La reunión entre Zelenski y los enviados de Trump busca recomponer la relación entre Washington y Kiev mientras crece el temor a una paz que implique ceder territorio a Rusia.
La paz en Ucrania vuelve a estar sobre la mesa, pero el precio que podría exigirse a Kiev amenaza con convertirse en el principal obstáculo. Mientras Donald Trump intenta impulsar un acuerdo con Vladímir Putin, Volodímir Zelenski teme que Washington termine presionando a su país para aceptar pérdidas territoriales a cambio de promesas económicas y garantías de seguridad todavía por concretar.
La reunión celebrada el martes en Oslo entre el presidente ucraniano y los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner ha abierto una nueva oportunidad para recomponer las relaciones entre ambos países. Zelenski aseguró después del encuentro que había observado «señales positivas» y destacó el carácter constructivo de las conversaciones.
Sin embargo, el acercamiento diplomático no despeja las dudas sobre las condiciones de una eventual negociación. Ucrania denuncia retrasos en la entrega de armamento, problemas con las alertas de inteligencia y limitaciones en las comunicaciones por satélite. Washington rechaza que exista una estrategia deliberada para debilitar a Kiev.
El trasfondo es decisivo para Europa: un acuerdo que detenga los combates, pero deje a Ucrania expuesta a una nueva ofensiva rusa, podría trasladar el coste de la guerra al futuro en lugar de resolver el conflicto.
Oslo, una reunión decisiva para recomponer la relación entre Trump y Zelenski
La capital noruega acogió el 20 de octubre una reunión destinada a rebajar la tensión entre Washington y Kiev. En las conversaciones participaron Zelenski, el enviado especial estadounidense Steve Witkoff, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, y el presidente finlandés, Alexander Stubb. Jared Kushner, yerno de Trump y participante en las negociaciones, intervino a distancia.
Según el Gobierno noruego, fue Ucrania quien solicitó la participación de los representantes estadounidenses. El objetivo era reconducir una relación deteriorada por las diferencias sobre el suministro militar y las condiciones para poner fin a la guerra.
La cita se produjo después de que Zelenski formulara una de sus acusaciones más graves contra la Administración estadounidense. En una entrevista con Bloomberg, el presidente ucraniano afirmó que, a su juicio, se habían tomado medidas para convencer a Ucrania de que capitulara.
La declaración reflejaba la preocupación de Kiev por la posibilidad de que la Casa Blanca priorizara un acuerdo rápido con Moscú frente a las condiciones exigidas por el Gobierno ucraniano.
Tras la reunión, Zelenski adoptó un tono más conciliador. Destacó las señales positivas percibidas durante las conversaciones y agradeció que las alertas de inteligencia sobre los ataques balísticos rusos volvieran a funcionar.
No obstante, el presidente ucraniano insistió en que necesita garantías de seguridad sólidas y duraderas para evitar que un eventual alto el fuego se convierta en una pausa que Rusia pueda aprovechar para reorganizar sus fuerzas.
La diplomacia ha recuperado espacio, pero las diferencias fundamentales siguen abiertas.
Trump quiere un acuerdo y aumenta la presión sobre Kiev
Donald Trump ha insistido en que quiere poner fin a la guerra y sostiene que Ucrania debe estar dispuesta a alcanzar un acuerdo.
Tras las conversaciones de Oslo, el presidente estadounidense volvió a subrayar el coste de la ayuda prestada por Washington y Europa. También advirtió de que, si no se alcanza un pacto, la situación podría empeorar para los ucranianos.
Trump ha cuestionado públicamente la capacidad de Zelenski para negociar y ha sugerido que otra persona podría asumir esa función. Estas declaraciones aumentan la incertidumbre sobre la continuidad del respaldo político estadounidense al actual Gobierno de Kiev.
La estrategia de la Casa Blanca parece orientada a mantener abiertos los canales de diálogo con Moscú y buscar incentivos que permitan avanzar hacia un acuerdo. Sin embargo, esa aproximación plantea una dificultad esencial: las concesiones que faciliten un pacto con Rusia podrían ser precisamente las que Ucrania considere inaceptables.
El problema no se limita a la delimitación territorial. También afecta a la seguridad futura del país, a su capacidad para defenderse y a la posibilidad de que Rusia vuelva a atacar después de una tregua.
Una negociación puede reducir la violencia inmediata, pero su estabilidad dependerá de las condiciones del acuerdo y de los mecanismos que permitan hacerlas cumplir.
