Los ataques contra bicicletas de alquiler vuelven a poner bajo presión a un sector que ya afronta cierres, pérdida de empleo y una fuerte competencia de Valenbisi.
Pinchazos, daños y acciones contra bicicletas utilizadas por turistas han convertido al alquiler ciclista en otro frente del conflicto por el modelo turístico de València. Mientras las empresas reclaman protección, el sector afronta además una caída de la demanda y acusa al sistema público de bicicleta de agravar su situación.
Bicicletas de alquiler, en el centro del conflicto turístico
El sabotaje de bicicletas de alquiler no es un fenómeno completamente nuevo en València. Ya en 2024 varias empresas denunciaron una quincena de ataques, principalmente en Russafa, con chinchetas, ruedas rajadas y pegatinas con mensajes como «tourist go home».
Aquellos episodios afectaron a empresas como Valencia Bikes y Doyoubike, entre otras. Las compañías denunciaron entonces que sus vehículos estaban siendo utilizados como objetivo de acciones relacionadas con el rechazo a determinadas consecuencias del turismo.
Los empresarios también advertían de una cuestión que sigue siendo relevante: los daños no los sufren únicamente los turistas que utilizan las bicicletas, sino las empresas valencianas que tienen que reparar o retirar los vehículos afectados.
El problema llega a un sector que ya está debilitado
El sabotaje aparece además en un momento delicado para el alquiler privado de bicicletas.
Según el informe sectorial difundido por ASCITUR, el 100 % de las empresas encuestadas registró una caída de la demanda durante 2025. La asociación cifra en 10 los establecimientos cerrados y 24 los puestos de trabajo perdidos durante ese año.
Las previsiones tampoco eran tranquilizadoras: el 23 % de las empresas consultadas afirmaba que preveía cerrar establecimientos durante 2026, mientras otro 31 % no tenía claro si podría mantener su actividad. La extrapolación realizada por la asociación situaba en hasta 17 los establecimientos que podrían desaparecer o quedar en riesgo entre 2025 y 2026.
Estos datos proceden de una organización sectorial y, por tanto, describen la percepción y situación comunicada por las empresas asociadas, no una estadística oficial de todo el mercado valenciano.
Valenbisi y el debate sobre la competencia
Uno de los principales puntos de fricción entre las empresas privadas y la Administración es el denominado Day Ticket de Valenbisi, que permite utilizar el sistema público durante 24 horas por 3,99 euros.
ASCITUR sostiene que este producto ha provocado una sustitución de parte del alquiler privado de corta duración, especialmente entre turistas y visitantes. En su encuesta sectorial, el 77 % de las empresas considera que el modelo actual genera una distorsión competitiva.
La asociación reclama revisar la convivencia entre el sistema público y las empresas privadas.
El Ayuntamiento, por su parte, defiende el servicio público como una herramienta de movilidad y ha mantenido el debate sobre el funcionamiento del abono diario.
Por tanto, hay dos cuestiones diferentes que no deben confundirse: una es el vandalismo contra bicicletas y otra la competencia económica entre Valenbisi y las empresas privadas.
El pequeño comercio paga también los daños
Cuando una bicicleta es inutilizada por un pinchazo provocado, una rueda rajada o cualquier otro daño deliberado, el impacto económico no termina en el usuario.
La empresa debe recuperar el vehículo, repararlo, sustituir componentes y volver a incorporarlo a su flota. Si los ataques se repiten, aumenta además el tiempo durante el cual esas bicicletas dejan de generar ingresos.
En un negocio basado en una flota relativamente pequeña y una elevada rotación de alquileres, una bicicleta parada supone también una pérdida de capacidad comercial.
El problema se agrava para los establecimientos que combinan alquiler con venta, reparación y rutas turísticas, porque cualquier reducción de actividad afecta a varias líneas de negocio.
El antecedente de las pegatinas y los pinchazos
Los ataques documentados en 2024 muestran hasta qué punto las bicicletas se convirtieron entonces en un símbolo del enfrentamiento alrededor del turismo.
Las empresas afectadas denunciaron chinchetas colocadas en las ruedas, neumáticos rajados y pegatinas. En algunos casos aparecía el mensaje «tourist go home».
Los responsables de las compañías intentaron diferenciar entre la protesta vecinal contra determinados efectos de la masificación turística y los ataques contra sus negocios.
La preocupación empresarial era clara: una reivindicación contra el turismo puede terminar afectando a trabajadores y pequeños empresarios que dependen precisamente de los visitantes.
València ya sufrió una primera crisis del sector
El alquiler de bicicletas vivió una fuerte expansión en València durante la década pasada.
En 2024, empresarios del sector estimaban que existían entre 30 y 40 empresas especializadas y alrededor de un centenar de tiendas vinculadas a la actividad, según las estimaciones recogidas entonces por medios locales.
Pero el crecimiento también generó una fuerte competencia.
La pandemia provocó posteriormente el cierre de numerosos establecimientos y, tras la recuperación del turismo, el mercado volvió a crecer hasta alcanzar nuevos niveles de competencia.
Uno de los empresarios citados entonces por Levante-EMV advertía de que el sector estaba llegando a un punto de saturación.
