Los disturbios contra un acto de Vito Quiles, finalmente cancelado, dejaron coches y contenedores incendiados, comercios saqueados y 19 detenidos, siete de ellos menores.
Bilbao vivió este lunes una tarde de graves altercados que terminó con vehículos en llamas, ataques contra agentes y saqueos en establecimientos comerciales. La Ertzaintza detuvo a 19 personas e investiga a otras tres después de una jornada de protestas contra un acto del comunicador Vito Quiles que ni siquiera llegó a celebrarse.
Los incidentes se produjeron tras una concentración de varios miles de personas frente a la Universidad de Deusto. Aunque la convocatoria tenía como objetivo impedir la intervención de Quiles, los enfrentamientos y actos vandálicos continuaron después de que se anunciara la cancelación del encuentro por motivos de seguridad.
El balance deja una cuestión de fondo: la protesta política no ampara la quema de vehículos, los ataques a la Policía ni el saqueo de negocios. Los daños sufridos por la ciudad y sus comerciantes han convertido una movilización de rechazo en un grave problema de seguridad pública.
19 detenidos y tres investigados por los disturbios
La Ertzaintza confirmó el balance definitivo de 19 detenidos y otras tres personas investigadas por los altercados registrados en la capital vizcaína. Entre los arrestados hay siete menores de edad, según el comunicado oficial de la policía autonómica publicado el 26 de octubre.
Los agentes investigan los hechos para determinar la participación de los implicados en los incendios, los daños materiales y los ataques registrados durante la tarde y la noche.
El balance policial refleja la gravedad de una jornada en la que los incidentes se extendieron desde las inmediaciones de la Universidad de Deusto hasta otras zonas de Bilbao. La actuación de los grupos violentos obligó a intervenir a la Ertzaintza y dejó numerosos desperfectos en el mobiliario urbano y en establecimientos comerciales.
La investigación deberá concretar las responsabilidades individuales. La participación en una protesta, por sí sola, no implica responsabilidad por los delitos que pudieran haber cometido otras personas durante los altercados.
Coches incendiados, contenedores en llamas y comercios asaltados
Tras la concentración inicial, varios cientos de personas se desplazaron por el barrio de Deusto y otras calles de la ciudad. Según la información difundida por RTVE y Europa Press, durante los disturbios se registraron incendios de vehículos y contenedores, lanzamiento de piedras contra agentes y asaltos a comercios.
Entre los episodios más graves figura el ataque contra una motocicleta de la Policía Municipal, que fue incendiada. También se prendió fuego a contenedores colocados en la calzada y se produjeron daños en vehículos particulares.
Los incidentes se extendieron posteriormente hacia la plaza de Euskadi y el centro de Bilbao, donde ardieron más vehículos y contenedores. Las imágenes difundidas durante la noche mostraron columnas de humo, mobiliario urbano dañado y calles afectadas por los enfrentamientos.
El consejero vasco de Seguridad, Bingen Zupiria, destacó la gravedad de los hechos y denunció los incendios, el ataque contra el vehículo policial y los saqueos. A su juicio, los altercados presentaban características preocupantes por su intensidad y por la aparente preparación de algunas actuaciones.
Los daños afectan no solo a los bienes públicos, sino también a los propietarios de vehículos y a comerciantes que tuvieron que afrontar desperfectos y la pérdida de mercancía. El alcance económico total de los destrozos no había sido cuantificado en las primeras informaciones.
Vito Quiles canceló su acto por motivos de seguridad
El origen de la jornada estuvo en el acto que Vito Quiles tenía previsto celebrar a las 19:00 horas en Bilbao. La convocatoria provocó movilizaciones de colectivos contrarios a su presencia, que rechazaban sus posiciones y su actividad pública.
Quiles anunció la cancelación aproximadamente media hora antes de la hora prevista. Según explicó en sus redes sociales, tomó la decisión después de recibir advertencias sobre el riesgo de incidentes y para evitar poner en peligro a los asistentes.
La suspensión no consiguió evitar los altercados posteriores. Una vez disuelta la concentración inicial, los incidentes continuaron en distintos puntos de la ciudad.
La Universidad de Deusto había optado por suspender la actividad académica de la tarde y cerrar preventivamente el campus, ante la previsión de posibles problemas de seguridad. La decisión buscaba evitar que la tensión en el exterior afectara a estudiantes y trabajadores del centro.
El caso plantea una cuestión importante sobre la convivencia democrática: las manifestaciones contra una persona o unas ideas forman parte de la libertad de expresión, pero no justifican impedir por la fuerza un acto ni causar daños a terceros.
Una primera protesta estudiantil y otra concentración multitudinaria
Los disturbios estuvieron precedidos por varias movilizaciones. A mediodía, alrededor de 2 000 estudiantes se manifestaron por el centro de Bilbao contra la visita de Quiles. Por la tarde, varios miles de personas acudieron a la concentración convocada en las inmediaciones de la Universidad de Deusto.
