El PIB creció un 2,8% en 2025 y confirma así una expansión sólida de la economía española, aunque a un ritmo más moderado que el registrado el año anterior. Los datos avanzados de la contabilidad nacional muestran que la actividad económica mantuvo una trayectoria positiva y que incluso ganó impulso en el último tramo del ejercicio, con un crecimiento trimestral superior al observado en periodos previos.
La evolución anual refleja una desaceleración respecto a 2024, cuando el crecimiento fue sensiblemente mayor. Aun así, el balance de 2025 se sitúa por encima de la media de muchas economías del entorno europeo, apoyado en la fortaleza del consumo, la resistencia del empleo y el dinamismo de los servicios. El comportamiento del cuarto trimestre fue especialmente relevante, con un avance del 0,8% respecto al trimestre anterior, dos décimas más que en el periodo previo, lo que sugiere un cierre de año más robusto de lo esperado por parte de varios analistas.
El patrón de crecimiento muestra una contribución destacada de la demanda interna, especialmente del gasto de los hogares y de la inversión en determinados sectores productivos. El consumo privado se ha visto respaldado por la mejora de la renta disponible, la moderación progresiva de la inflación y la estabilidad del mercado laboral. Aunque los tipos de interés se han mantenido en niveles relativamente elevados durante buena parte del año, el impacto negativo sobre la actividad ha sido menor de lo anticipado inicialmente.
Por su parte, la demanda externa también ha aportado, aunque de forma más contenida. Las exportaciones mantuvieron un tono positivo gracias al turismo y a algunos segmentos industriales, pero con un entorno internacional más débil y con menor crecimiento en varios socios comerciales clave. Las importaciones, en paralelo, evolucionaron de forma estable, lo que dejó una contribución exterior moderada al conjunto del PIB.
Desde el punto de vista sectorial, los servicios volvieron a ser el principal motor de la economía. Actividades vinculadas al turismo, la hostelería, el transporte y los servicios empresariales registraron incrementos de actividad, favorecidos por una demanda sostenida tanto nacional como internacional. La construcción mostró un comportamiento desigual, con impulso en obra civil y proyectos vinculados a infraestructuras y energía, pero con cierta contención en el segmento residencial por el encarecimiento de la financiación.
La industria, por su parte, avanzó a un ritmo más lento, condicionada por la debilidad de la demanda europea y por los costes energéticos, aunque con diferencias notables entre ramas. La producción relacionada con bienes de equipo y tecnología ofreció mejores cifras que los sectores más intensivos en energía.
Los economistas destacan que el hecho de que el crecimiento trimestral se acelerara hasta el 0,8% en la parte final del año puede anticipar una inercia positiva de cara al inicio de 2026. No obstante, advierten de que persisten riesgos relevantes: la incertidumbre geopolítica, la evolución de los precios de la energía, las tensiones comerciales y la política monetaria internacional podrían influir en la trayectoria futura.
Otro elemento clave será la evolución del empleo. Durante 2025, el mercado laboral mantuvo un tono favorable, con creación neta de puestos de trabajo y una tasa de paro en descenso gradual. Este factor ha sido determinante para sostener el consumo y la recaudación fiscal. Si el empleo mantiene su fortaleza, podría seguir actuando como colchón ante posibles desaceleraciones externas.
Las cuentas públicas también están en el foco. Un crecimiento del 2,8% facilita el cumplimiento de objetivos de déficit y deuda en porcentaje de PIB, pero los expertos subrayan que el reto está en consolidar las finanzas públicas sin frenar la actividad. Las políticas de inversión productiva y de mejora de la competitividad serán determinantes para sostener el crecimiento a medio plazo.
En el ámbito empresarial, la lectura de los datos es moderadamente positiva. Muchas compañías han logrado proteger márgenes y mantener ventas en un contexto de costes todavía altos. Sin embargo, reclaman estabilidad regulatoria y fiscal, así como incentivos a la inversión y a la innovación, para reforzar la capacidad de crecimiento.
En síntesis, el PIB creció un 2,8% en 2025 con una ligera desaceleración anual pero con un final de ejercicio más dinámico. La combinación de consumo resistente, servicios fuertes y mejora trimestral dibuja un escenario de crecimiento aún sólido, aunque rodeado de factores de riesgo que obligan a la prudencia en las previsiones para los próximos trimestres.

