La obra llevaba años de retraso y promete completar por fin la conexión rápida entre Lugo y Sarria. El Gobierno gallego vende la adjudicación como un impulso estratégico, aunque vecinos y transportistas siguen denunciando décadas de promesas incumplidas.
Lo que durante años fue un símbolo de la lentitud burocrática y de las carencias históricas de infraestructuras en el interior de Galicia empieza ahora a tomar forma. La Xunta ha oficializado la adjudicación del último tramo pendiente de la autovía AG-22, una obra clave para conectar Lugo con Sarria y enlazar el sur lucense con las grandes vías nacionales.
Sin embargo, la noticia llega acompañada de una pregunta incómoda: ¿por qué una infraestructura considerada “prioritaria” ha tardado tantos años en completarse mientras otras inversiones millonarias sí encontraban vía rápida?
Copasa ejecutará el último tramo de la AG-22
La Xunta de Galicia confirmó la adjudicación de las obras del segundo y último tramo de la autovía AG-22 a la empresa Copasa Infraestructuras S.L.U., con una inversión pública de 37,7 millones de euros y un plazo de ejecución fijado en 36 meses.
La actuación afectará a los 13,5 kilómetros comprendidos entre la glorieta de Nadela y el enlace de A Pobra de San Xiao, un trazado considerado estratégico para mejorar la movilidad entre Lugo y la comarca de Sarria.
Según los datos oficiales, hasta once empresas presentaron oferta para hacerse con un contrato que permitirá completar una infraestructura reclamada desde hace décadas por vecinos, empresarios y transportistas de la provincia.
Una autovía estratégica para el sur de Lugo
La AG-22 está llamada a convertirse en uno de los principales corredores viarios del interior gallego. La Xunta sostiene que esta conexión permitirá:
- Reducir los tiempos de viaje entre Lugo y Sarria.
- Mejorar la seguridad vial gracias al desdoblamiento de carriles.
- Facilitar adelantamientos “sin riesgo”.
- Incrementar la conexión con grandes ejes nacionales como la A-6 y la A-54.
Una vez finalizadas las obras, la vía contará con dos calzadas de dos carriles cada una y una velocidad máxima de 120 kilómetros por hora.
El proyecto incluye además importantes actuaciones técnicas:
- Construcción de los enlaces de O Corgo y Maceda.
- Un cruce bajo la futura autovía A-54.
- Dos viaductos sobre los ríos Chamoso y Neira.
- Ampliación de 13 pasos superiores y 7 inferiores.
Décadas de retrasos y promesas políticas
Aunque la Xunta presenta la adjudicación como un “avance histórico”, la realidad es que la AG-22 acumula años de retrasos administrativos, modificaciones presupuestarias y cambios de prioridades políticas.
En numerosas ocasiones, colectivos vecinales y representantes empresariales denunciaron que el interior gallego seguía siendo tratado como una región de “segunda velocidad” frente a las inversiones concentradas en los grandes núcleos urbanos y corredores atlánticos.
La obra vuelve además a poner sobre la mesa el eterno debate sobre el equilibrio territorial en Galicia: mientras el rural pierde población y actividad económica, las infraestructuras clave llegan tarde y con sobrecostes millonarios.
Más de 100.000 usuarios se beneficiarán del corredor
La Xunta calcula que alrededor de 100 000 usuarios se verán beneficiados por esta infraestructura, en un tramo por el que actualmente circulan más de 8 000 vehículos diarios, muchos de ellos relacionados con el transporte de mercancías.
El Gobierno gallego insiste en que la nueva autovía será fundamental para:
- Impulsar la competitividad empresarial.
- Favorecer la logística industrial.
- Mejorar la conexión del interior con el resto de España.
- Aumentar la seguridad en uno de los corredores con tráfico pesado creciente.
No obstante, varios sectores locales recuerdan que los beneficios reales no llegarán hasta, al menos, 2029, fecha prevista para la finalización completa de los trabajos.
El desafío pendiente del interior gallego
La adjudicación del último tramo de la AG-22 supone un paso importante para Lugo, pero también evidencia una realidad difícil de ocultar: el déficit histórico de infraestructuras en el interior de Galicia continúa siendo una asignatura pendiente.
Mientras la Xunta celebra el anuncio, muchos ciudadanos se preguntan por qué proyectos considerados esenciales para la cohesión territorial necesitan décadas para hacerse realidad.
Porque detrás de cada autovía pendiente no solo hay asfalto y hormigón. También hay empleo, oportunidades económicas y futuro para comarcas que llevan años denunciando abandono institucional.
¿Llega esta inversión a tiempo para frenar el declive del interior gallego o es simplemente otra obra tardía vendida como éxito político?