Los organizadores y participantes contrarios a Quiles justificaban su rechazo por el contenido de sus intervenciones y por considerar que sus mensajes contribuyen a normalizar posiciones que califican de extremistas. Las convocatorias se presentaron como una protesta antifascista.
Sin embargo, la violencia posterior obliga a distinguir entre quienes participaron pacíficamente en las movilizaciones y quienes presuntamente cometieron actos delictivos. No todos los asistentes a una protesta pueden ser considerados responsables de los disturbios.
La Ertzaintza deberá identificar a los autores de cada conducta y aportar las pruebas correspondientes para que las autoridades judiciales determinen las responsabilidades que procedan.
El lehendakari y el alcalde condenan los ataques
Las reacciones políticas fueron inmediatas. El lehendakari, Imanol Pradales, expresó su «profunda preocupación» por unos hechos que calificó de intolerables e inaceptables. También reclamó que cesen este tipo de comportamientos violentos.
Por su parte, el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, calificó de «espeluznantes» los altercados y condenó los ataques contra comercios, vehículos y mobiliario urbano. El regidor mostró su solidaridad con los comerciantes afectados y con los vecinos que sufrieron las consecuencias de la violencia.
Aburto rechazó además que quienes protagonizaron los ataques puedan presentarse como defensores de la libertad mediante la destrucción de bienes ajenos. Su mensaje incidió en que el vandalismo no representa una forma legítima de protesta política.
Desde el Gobierno vasco, Zupiria advirtió de que los incidentes recordaban a movimientos violentos observados en otras partes de Europa. El consejero manifestó su preocupación por la posibilidad de que se reproduzcan dinámicas de enfrentamiento callejero que Euskadi consideraba superadas.
EH Bildu también rechaza los altercados
La portavoz de EH Bildu en el Ayuntamiento de Bilbao, María del Río Pereda, trasladó el rechazo de la coalición a los incidentes y defendió las respuestas populares pacíficas y democráticas.
La condena resulta relevante en un contexto en el que las distintas fuerzas políticas han mantenido posiciones enfrentadas sobre la presencia de Quiles y sobre el contenido de sus intervenciones. La oposición a un acto público no implica necesariamente respaldo a los actos violentos que puedan producirse alrededor de él.
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, también condenó los disturbios y los describió como un intento de intimidación política. Su valoración se enmarca en la disputa partidista sobre el orden público y la respuesta institucional frente a los grupos violentos.
Las distintas reacciones coinciden en el rechazo a los daños, aunque difieren en el análisis político de lo sucedido y en las responsabilidades que atribuyen a los movimientos implicados.
Bilbao, después de los graves disturbios registrados en Barcelona
Los altercados de Bilbao se produjeron apenas dos días después de los graves disturbios registrados en Barcelona, donde fueron detenidas 128 personas, según la información difundida por RTVE. Ambos episodios han reabierto el debate sobre la organización de protestas, la movilización a través de redes sociales y la actuación de grupos que recurren a la violencia.
RTVE ha informado de que parte de las convocatorias vinculadas a los disturbios recientes se difunden en canales digitales asociados al movimiento denominado Blocus, palabra francesa que significa «bloqueo». En esos espacios se comparten instrucciones sobre la organización de las movilizaciones y el material que algunos participantes pueden llevar.
No obstante, la existencia de esos canales no demuestra por sí sola que todos los incidentes respondan a una dirección coordinada común. Para establecer posibles vínculos organizativos entre los sucesos de distintas ciudades se necesitan pruebas y resultados de las investigaciones policiales.
La repetición de episodios violentos sí plantea un reto para las autoridades: garantizar el derecho de reunión, proteger a los participantes pacíficos y actuar contra quienes recurren a incendios, saqueos o agresiones.
La libertad de expresión no ampara la violencia
El caso de Bilbao enfrenta dos derechos que deben protegerse simultáneamente: la libertad de expresión y manifestación, y la seguridad de los ciudadanos y sus bienes.
Los colectivos contrarios a Quiles podían expresar su rechazo a la convocatoria y criticar públicamente sus ideas. Del mismo modo, la celebración de un acto público debe poder desarrollarse dentro de los límites legales y con las medidas de seguridad necesarias.
Lo que no queda amparado por la protesta pacífica es incendiar vehículos, lanzar objetos contra agentes o saquear establecimientos. Esas conductas deben investigarse individualmente y, si existen pruebas suficientes, dar lugar a las consecuencias legales correspondientes.
La cancelación del acto no evitó los incidentes y dejó a la ciudad con daños materiales y numerosos detenidos. La investigación de la Ertzaintza deberá aclarar quiénes participaron en los hechos y qué responsabilidades corresponden a cada persona.
La pregunta que queda abierta es cómo impedir que una convocatoria política termine convertida en una noche de violencia, sin restringir por ello el derecho de los ciudadanos a manifestarse pacíficamente.


