El duque de Sussex ha relatado que sufrió depresión y episodios de ansiedad durante una etapa especialmente difícil de su vida. También ha hablado del duelo por la muerte de Diana y de años intentando gestionar una pérdida que, según reconoce, nunca supo afrontar de niño.
Harry rompe su silencio sobre la salud mental tras abandonar la familia real
El príncipe Harry ha vuelto a hablar públicamente de uno de los periodos más complicados de su vida. Durante una intervención en la sesión Redefining Grief: Building Resilience Through Loss, una clase magistral sobre duelo y resiliencia junto a la neurocientífica Mary-Frances O’Connor, el duque de Sussex describió los problemas emocionales que experimentó después de alejarse de sus funciones dentro de la familia real británica.
Según el relato publicado por OKDIARIO el 9 de octubre de 2026, Harry explicó que, tras años viviendo bajo una intensa presión, experimentó una caída repentina de adrenalina que asoció con el inicio de una depresión. También recordó que los compromisos públicos llegaron a provocarle ataques de pánico y una sensación de asfixia.
El testimonio ofrece una perspectiva personal sobre el coste emocional que, según sus propias palabras, tuvo aquella etapa. También devuelve al centro del debate la salud mental de los miembros de las familias reales, sometidos a una exposición pública constante y a expectativas institucionales difíciles de separar de su vida privada.
«Me sentía completamente asfixiado»: la presión de los actos públicos
Harry describió cómo tareas aparentemente cotidianas, como vestirse para acudir a un compromiso oficial, podían convertirse en una experiencia angustiosa. El duque explicó que ponerse el traje, la chaqueta y la corbata le hacía sentir que se ahogaba.
En su relato, el cambio se produjo después de años en los que, según dijo, su cuerpo había estado sometido a niveles elevados de adrenalina. La caída posterior le resultó desconocida y coincidió con un periodo de depresión.
Sus palabras dibujan una experiencia de sufrimiento que contrasta con la imagen de privilegio asociada a la familia real británica. Sin embargo, el propio Harry subrayó que disponer de recursos materiales o pertenecer a una institución poderosa no elimina necesariamente el dolor psicológico.
Su testimonio no permite generalizar sobre la salud mental de otros miembros de la familia real ni establecer un diagnóstico independiente. Sí muestra cómo el propio príncipe interpreta una etapa marcada por la ansiedad, la presión pública y la dificultad para gestionar sus emociones.
La intervención también pone de relieve una cuestión más amplia: la posición social no inmuniza frente a los problemas de salud mental, aunque pueda ofrecer recursos que no están al alcance de todas las personas.
La muerte de Diana marcó su infancia y su relación con el duelo
En la misma conversación, Harry volvió sobre la muerte de su madre, la princesa Diana, fallecida el 31 de agosto de 1997 en un accidente de tráfico en París. El príncipe tenía 12 años cuando recibió la noticia.
Harry recordó que no lloró cuando le comunicaron la muerte y que solo lo hizo durante el funeral. Según explicó, después pasó casi dos décadas sin volver a llorar por ella.
El duque afirmó que, pese a crecer rodeado de personal y recursos, no encontró un espacio en el que expresar el dolor que sentía. En su relato, nadie le enseñó cómo afrontar la pérdida ni le hizo sentir que podía derrumbarse emocionalmente.
La experiencia que describe revela la distancia que puede existir entre recibir apoyo material y disponer de acompañamiento emocional. La infancia de Harry transcurrió bajo una atención mediática extraordinaria, pero esa exposición no significa que sus sentimientos fueran más fáciles de comprender o gestionar.
La muerte de Diana se convirtió en uno de los acontecimientos más traumáticos de su vida y continúa ocupando un lugar central en su relato personal. Casi tres décadas después, el príncipe vuelve a explicar cómo aquella pérdida influyó en su manera de relacionarse con el dolor.
Años intentando silenciar el dolor y la culpa
Harry también habló de las estrategias que utilizó durante años para intentar apartar el sufrimiento. Según su testimonio, recurrió a las fiestas, las relaciones sentimentales y otras experiencias, además de encontrar en el Ejército una posible vía para recuperar el control mediante la disciplina.
Con el tiempo, sin embargo, asegura que empezó a experimentar culpa ante la posibilidad de ser feliz sin su madre. La sensación de avanzar con su propia vida le resultaba, según explicó, una forma de deslealtad hacia Diana.
El príncipe describió cómo llegó a intentar apagar sus emociones y recuerdos para reducir el dolor. En su relato, ese distanciamiento emocional terminó dificultando incluso el recuerdo de la imagen y la voz de su madre.
Sus declaraciones no presentan una solución sencilla al duelo. Más bien describen un proceso prolongado en el que el intento de evitar el sufrimiento no consiguió eliminarlo.
La intervención junto a Mary-Frances O’Connor, especialista en neurociencia del duelo, sitúa estas experiencias en una conversación más amplia sobre la pérdida y la resiliencia. No obstante, el relato de Harry sigue siendo un testimonio personal: no debe confundirse con una evaluación clínica independiente de su estado de salud.
La vida fuera de la monarquía y el coste de empezar de nuevo
La decisión de Harry y Meghan Markle de apartarse de sus funciones como miembros sénior de la familia real británica en 2020 supuso un cambio profundo en su vida pública. La pareja dejó de desempeñar sus obligaciones reales habituales y comenzó una nueva etapa fuera de la estructura institucional de la monarquía.
El distanciamiento estuvo acompañado de una intensa atención mediática, desacuerdos públicos y tensiones familiares que ambos han abordado en distintas ocasiones. La experiencia que Harry describe ahora añade otra dimensión a ese periodo: la manera en que vivió personalmente la transición y las dificultades emocionales que afirma haber atravesado.
Es importante distinguir entre los hechos públicos y la interpretación personal del príncipe. Su intervención permite conocer cómo recuerda aquella etapa, pero no demuestra por sí sola que su salida de la familia real fuera la única causa de sus problemas psicológicos.
Tampoco debe reducirse su testimonio a una disputa entre los Sussex y la monarquía. La conversación se centra en el duelo, la ansiedad y las dificultades para expresar emociones, cuestiones que pueden afectar a personas de cualquier entorno social.
Un testimonio que vuelve a poner el foco en la salud mental
Las declaraciones del príncipe Harry muestran que el sufrimiento psicológico puede prolongarse durante años y adoptar distintas formas. En su caso, relaciona la muerte de Diana, la dificultad para procesar la pérdida y la presión de la vida pública con algunos de los momentos más difíciles de su trayectoria.
Su relato también plantea una pregunta sobre la educación emocional durante la infancia: ¿qué ocurre cuando un niño aprende a soportar el dolor, pero no encuentra herramientas para expresarlo?
Harry ha explicado que durante años no supo dónde colocar sus sentimientos y que llegó a considerar la desconexión emocional como una forma de protegerse. Al hablar ahora de esas experiencias, ofrece una visión más íntima de una vida que, desde fuera, suele interpretarse a través del privilegio, los títulos y los conflictos de la familia real.
Más allá de las controversias que rodean a los Sussex, su testimonio invita a separar la imagen pública de una persona de sus vivencias privadas. La pertenencia a una familia real puede ofrecer recursos y protección institucional, pero no elimina la vulnerabilidad emocional.
Las palabras del príncipe no cierran el debate sobre su relación con la monarquía ni sobre las decisiones que marcaron su vida. Sí dejan un mensaje claro desde su propia experiencia: el duelo que no se expresa no desaparece necesariamente con el paso del tiempo.


