Los profesionales del taxi en A Coruña cargan contra la descoordinación entre Xunta y Guardia Civil tras las inspecciones en el aeropuerto de Alvedro durante el cierre temporal de Santiago-Rosalía de Castro. El conflicto reabre el debate sobre el monopolio del servicio y la necesidad de liberalizar el acceso al aeropuerto coruñés.
La tensión estalla en Alvedro en plena avalancha de pasajeros
Lo que debía ser una solución temporal para evitar el colapso del transporte en Galicia se ha convertido en un nuevo foco de conflicto administrativo. Varios taxistas de A Coruña han denunciado que agentes de la Guardia Civil realizaron controles e identificaciones en el aeropuerto de Alvedro pese a que existía una autorización excepcional para operar libremente durante las obras en el aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro.
Según relata Juan Carlos Sambad, representante de Ugataxi, algunos conductores fueron interceptados justo después de recoger pasajeros. Los agentes les solicitaron el permiso de conducir, el número de licencia e incluso tomaron fotografías de la documentación. Todo ello, asegura el colectivo, pese a que la situación extraordinaria había sido comunicada oficialmente.
La indignación entre los profesionales del sector no tardó en crecer. Los taxistas consideran que esta actuación evidencia una preocupante falta de coordinación entre administraciones y cuerpos de seguridad en un momento especialmente delicado para la movilidad gallega.
El cierre de Lavacolla obliga a abrir Alvedro
La raíz del problema se encuentra en las obras de mejora de la pista del aeropuerto compostelano. Desde abril, el cierre temporal de Lavacolla ha provocado el desvío de numerosos vuelos hacia A Coruña, disparando el flujo de viajeros en Alvedro.
Ante esta situación, la Xunta de Galicia, junto con los concellos de A Coruña y Culleredo, activó un acuerdo excepcional firmado en enero. El objetivo era reforzar el servicio de taxi y evitar largas esperas a los pasajeros.
El convenio establecía inicialmente:
- 10 taxis de Culleredo en parada fija.
- 5 taxis de A Coruña autorizados de forma permanente.
- Una bolsa de refuerzo de 30 vehículos coruñeses en rotación.
Sin embargo, la avalancha de usuarios obligó a flexibilizar todavía más las condiciones. Desde abril, los taxistas de A Coruña pueden subir libremente a Alvedro para recoger pasajeros, sin necesidad de esperar turnos estrictos en la bolsa de reserva.
La Xunta admite un “error de coordinación”
La polémica ha escalado hasta el punto de que la propia Xunta ha reconocido públicamente un fallo interno. Desde la Dirección Xeral de Mobilidade admiten que existió un “error de coordinación” a la hora de trasladar correctamente a la Guardia Civil el régimen excepcional vigente durante el cierre del aeropuerto compostelano.
Según fuentes autonómicas, la situación “ya ha sido aclarada”, aunque el malestar en el sector continúa intacto.
Para muchos taxistas, el problema no es únicamente el incidente puntual, sino lo que consideran una burocracia excesiva y una regulación desfasada que perjudica tanto a profesionales como a usuarios.
Los taxistas exigen convertir la excepción en norma
El conflicto ha servido además para reabrir un debate que llevaba años sobre la mesa: la liberalización parcial del servicio de taxi en el aeropuerto coruñés.
Desde Ugataxi defienden que estas semanas han demostrado que permitir el acceso libre de taxis coruñeses a Alvedro mejora claramente el servicio y reduce tiempos de espera. Según el colectivo, no se han producido colas, saturaciones ni conflictos operativos.
“Hemos demostrado que sabemos cómo funciona el aeropuerto mejor que quienes diseñaron el acuerdo”, sostienen desde la asociación.
El mensaje tiene una clara carga política y administrativa. Muchos profesionales consideran que las restricciones históricas responden más a intereses corporativos y luchas territoriales que a criterios de eficiencia real para el ciudadano.
Un modelo cuestionado en plena crisis de movilidad
La situación también pone sobre la mesa otro problema de fondo: la fragmentación del sistema de licencias en Galicia. Cada aeropuerto mantiene reglas diferentes dependiendo del municipio al que pertenezca, generando conflictos recurrentes entre ayuntamientos, asociaciones y administraciones autonómicas.
Mientras miles de pasajeros sufren retrasos y cambios de aeropuerto por las obras en Santiago, el enfrentamiento entre licencias municipales amenaza con añadir todavía más caos al transporte gallego.
El caso de Alvedro se ha convertido así en un símbolo de cómo la rigidez administrativa puede chocar frontalmente con las necesidades reales de movilidad.
La polémica vuelve a golpear a la gestión autonómica
La oposición y varios sectores profesionales ya empiezan a señalar la responsabilidad de la Xunta por la falta de previsión y coordinación. Aunque el Gobierno gallego asegura que el problema está resuelto, la imagen de taxistas identificados pese a operar bajo autorización oficial ha generado un fuerte malestar.
En un contexto de creciente presión sobre infraestructuras y servicios públicos, el episodio deja una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿está preparada Galicia para gestionar situaciones excepcionales sin caer en el caos burocrático?

