribución desigual explica por qué no puede extrapolarse el balance de las comarcas más afectadas al conjunto del sector agrícola valenciano.
Qué falta por saber sobre las pérdidas del temporal Adam
A 20 de octubre de 2026, el balance agrícola continúa abierto. Las estimaciones iniciales permiten identificar las zonas más afectadas, pero todavía no ofrecen una valoración económica definitiva.
Quedan pendientes varias cuestiones fundamentales:
- La superficie realmente dañada: será necesario comprobar qué parcelas han sufrido pérdidas de producción y cuáles presentan daños recuperables.
- El volumen de cosecha perdido: la paralización de la recolección no implica necesariamente que toda la fruta afectada se haya perdido.
- El estado de los árboles: habrá que evaluar los posibles daños en las raíces y las consecuencias del encharcamiento prolongado.
- El coste de las reparaciones: los caminos, acequias, muros y sistemas de riego requieren inspecciones específicas.
- Las indemnizaciones y ayudas: las administraciones y las aseguradoras deberán valorar los daños y determinar qué medidas corresponden en cada caso.
La evolución del tiempo durante los próximos días será determinante para conocer si las parcelas recuperan condiciones adecuadas y si los agricultores pueden retomar las labores de recolección.
El campo valenciano necesita una evaluación rápida y una respuesta proporcionada
La DANA Adam ha vuelto a demostrar que los fenómenos meteorológicos extremos pueden afectar simultáneamente a la producción agrícola, las infraestructuras rurales y la economía de numerosas localidades.
Las primeras estimaciones de AVA-ASAJA sitúan en unas 8 000 hectáreas la superficie afectada en las zonas más castigadas de la Comunidad Valenciana. Los cítricos concentran buena parte de la preocupación, pero también hay riesgos para los caquis, los aguacates y las hortalizas.
El alcance definitivo dependerá de la evolución del agua, del estado de los cultivos y de las inspecciones que puedan realizarse cuando los campos vuelvan a ser accesibles.
La prioridad inmediata consiste en evaluar las pérdidas, facilitar los tratamientos necesarios y recuperar las infraestructuras que permiten trabajar las explotaciones. Después será posible determinar el coste económico del temporal y las medidas de apoyo más adecuadas.
El futuro de miles de hectáreas agrícolas dependerá ahora de la rapidez con la que se puedan inspeccionar los campos, frenar los daños posteriores y recuperar la actividad. La respuesta deberá basarse en evaluaciones verificables, ayudas justificadas y actuaciones que permitan a los agricultores volver a producir cuanto antes.


