Por primera vez en años, la Educación Secundaria Obligatoria pierde alumnos en España mientras la Formación Profesional bate récords. Según el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, en el curso 2024-2025 la matrícula de FP creció un 4,7% respecto al curso anterior, con 53.121 alumnos más, hasta alcanzar 1.188.901 estudiantes. El dato no es anecdótico: marca un cambio de fondo en cómo los jóvenes españoles, y sus familias, entienden el camino hacia el empleo.
Una etapa que crece mientras la secundaria obligatoria se contrae
La fotografía estadística del sistema educativo español está cambiando de forma. En el curso 2024-2025, la Educación Secundaria Obligatoria registró un descenso de 13.353 estudiantes (-0,6%), la primera caída en años, situando el alumnado total en 2.089.403 jóvenes. En paralelo, el Bachillerato sumó 12.582 estudiantes más (+1,8%), hasta los 704.256 matriculados, mientras la FP continuó su escalada: el Grado Medio alcanzó 470.096 estudiantes (+4,2%) y el Grado Superior, la opción más numerosa, llegó a 626.099 (+4,8%).
Este desplazamiento hacia la FP no es un fenómeno aislado: convive con una mejora histórica en la retención escolar. El abandono educativo temprano se situó en 2024 en su mínimo histórico, el 13%, frente al 21,9% registrado en 2014. Una década de descenso sostenido que coincide, no por casualidad, con la expansión de una vía formativa que ofrece salida laboral más rápida que el itinerario académico tradicional.
Por qué los jóvenes eligen FP: del estigma a la empleabilidad
Durante décadas, la FP cargó en España con una etiqueta de «segunda opción», reservada a quienes no podían seguir el camino del Bachillerato y la universidad. Esa percepción está cambiando, aunque no del todo. Según el Barómetro de la FP de CaixaBank Dualiza, el 68,7% de la población española tiene hoy una percepción muy o bastante positiva de la Formación Profesional, frente a solo un 8% que la valora negativamente.
Las razones que esgrimen los encuestados apuntan directamente al mercado laboral: el 76% considera que la FP facilita una inserción laboral rápida y el mismo porcentaje cree que contribuye al desarrollo profesional a largo plazo, mientras un 72% destaca su conexión con las necesidades reales de las empresas. Sin embargo, el estigma no ha desaparecido por completo: el barómetro identifica un perfil «detractor» correlacionado con niveles educativos e ingresos altos, con escaso contacto directo con la FP, más propenso a considerarla una opción elegida «por dificultades en los estudios previos» que por convicción. La propia investigación señala que ese reto «no es solo educativo, sino también cultural y social, ligado a prejuicios de clase que la sitúan como una opción ‘por descarte’ y no ‘por elección'».
Una de las palancas que más pesa en la decisión, según el barómetro, es la cercanía: el 74% de quienes han cursado FP la valoran muy positivamente, y ese porcentaje sube al 75% entre quienes tienen familiares que la cursaron. El conocimiento directo del sistema, más que la teoría, parece ser el mejor argumento a su favor.

Lo que dicen los números del empleo: dos velocidades distintas
Aquí es donde el debate FP-Bachillerato deja de ser una cuestión de prestigio y se convierte en una cuestión de empleabilidad medible. Según la Encuesta de Inserción Laboral del Ministerio de Educación, la tasa de afiliación al año de graduarse fue del 36,2% para los titulados de Grado Medio de la promoción 2020-2021, y del 51,1% para los de Grado Superior, con subidas de 6,5 y 9,8 puntos respectivamente respecto a la estadística anterior. La tendencia se consolida con el tiempo: en el segundo año esa tasa alcanza el 44,9% en Grado Medio, y en el tercero el 59%; en Grado Superior llega al 58,4% en el segundo año y al 63,5% en el tercero.
