La víctima recibió inicialmente pequeños pagos por dar «me gusta» a productos en redes sociales, pero los supuestos empleadores acabaron exigiéndole transferencias para desbloquear unas ganancias que nunca llegaron.
Lo que comenzó como una sencilla oportunidad de ganar dinero desde casa terminó con una mujer de Pontevedra perdiendo 1.900 euros. La Guardia Civil ha identificado a dos personas, con domicilios en Alicante y Barcelona, como presuntos autores de una modalidad de fraude conocida como la «estafa de los likes».
El mecanismo es sencillo y precisamente por eso puede resultar convincente: una falsa oferta de trabajo, pequeñas cantidades de dinero para generar confianza y, cuando la víctima ya está implicada, nuevas exigencias económicas bajo la promesa de obtener mayores beneficios.
Así comienza la estafa de los «likes»
Según la investigación de la Guardia Civil, todo comenzó con un mensaje recibido a través de una aplicación de mensajería instantánea.
La persona que contactó con la víctima se presentó como responsable de contratación de una conocida empresa del sector de la cosmética.
La supuesta oferta consistía en realizar acciones promocionales sobre determinados productos a cambio de una remuneración económica.
Entre las tareas figuraba algo aparentemente tan sencillo como dar «me gusta» a publicaciones en redes sociales.
La propuesta podía parecer atractiva porque no exigía una actividad especialmente compleja. La remuneración, además, supuestamente dependía del número de objetivos alcanzados.
Pero había una segunda fase.
El pequeño pago que hace creíble el fraude
Uno de los elementos utilizados en esta modalidad de estafa es la entrega inicial de pequeñas cantidades de dinero.
La víctima llegó a recibir pagos después de realizar las primeras tareas.
Ese detalle contribuyó a reforzar la apariencia de legitimidad de la oferta. La persona que participa en el supuesto trabajo comprueba que efectivamente recibe dinero y puede interpretar que se encuentra ante una actividad real.
Posteriormente, los responsables trasladaron la comunicación a otra plataforma y la incorporaron a un grupo donde continuó recibiendo nuevas tareas.
Fue entonces cuando el funcionamiento del supuesto empleo cambió.
De cobrar por trabajar a pagar para cobrar
Los interlocutores indicaron a la víctima que, para continuar obteniendo las supuestas comisiones, debía realizar determinados envíos de dinero.
La mujer efectuó inicialmente dos pagos:
- 150 euros.
- 390 euros.
La cantidad exigida aumentó posteriormente.
Los responsables le indicaron que debía registrarse en una página web para poder retirar las supuestas ganancias acumuladas.
Pero antes de acceder al dinero le reclamaron un nuevo ingreso de 1.360 euros, que la víctima realizó mediante dos transferencias.
La suma de todas las cantidades entregadas alcanzó finalmente los 1.900 euros.
La víctima descubrió que no podía recuperar el dinero
Después de realizar el último pago, la mujer comenzó a sospechar que podía estar siendo víctima de una estafa.
Solicitó entonces que le devolvieran las cantidades entregadas.
La respuesta confirmó sus sospechas: dejó de recibir contestación de sus interlocutores.
La supuesta actividad laboral había desaparecido y las ganancias prometidas tampoco llegaron.
Fue entonces cuando la víctima comprobó que había sido engañada y presentó la correspondiente denuncia.
La Guardia Civil reconstruye el recorrido del dinero
Tras recibir la denuncia, los investigadores analizaron diferentes elementos relacionados con el fraude.
Entre ellos se encontraban:
- Las comunicaciones mantenidas con los responsables.
- La documentación aportada por la víctima.
- Los movimientos económicos relacionados con los pagos.
- La relación entre las diferentes operaciones realizadas durante el fraude.
Las gestiones de trazabilidad permitieron reconstruir el procedimiento utilizado y establecer la relación entre los distintos pagos.
La investigación terminó permitiendo identificar a dos presuntos autores, con domicilios en Alicante y Barcelona.
El caso llega a la autoridad judicial
Las diligencias policiales fueron remitidas a la autoridad judicial competente de O Porriño, donde continúa el procedimiento correspondiente.
La identificación de los sospechosos no equivale a una condena: se trata de presuntos autores y serán las autoridades judiciales las encargadas de determinar las responsabilidades que correspondan.
Cómo funciona la «estafa de los likes»
El caso investigado en Pontevedra muestra las diferentes fases que puede seguir este tipo de fraude:
- Contacto inicial: la víctima recibe una supuesta oferta de trabajo a través de mensajería.
- Tareas sencillas: se le pide realizar acciones como dar «me gusta» a determinados contenidos.
- Primeros pagos: recibe pequeñas cantidades para reforzar la sensación de legitimidad.
- Cambio de dinámica: los estafadores trasladan la conversación a otra plataforma y aumentan las tareas.
- Exigencia de dinero: se pide a la víctima que realice transferencias para continuar obteniendo comisiones.
- Promesa de ganancias: se asegura que los pagos permitirán desbloquear cantidades mayores.
- Desaparición: cuando la víctima reclama su dinero, los interlocutores dejan de responder.
El elemento clave es que la víctima no empieza perdiendo dinero. Primero recibe pequeñas cantidades que ayudan a generar confianza. El fraude aparece después, cuando se introduce la obligación de realizar pagos cada vez mayores.
Una falsa oferta de trabajo como puerta de entrada
La investigación de la Guardia Civil muestra también cómo las redes sociales y las aplicaciones de mensajería pueden utilizarse como herramienta de captación.
La supuesta actividad laboral presentada a la víctima era sencilla y aparentemente accesible. Sin embargo, la condición de tener que pagar dinero para poder seguir cobrando debía convertirse en una señal de alerta.
En un empleo legítimo, el trabajador recibe una remuneración por realizar su trabajo. Cuando una supuesta empresa comienza a exigir transferencias para desbloquear comisiones o acceder a ganancias, el planteamiento cambia completamente.
El caso de Pontevedra terminó con 1.900 euros perdidos y una investigación policial que ha permitido identificar a dos personas como presuntos responsables.