El turismo neerlandés y belga, un mercado clave
Las empresas valencianas de cicloturismo han dependido históricamente en buena medida del visitante extranjero.
En 2024, los empresarios señalaban especialmente a los turistas procedentes de Países Bajos y Bélgica, dos mercados con una fuerte cultura ciclista y una demanda elevada de este tipo de servicio.
Eso explica por qué los ataques con mensajes contra los turistas tienen una dimensión económica que va más allá de una bicicleta dañada.
El visitante que utiliza un vehículo de alquiler genera actividad en la empresa que lo proporciona, pero también puede consumir en restaurantes, comercios, alojamientos, museos y otros servicios.
La bicicleta como símbolo de la transformación turística
La bicicleta tiene además una particularidad: forma parte de la imagen de València como ciudad orientada hacia la movilidad sostenible.
La ciudad fue Capital Verde Europea, y la promoción de la bicicleta se ha convertido en uno de los elementos habituales de su estrategia de movilidad y turismo.
Esto genera una paradoja.
Por un lado, se impulsa la bicicleta como alternativa sostenible al automóvil. Por otro, las empresas privadas especializadas en el alquiler turístico denuncian que su actividad se encuentra cada vez más presionada.
ASCITUR afirma que sus asociados quieren mantener una actividad compatible con la movilidad sostenible, pero reclaman un equilibrio entre el sistema público y el privado.
El conflicto por el turismo no justifica dañar negocios
Las protestas contra determinados efectos del turismo pueden formar parte del debate público, pero el daño deliberado a bienes ajenos es una cuestión diferente.
Una bicicleta de alquiler pertenece a una empresa. Rajar una rueda o inutilizar el vehículo no modifica por sí mismo el número de turistas que recibe la ciudad, pero sí genera un coste concreto para quien desarrolla legalmente una actividad económica.
Ese coste puede acabar repercutiendo en los precios, en la renovación de las bicicletas, en el empleo o incluso en la continuidad del establecimiento.
En 2024, los empresarios afectados ya advertían de que la presión contra los símbolos turísticos podía terminar perjudicando a negocios locales.
Un sector atrapado entre dos problemas
Las empresas privadas de alquiler se encuentran así ante una doble presión.
Por un lado, los actos vandálicos y el rechazo a determinadas formas de turismo afectan directamente a sus vehículos y a su imagen.
Por otro, el propio sector sostiene que el Day Ticket de Valenbisi, al ofrecer una alternativa pública de bajo coste, está reduciendo parte de su mercado.
ASCITUR asegura que esta combinación está provocando cierres y pérdida de empleo.
El Ayuntamiento y la asociación empresarial mantienen, por tanto, posiciones diferentes sobre cómo debe organizarse el mercado.
¿Qué está en juego para los negocios de bicicletas?
El debate no afecta únicamente a quienes alquilan bicicletas.
En torno a estas empresas existe un pequeño ecosistema formado por talleres, trabajadores, comercios especializados, guías turísticos, proveedores y servicios relacionados con la movilidad.
Si desaparecen establecimientos, también se reduce esa red de actividad económica.
El sector privado sostiene además que sus trabajadores proporcionan a los visitantes información sobre rutas, normativa de circulación y comportamiento en la vía pública, una función que consideran parte de su servicio.
El Ayuntamiento afronta el debate sobre el modelo
La discusión sobre el alquiler de bicicletas se integra en un debate mucho más amplio sobre el modelo de ciudad.
València intenta combinar:
- Movilidad sostenible.
- Uso de la bicicleta por residentes.
- Turismo urbano.
- Actividad económica local.
- Protección del espacio público.
- Convivencia entre visitantes y vecinos.
- Competencia entre servicios públicos y empresas privadas.
La dificultad está en encontrar un equilibrio que permita desarrollar la movilidad ciclista sin que el crecimiento de una modalidad termine expulsando a otras actividades económicas.
ASCITUR ha reclamado diálogo con el Ayuntamiento y con los responsables turísticos para revisar los efectos del modelo actual.
El riesgo de convertir la bicicleta en otro campo de batalla
El caso de las bicicletas de alquiler refleja una cuestión que va más allá de las dos ruedas.
València está viviendo una discusión sobre qué cantidad de turismo puede absorber la ciudad, cómo debe distribuirse la actividad económica y quién debe asumir los costes de la transformación urbana.
Los ataques contra bicicletas convierten un conflicto político y social en un problema para empresas concretas.
Y la caída de la demanda y los cierres denunciados por el sector añaden otra dimensión: la transición hacia una movilidad más sostenible también necesita ser económicamente sostenible para quienes trabajan en ella.
Un problema que exige distinguir entre protesta y vandalismo
El debate sobre el turismo en València seguirá abierto. También lo estará la discusión sobre Valenbisi, el Day Ticket y la relación entre movilidad pública y empresas privadas.
Pero hay una frontera clara.
Criticar el modelo turístico forma parte del debate ciudadano; sabotear una bicicleta ajena genera un perjuicio económico directo.
Para los pequeños negocios del sector, la cuestión ya no es solamente cuántos turistas llegan a València. También es si podrán mantener abiertas sus tiendas, conservar sus empleos y seguir ofreciendo un servicio en una ciudad que ha convertido la bicicleta en uno de sus principales símbolos de movilidad sostenible.