¿Está Estados Unidos presionando a Ucrania para que ceda territorio?
Las conversaciones de Oslo se celebraron bajo la sombra de las informaciones que apuntaban a que los enviados de Trump podrían plantear a Zelenski la aceptación de pérdidas territoriales a cambio de beneficios económicos.
Es importante distinguir entre las informaciones sobre la posición negociadora estadounidense y un acuerdo formal. No se ha anunciado un pacto definitivo que obligue a Ucrania a ceder territorios, ni se han publicado unas condiciones completas y verificadas que permitan dar por cerrada esa posibilidad.
La cuestión territorial continúa siendo uno de los principales obstáculos para alcanzar la paz. Ucrania ha defendido su integridad territorial, mientras que Rusia mantiene sus reivindicaciones y la ocupación de territorios ucranianos.
Para Kiev, aceptar pérdidas territoriales sin garantías suficientes podría consolidar por la vía diplomática los resultados de la invasión rusa iniciada en febrero de 2022. Para Washington, un acuerdo que detenga los combates supondría avanzar hacia el objetivo declarado de terminar la guerra.
La dificultad consiste en encontrar una fórmula que no convierta el fin de los enfrentamientos en una recompensa estratégica para Moscú ni deje a Ucrania sin capacidad para disuadir una nueva agresión.
La pregunta decisiva es qué garantías acompañarían a cualquier compromiso territorial y quién asumiría la responsabilidad de hacerlas cumplir.
Misiles Patriot: el frente militar condiciona las negociaciones
La relación entre Washington y Kiev no depende únicamente de las conversaciones diplomáticas. También está condicionada por la disponibilidad de armamento imprescindible para contener los ataques rusos.
Zelenski ha denunciado retrasos en la entrega de interceptores Patriot adquiridos por países europeos. Según las cifras que ha ofrecido el presidente ucraniano, Ucrania recibe alrededor de 12 interceptores Patriot al mes, una cantidad que considera insuficiente frente a las grandes oleadas de ataques rusos.
Estos sistemas permiten interceptar determinados misiles y amenazas aéreas, por lo que su disponibilidad tiene un impacto directo en la protección de ciudades e infraestructuras.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, reconoció que podía haber proyectiles comprados por socios europeos pendientes de entrega. Sin embargo, negó que existiera una directriz política para perjudicar a Ucrania.
Rubio explicó que la distribución de los suministros debe tener en cuenta las necesidades en otros escenarios y los recursos que Estados Unidos necesita mantener en Europa.
La discrepancia refleja una dificultad estructural: Ucrania depende de capacidades militares que no puede sustituir rápidamente por producción propia o mediante otros proveedores. Europa ha asumido una parte creciente del esfuerzo económico, pero sigue dependiendo de Estados Unidos para determinadas armas, servicios de inteligencia y sistemas tecnológicos.
Por eso, cualquier incertidumbre sobre el suministro puede debilitar la posición negociadora de Kiev. Un país que teme perder capacidad defensiva tiene menos margen para rechazar condiciones desfavorables si considera que el apoyo de su principal aliado puede reducirse.
La inteligencia y Starlink, otros puntos de fricción entre Washington y Kiev
La controversia también afecta a la información necesaria para anticipar los ataques rusos.
Zelenski denunció que Ucrania había sufrido bombardeos sin recibir los avisos que esperaba de sus socios. Washington negó haber interrumpido deliberadamente el intercambio de inteligencia y atribuyó los fallos a problemas técnicos.
Durante la reunión de Oslo, el presidente ucraniano señaló que las alertas sobre los ataques balísticos volvían a funcionar. Ese reconocimiento fue uno de los indicios positivos mencionados tras las conversaciones.
La otra gran preocupación son las comunicaciones por satélite utilizadas por las fuerzas ucranianas, especialmente para coordinar operaciones y controlar drones.
Kiev ha denunciado limitaciones en las conexiones de Starlink, el servicio de SpaceX utilizado por sus fuerzas armadas. Según la versión ucraniana, las interrupciones cuando los terminales se desplazan a gran velocidad pueden restringir determinadas operaciones.
Estados Unidos ha negado haber impuesto esas restricciones de forma deliberada. La controversia pone de manifiesto la dependencia ucraniana de servicios tecnológicos cuyo funcionamiento no controla plenamente su propio Gobierno.
