Lo que millones de familias hacen cada semana podría no ser tan seguro como parecía. Un nuevo estudio liderado por investigadores españoles ha confirmado que los envases plásticos utilizados para conservar pescado en frigoríficos y congeladores transfieren sustancias químicas al alimento incluso a bajas temperaturas.
La investigación, desarrollada por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desmonta una de las creencias más extendidas sobre la conservación alimentaria: que el frío detiene prácticamente por completo la migración de compuestos químicos desde los envases hacia los alimentos.
El frigorífico no evita la contaminación química
Los resultados muestran que sustancias como los bisfenoles, plastificantes y otros aditivos presentes en envases alimentarios continúan migrando hacia el pescado durante los periodos de almacenamiento doméstico.
Aunque el proceso es más lento que cuando existe calor, los investigadores comprobaron que la transferencia se mantiene activa durante días e incluso semanas en condiciones normales de refrigeración y congelación.
Este hallazgo resulta especialmente relevante porque millones de consumidores almacenan pescado durante largos periodos antes de consumirlo.
El salmón acumula más sustancias químicas
El estudio analizó diferentes especies de pescado y observó comportamientos distintos según su composición nutricional.
Los pescados con mayor contenido graso, como el salmón, mostraron una mayor capacidad para acumular determinados compuestos lipofílicos presentes en los envases.
Por el contrario, especies con mayor contenido de agua, como la merluza, facilitaron una mayor migración de algunos tipos de bisfenoles.
Los investigadores concluyen que el riesgo no depende únicamente del envase utilizado, sino también de las características propias del alimento almacenado.

El bisfenol A sigue siendo una preocupación
Entre las sustancias detectadas, el Bisfenol A (BPA) continúa siendo uno de los compuestos que más inquietud genera entre la comunidad científica debido a sus posibles efectos como disruptor endocrino.
Numerosos estudios internacionales han relacionado la exposición prolongada a este tipo de sustancias con alteraciones hormonales, reproductivas y metabólicas.
La preocupación es especialmente elevada en grupos vulnerables como bebés, niños pequeños y mujeres embarazadas, cuya sensibilidad biológica es mayor.
Los sustitutos tampoco ofrecen todas las garantías
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que algunos compuestos desarrollados para sustituir sustancias controvertidas también presentaron niveles significativos de migración.
El caso más destacado fue el del DEHA (di(2-etilhexil) adipato), un plastificante utilizado como alternativa a otros materiales más cuestionados.
Los científicos advierten de que la sustitución de una sustancia por otra menos estudiada no implica automáticamente una mejora de la seguridad alimentaria.
Europa endurece las restricciones
Los resultados llegan en un momento clave para la regulación europea.
La Unión Europea ha iniciado un endurecimiento progresivo de las restricciones sobre los bisfenoles utilizados en materiales destinados al contacto con alimentos.
Estas medidas se apoyan en las evaluaciones realizadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que durante los últimos años ha reducido drásticamente los niveles de exposición considerados seguros para determinadas sustancias químicas.
Los envases compostables también generan dudas
La investigación introduce además un dato inesperado.
Algunos de los niveles más elevados de migración no procedían necesariamente de plásticos convencionales, sino de ciertos materiales catalogados como compostables o sostenibles.
Los expertos recuerdan que un producto respetuoso con el medio ambiente no siempre garantiza automáticamente una mayor seguridad alimentaria.
Por ello reclaman estudios más exhaustivos sobre los nuevos materiales que están llegando al mercado.
Un problema que va más allá del pescado
Los científicos insisten en que el pescado representa únicamente una pequeña parte de la exposición diaria a estas sustancias.
Los bisfenoles y otros aditivos están presentes en numerosos productos de consumo habitual, incluyendo:
- Envases alimentarios.
- Botellas reutilizables.
- Latas de conserva.
- Tickets térmicos.
- Productos plásticos de uso cotidiano.
Por ello cada vez cobra más importancia el concepto de exposición acumulativa, que evalúa el conjunto de contactos químicos que una persona experimenta a lo largo del día.
Hacia una nueva generación de envases
El estudio refuerza la necesidad de desarrollar materiales alimentarios más seguros.
Actualmente existen investigaciones centradas en envases elaborados con algas, celulosa, proteínas vegetales y biopolímeros, capaces de conservar los alimentos reduciendo la presencia de aditivos potencialmente problemáticos.
Los expertos consideran que la seguridad alimentaria del futuro dependerá tanto de la calidad del alimento como de los materiales utilizados para conservarlo.
La investigación del CSIC abre ahora un debate que afecta directamente a millones de hogares: ¿hasta qué punto son realmente seguros los envases que utilizamos cada día para conservar nuestros alimentos?