El factor que más distingue a unos titulados de otros es la modalidad dual, donde el alumno combina formación en el centro con trabajo remunerado en empresa. Tres de cada cuatro titulados en FP dual de Grado Medio están trabajando cuatro años después de graduarse, y casi el 34% accede al empleo desde el primer año. En Grado Superior dual, el 54,7% entra en el mercado laboral durante el primer año y cerca del 80% está trabajando cuatro años después.
Estos datos contrastan con la realidad del paro juvenil general en España, que sigue siendo de los más altos de la Unión Europea. Según Eurostat, la tasa de paro juvenil española para jóvenes de 15 a 24 años se situó en el 24,5% en el segundo trimestre de 2025, frente a una media comunitaria del 14,8%. El nivel formativo marca una diferencia decisiva dentro de ese dato agregado: en el primer trimestre de 2025, la tasa de paro de los jóvenes con el nivel de estudios más alto fue 16,2 puntos porcentuales inferior a la de quienes tienen un nivel de estudios bajo.
El espejo alemán y la paradoja de las vacantes sin cubrir
La comparación internacional ilustra hasta qué punto el modelo formativo condiciona el empleo juvenil. Mientras España mantiene una tasa de desempleo juvenil cercana al 24%, Alemania la ha reducido a niveles próximos al 6%, apoyada en un sistema dual —el Ausbildung— en el que la mitad de los estudiantes que terminan la educación obligatoria optan por la FP dual, un sistema que cada año forma a casi un millón y medio de jóvenes en más de 300 profesiones.
España, sin embargo, arrastra un desajuste que resulta paradójico en un contexto de paro juvenil elevado: faltan manos cualificadas. La industria española acumula más de 100.000 vacantes sin cubrir por falta de talento, mientras solo el 12,7% de los estudiantes cursa Formación Profesional industrial y apenas el 3,3% de las empresas participa en programas de FP dual. En el cuarto trimestre de 2024, el porcentaje de vacantes de difícil cobertura alcanzó el 44% en construcción, el 43,31% en servicios y el 39% en industria, según el Servicio Público de Empleo Estatal.
El problema no es solo de oferta formativa, sino de percepción. Los expertos consultados por el sector industrial coinciden en que la raíz está en una brecha vocacional alimentada por la imagen de la industria como un entorno «duro, sucio y masculinizado», lo que limita el relevo generacional precisamente en los oficios donde sobra demanda y falta candidatos.
Lo que viene: la reforma dual y el reto de la orientación
El Gobierno apuesta por acercar el modelo español al germano a través de la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional, que impulsa la modalidad dual como eje de la reforma. El reto no es menor: el 41% de la población española considera que la orientación hacia la FP es insuficiente, y más de la mitad afirma no haber recibido nunca información específica sobre esta opción formativa durante su etapa escolar. Los centros educativos siguen siendo, no obstante, la principal fuente de confianza para quienes sí la reciben.
A esto se suma una desigualdad en el acceso a ayudas: solo el 33,5% de los jóvenes de FP recibieron beca, frente al 36% de los de Bachillerato, una diferencia que penaliza precisamente a la vía formativa con mayor empleabilidad inmediata.
La opinión de El Vértice
El desplazamiento de miles de jóvenes españoles hacia la Formación Profesional no es una moda pasajera ni una derrota del Bachillerato: es la respuesta racional de una generación que ha aprendido, a golpe de paro juvenil estructural, a valorar la empleabilidad por encima del prestigio académico heredado. España necesita ambas vías —ni el país puede prescindir de sus universidades ni de sus técnicos— pero durante décadas ha tratado la FP como un destino de segunda, cuando los datos de inserción laboral, especialmente en la modalidad dual, dicen lo contrario. El verdadero fracaso no está en que cada vez más jóvenes elijan FP, sino en que España tarde tanto en dotar de prestigio, financiación y orientación a una vía que Alemania lleva décadas demostrando que funciona.
¿Seguirá el sistema educativo español orientando a sus alumnos por inercia, o empezará por fin a hacerlo por datos?