El problema tiene una dimensión militar y política. Si Ucrania pierde acceso a capacidades esenciales en un momento de presión rusa, su margen de maniobra puede reducirse. Al mismo tiempo, Washington sostiene que debe gestionar recursos limitados y atender sus propias necesidades estratégicas.
La reunión de Oslo no resolvió todas estas discrepancias, pero permitió reabrir el diálogo sobre asuntos que afectan directamente a la capacidad de defensa de Ucrania.
El acuerdo sobre el diésel ruso añade presión económica
La crisis diplomática se ha agravado por el acuerdo sobre el diésel ruso anunciado por Trump el 9 de octubre.
El presidente estadounidense presentó la operación como una vía para abaratar el combustible en Estados Unidos, en un contexto de encarecimiento energético relacionado con la guerra con Irán y de presión política ante las elecciones legislativas de noviembre.
La operación podría proporcionar ingresos importantes a la economía rusa. Para Ucrania, el problema no es solo económico: Trump ha reclamado que Kiev deje de atacar las refinerías rusas, objetivos que Ucrania considera relevantes para debilitar la capacidad financiera y logística de su adversario.
Según la información publicada por RTVE, Ucrania suspendió esos ataques durante varios días en respuesta a la petición estadounidense, pero los reanudó al no observar una respuesta equivalente de Moscú.
Rusia ha continuado atacando instalaciones energéticas ucranianas, mientras Trump ha intentado promover una reducción de los ataques contra ese tipo de infraestructuras.
La controversia plantea una cuestión difícil: si Washington busca limitar los ataques ucranianos contra objetivos energéticos rusos, ¿qué mecanismos utilizará para garantizar que Moscú actúe de forma equivalente?
Sin reciprocidad verificable, las restricciones podrían tener consecuencias asimétricas para las partes. Ucrania perdería una herramienta para presionar a Rusia, mientras sus propias infraestructuras seguirían expuestas a los bombardeos.
Europa teme quedar al margen de un acuerdo entre Trump y Putin
La reunión de Oslo también tiene una dimensión europea. Los dirigentes del continente temen que Washington y Moscú puedan avanzar hacia un acuerdo sin garantizar una participación suficiente de Ucrania ni tener en cuenta las consecuencias de seguridad para los países europeos.
El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, defendió la presencia europea en las negociaciones porque la guerra se desarrolla en el continente y sus consecuencias recaen directamente sobre sus países.
El presidente finlandés, Alexander Stubb, también respaldó la continuidad del diálogo entre Washington y Kiev y la participación de los aliados europeos en los esfuerzos diplomáticos.
Por su parte, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, criticó ante el Parlamento Europeo la presión ejercida sobre Ucrania y defendió que los países europeos tengan voz en las decisiones que afectan a su seguridad.
Kallas también recordó que las decisiones sobre las sanciones de la Unión Europea corresponden a los propios europeos.
El temor se ha intensificado después de que Trump mostrara interés en una posible reunión con Vladímir Putin y el presidente chino, Xi Jinping, para hablar sobre el final de la guerra. La posibilidad de celebrar ese encuentro en el contexto de la cumbre de APEC de noviembre estaba todavía pendiente de concretarse.
Zelenski ha reiterado su principio de que no se puede negociar sobre Ucrania sin Ucrania. Para Kiev, participar en las conversaciones no es una cuestión protocolaria, sino una condición indispensable para defender su soberanía.
Para Europa, el problema es igualmente relevante. Un acuerdo que modifique el equilibrio de seguridad en el continente sin participación efectiva de los países europeos podría tener consecuencias duraderas para la OTAN, la defensa común y las relaciones con Rusia.
Witkoff viaja a Rusia con las propuestas debatidas en Oslo
El primer ministro noruego anunció tras las conversaciones que Steve Witkoff viajaría a Rusia para reunirse con Vladímir Putin y su equipo.
El enviado estadounidense trasladaría a Moscú los planteamientos debatidos en Oslo, lo que convierte la reunión en un paso intermedio de un proceso diplomático todavía abierto.
Zelenski afirmó que esperaba conocer la respuesta rusa a las propuestas sobre garantías de seguridad. Ese asunto es central para Ucrania, que busca evitar que cualquier alto el fuego deje al país vulnerable a una nueva ofensiva.
No se ha confirmado que el viaje vaya a producir un acuerdo definitivo. La reunión con Putin servirá para comprobar hasta qué punto Moscú está dispuesto a aceptar las propuestas debatidas y qué condiciones pretende imponer.
