Con la llegada de septiembre, los jardines pueden mostrar un aspecto menos vibrante tras el verano. Las altas temperaturas y la escasez de lluvias afectan a diversas especies. En este contexto, la poda se convierte en una actividad importante no solo por motivos estéticos, sino como medida para favorecer la recuperación de las plantas ante la llegada del frío.
Los expertos sugieren que la poda a finales de verano debe ser ligera y enfocada al mantenimiento, eliminando elementos como flores marchitas, ramas secas y brotes desordenados. Este tipo de poda busca evitar que las plantas continúen gastando energía en la producción de semillas y favorece el crecimiento de nuevos brotes o una segunda floración en especies que lo permiten.
Entre las plantas que se benefician de esta intervención se encuentran los rosales. Después de su primera floración, se recomienda cortar las rosas marchitas justo por encima de una hoja con cinco foliolos. Esto puede redirigir la energía hacia nuevos brotes, propiciando una segunda floración en otoño.
La lavanda también puede recibir un recorte ligero cuando sus espigas se han secado, limitándose a la parte verde para permitir que rebrote sin comprometer su estructura. Por otra parte, las variedades de salvia ornamental pueden rebajarse un tercio de su volumen, favoreciendo el crecimiento de nuevos tallos.
Para trepadoras como el jazmín y la buganvilla, se sugiere eliminar ramas excesivas y limpiar flores secas para controlar su crecimiento sin afectar la próxima floración. Las hortensias requieren un cuidado especial: bastará con retirar las inflorescencias marchitas, asegurándose de no dañar las yemas que formarán las flores del próximo año.
No todas las plantas deben ser podadas al finalizar el verano. Es recomendable no intervenir en árboles de hoja caduca y frutales, ya que la eliminación de parte de su copa puede causar estrés en la planta. Del mismo modo, se debe tener precaución con los coníferos, pues podarlos en exceso puede impedir su rebrote.
La forma y el momento de realizar la poda son cruciales. Se aconseja trabajar por la mañana o al atardecer cuando las temperaturas son más llevaderas. Es fundamental utilizar herramientas afiladas y desinfectadas para asegurar cortes limpios, lo que disminuye el riesgo de infecciones.
Los cortes deben realizarse por encima de una yema sana y en ángulo para facilitar el drenaje. Después de podar, un riego moderado ayudará a las plantas a sobrellevar el estrés. En plantas sensibles, aplicar un abono orgánico suave puede estimular el crecimiento de nuevos brotes.
Finalmente, se subraya que, ante cualquier duda, es preferible realizar una poda ligera en lugar de una drástica. Una intervención bien planificada puede asegurar un jardín saludable y equilibrado a medida que se acerca el otoño.

