La presidenta María Chivite prepara una crisis de Gobierno de gran calado con un objetivo claro: ganar tiempo y contener el desgaste político que amenaza con hacer descarrilar la legislatura en Navarra. Según fuentes políticas, el Ejecutivo foral se dispone a cesar al vicepresidente Félix Taberna y a la consejera Amparo López, en una maniobra que busca desvincular al Gobierno socialista del creciente escándalo de corrupción que rodea al PSOE navarro.
Una remodelación selectiva para proteger a los socios
La remodelación afectará exclusivamente a consejeros socialistas, mientras quedan intactos los cuatro consejeros de Geroa Bai y la consejera de Contigo Navarra, socios imprescindibles para mantener la mayoría parlamentaria. El mensaje político es claro: el coste de la crisis lo paga el PSOE, no el bloque que sostiene a Chivite en el poder.
Este movimiento evidencia la debilidad interna del Ejecutivo y la dependencia absoluta de Chivite de sus aliados nacionalistas y de izquierda radical para sobrevivir políticamente.
Félix Taberna, de hombre fuerte a cabeza de turco
El cese de Félix Taberna resulta especialmente significativo. Vicepresidente primero y apuesta personal de Chivite, Taberna había sido elevado a los puestos clave del Gobierno tras ejercer como asesor de máxima confianza durante la primera legislatura.
Aunque durante semanas se habló de una posible dimisión pactada, finalmente se ha optado por un cese fulminante, una decisión que revela tensión interna y pérdida de confianza en uno de los hombres más influyentes del Ejecutivo.
Amparo López, otra víctima del terremoto político
Junto a Taberna, también está en la rampa de salida Amparo López, consejera de Presidencia, Justicia e Interior. Su salida confirmaría que la crisis no es cosmética, sino un intento desesperado de Chivite por escenificar un “cambio de etapa” ante la opinión pública.
Fuentes internas no descartan que la remodelación sea aún más profunda, con más relevos si la presión mediática y judicial continúa aumentando.
El origen real: corrupción y nerviosismo en el PSOE
Aunque desde el Palacio de Navarra se intenta presentar la crisis como una simple “reorganización para mejorar la gestión”, el detonante es otro muy distinto: los presuntos casos de corrupción que salpican al entorno más cercano de Chivite.
Las investigaciones sobre Santos Cerdán, figura clave del socialismo navarro y nacional, y sobre Ramón Alzórriz, hasta hace poco mano derecha de la presidenta, han provocado un terremoto político. Especialmente grave resulta la presunta trama de adjudicaciones irregulares de obras públicas en Navarra, que ha colocado al Gobierno foral en el punto de mira.
Chivite, acorralada y en modo supervivencia
La presidenta navarra aparece visiblemente debilitada, tratando ahora de renegar de su antiguo mentor político y de marcar distancias con un PSOE cada vez más cercado por los escándalos. La estrategia es evidente: sacrificar nombres propios para salvar el proyecto político.
Sin embargo, la pregunta sigue en el aire:
¿bastará con cesar a dos consejeros para tapar una crisis que tiene raíces mucho más profundas?
Un Gobierno que intenta aguantar a cualquier precio
La maniobra de Chivite no responde a una mejora de la gestión, sino a una lógica de supervivencia política. El Ejecutivo de Navarra intenta aguantar como sea, aunque el precio sea reconocer implícitamente que algo huele mal en el corazón del poder socialista.
La legislatura entra así en una fase crítica, marcada por la desconfianza, la presión judicial y un Gobierno que parece más preocupado por salvarse a sí mismo que por ofrecer explicaciones claras a los navarros.