El Kremlin mantiene sus propias exigencias y no hay garantías de que las conversaciones conduzcan a una solución inmediata.
El resultado dependerá de cuestiones fundamentales: el territorio, las garantías de seguridad, el futuro de las capacidades militares ucranianas y el mecanismo de cumplimiento de cualquier compromiso.
Mientras los diplomáticos negocian, Rusia sigue bombardeando Ucrania
La urgencia de las conversaciones se entiende mejor al observar la situación sobre el terreno.
El 20 de octubre, mientras los dirigentes se reunían en Oslo, continuaron los ataques rusos contra ciudades e infraestructuras ucranianas. Los balances provisionales difundidos por medios locales recogían al menos nueve muertos en distintos bombardeos.
Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó durante la noche 165 drones, de los que 115 habían sido derribados o neutralizados en el balance provisional de la mañana. Las autoridades también informaron de impactos en 30 emplazamientos.
En Kiev, los ataques causaron heridos y daños en centros sanitarios. Las autoridades ucranianas informaron de que uno de los impactos alcanzó un quirófano de un centro médico, mientras otro establecimiento sanitario sufrió daños por los restos de un dron.
La ofensiva contra las infraestructuras energéticas también se extendió a varias regiones del país antes de la llegada del invierno.
En Odesa, la compañía energética DTEK informó de daños en tres instalaciones y de que 32 700 familias seguían sin electricidad en su balance de la mañana.
Estos datos corresponden a partes provisionales de las autoridades ucranianas y a informaciones difundidas durante esa jornada, por lo que no deben interpretarse como un balance definitivo.
La continuidad de los ataques explica por qué Kiev considera imprescindible mantener sus capacidades de defensa mientras negocia. Una tregua que no incluya mecanismos verificables de cumplimiento podría dejar a Ucrania expuesta a nuevos bombardeos incluso después de firmar un acuerdo.
Las claves para entender qué puede ocurrir ahora
La evolución del proceso diplomático dependerá de varias cuestiones que todavía no tienen respuesta definitiva:
- La posición de Rusia: Moscú debe responder a las propuestas trasladadas desde Oslo y aclarar qué condiciones acepta.
- Las garantías de seguridad: Ucrania reclama mecanismos que reduzcan el riesgo de una nueva invasión.
- El suministro militar estadounidense: los retrasos en los interceptores y las dudas sobre la inteligencia pueden condicionar la capacidad defensiva de Kiev.
- La participación europea: los aliados europeos buscan evitar que un acuerdo afecte a su seguridad sin contar con ellos.
- Las condiciones territoriales: no se ha anunciado un pacto definitivo que resuelva las reivindicaciones enfrentadas.
- La continuidad de los ataques: los bombardeos mantienen la presión sobre la población y las infraestructuras ucranianas mientras avanzan las conversaciones.
Estos factores están conectados. La capacidad de Ucrania para defenderse influye en su posición negociadora; las garantías de seguridad condicionan su disposición a aceptar compromisos; y la participación europea será determinante para sostener cualquier acuerdo que requiera apoyo financiero, militar o diplomático a largo plazo.
Conclusión: una paz rápida no garantiza una paz duradera
La reunión de Oslo ha permitido rebajar parcialmente la tensión entre Washington y Kiev, pero no ha resuelto las diferencias que separan a Trump y Zelenski sobre las condiciones para terminar la guerra.
El presidente ucraniano ha hablado de señales positivas y ha reconocido avances en las alertas de inteligencia. Sin embargo, siguen pendientes cuestiones esenciales relacionadas con el armamento, las comunicaciones, las garantías de seguridad y el futuro territorial del país.
El viaje de Witkoff a Rusia abre una nueva fase de contactos, aunque no garantiza que Moscú acepte las propuestas debatidas. Mientras tanto, los ataques continúan y Ucrania necesita conservar su capacidad defensiva.
Para Europa, el desafío consiste en apoyar una solución diplomática sin ignorar las consecuencias de seguridad de un acuerdo mal diseñado. Para Washington, la dificultad es conciliar el objetivo de poner fin a la guerra con las condiciones que Kiev considera necesarias para preservar su soberanía.
La pregunta de fondo no es únicamente cuándo terminarán los combates, sino qué ocurrirá después. Una paz duradera exigirá algo más que detener los disparos: tendrá que ofrecer garantías creíbles para que Ucrania no vuelva a enfrentarse a la misma amenaza.


